LEA GOLDBERG


























Königsberg-Alemania 1911-Jerusalén-Israel, 1970


ENTONCES ¿QUÉ?

Desde hace tiempo
nadie me espera allá.
Y si no existe el mar,
¿qué naves partirán?
La senda breve,
la compañía escasa...
Entonces, ¿qué?
Una semana,
un mes,
un año más.

Una vez muerta,
el mundo seguirá.
Quién amará a quién
y alguien odiará.
La senda breve,
la cuenta impaga.
Entonces, ¿qué?
¿Una semana?
¿Un mes?
¿Un año más?

Cae el rocío y la noche
se congela en mi cara.
En el próximo cruce
idénticos caminos.
Despertaré mañana
y cuando abra mis ojos...
¡Dios!
¡Una semana,
un mes,
un año más...!

Traducción Gerardo Lewin

NATHAN YONATHAN



Kiev-Ucrania, 1923-Israel, 2004



AL FINAL DEL CAMINO

En todo lugar
hay un precipicio para los valientes
y una sombra para los exhaustos
y un manantial volcando su frialdad.

En todo amanecer
hay rocío para los temblorosos
y luz para los amantes
y frías piedras y salvajes pastos.

En todo anochecer
hay un sosiego para los tempestuosos
y liviandad para los solitarios
y una roca para los que yacen al final del camino.

Traducción de Esther Solay-Levy

LA ORILLA

Hay veces que las orillas son
lo poco que queda del cariño de los ríos.
Cierta vez contemplé una orilla
que un río abandonó,
con su corazón roto de arena y de piedra.
También el hombre
puede a veces exánime quedar,
como una orilla solo.

Y las conchas,
como las gaviotas, como el aire,
son a veces, también, acaso lo que queda
de la casa que tanto amaron siempre:
en ellas canta el mar, a solas, sus canciones.

Así, entre las amorosas conchas de su corazón,
canta el hombre su juventud perdida.

Traducción de Margalit Matitiahu y Carlos Morales

BALADA

Si lo que amas es un ramo de flores dolorido,
me iré al desierto y aprenderé a sufrir.
Si lo que amas son los versos escritos en la piedra,
construiré mi casa entre peñascos
y en sus ariscas cumbres aprenderé a escribir.

Solamente entonces, cuando la oscuridad
nos cubra de la arena, y el amoroso libro
de las crónicas en lo oscuro nos esconda,
acaso sepas decirme esas otras palabras
que están más allá del dolor y de la dicha.
Parece que este hombre —dirás solamente
entonces— me dio todo su amor.

Traducción de Margalit Matitiahu y Carlos Morales

CUASI BALADA

Si lo que amas son los ramos de espinas
dolorosas,
me iré al desierto y aprenderé a doler.
Y si lo que has amado son los versos escritos
en las rocas,
pondré mirando el alma hacia las piedras
y en los ariscos riscos la pondré a escribir.

Solamente entonces, cuando en su sombra
la arena nos oculte y el libro de las cosas
en lo oscuro se abra y nos proteja,
acaso me digas palabras más hermosas
que la felicidad y el llanto:
parece que este hombre —dime—
me dio todo su amor.

Traducción de Margalit Matitiahu y Carlos Morales

LA FOTOGRAFÍA

Te he dejado una fotografía
no la interpretes equivocadamente
ni rastros hay allí de manzanas o sierpe
ese jardín es inocente como un llanto
este hombre no ha conocido aún mujer.
Te he dejado una fotografía
en la cual se le ve
haciendo un culto
y doloroso
signo de interrogación.

ADÓNDE HUBIÉRAMOS IDO

Lo que entristece no es que el país está cambiando
que las heridas de las caleras se han desgarrado
ya que no existe cosa imposible de engañar con colores
sino que entre nosotros el aire se va agotando
y no podemos elevarnos a los montes.
Quedaremos parados en el confín del reservorio
de tierra de los antepasados
errando entre las encinas del llanto y las doradas dunas
y una cabrita que nos dio su leche y su lana
con sus flacas patas nos allanó un camino en la arena
hacia la sombra del algarrobo.
Y de no haber sido porque se obstinó
hacia dónde hubiéramos venido entonces
hacia dónde hubiéramos ido ahora.

Traducción de Oled Sverdlik
Estos poemas forman parte de los que figuran
en la antología Coexistence realizada
por Carlos Morales, "El toro de Barro",
Cuenca, 2002.

OTRO POEMA SOBRE ABSALÓN

Astuto como mujer, hermoso cual serpiente vergonzosa e ídolos
iempre entre sus acólitos, con su cabello dorado.
Y ahora, decidme, ¿dónde está su arteria femenina,
su vípera belleza, su idolatría vergonzosa?
Sus sueños de majestad, ¿dónde están?
Un árbol del bosque, eso es todo lo que quedó de Absalón
y el llanto de su padre –viejo amador- guerrero.
Aun su corcel se volvió para llorar;
¡quebrantar así a un padre,
reírse de la muerte y de todo!
¡Absalón hijo mío, hijo mío Absalón!
No podías esperar-niño consentido- hasta mi vejez.
Que la corona nos produce aflicción
y tus rizos, tus rizos,
¿No sabías el peligro que representan rizos como los tuyos?
¿Y por qué justo por el bosque?
¿Olvidaste lo que le ocurrió a Jonatán?
¿No conoces las encinas?
Tu padre amaba en ti lo que él no tuvo,
míralo cómo está, temblando entero ¿por qué
crees que no te di un reino?
¿Por qué me preocupaba el pueblo? ¿por tu edad?
Si hubiéramos podido hablar en silencio,
habrías comprendido que ya no soy el mismo
David-pesar materno, sólo soy un rey anciano
que se acerca a la tumba sin alegría
y su último designio interno
fue salvar por lo menos un hijo suyo
de la corona y los conflictos.
Sólo te quise, tonto mío, a ti, Absalón.

Traducción de Arié Comey.


RACHEL BLUWSTEIN


Saratov-Rusia, 1890 - Tel Aviv-Israel, 1931

JARDÍN CERCADO

¿Quién eres? ¿Por qué la mano extendida
no encuentra la mano hermana?
Y la mirada que un instante te espera
se refugia en sí misma, avergonzada...

Jardín cercado, sin acceso, vedado
- el corazón del hombre -
¿Dejaré todo o seguiré golpeando
la piedra hasta que sangre?

Traducción Gerardo Lewin
¿Oirás mi voz, amado mío, en la distancia?
Mi voz, que es tuya, ¿llegará hasta tí?
La voz que desde mi sangre llora y clama.
Que buscará, por siempre, ser feliz.

El mundo en caminos infinitos se bifurca.
Encuentros breves. Despedidas.
No alcanzaremos aquello que anhelamos
ni encontraremos eso que ya perdimos.

Tal vez se acerca el final de mis días,
el llanto último del amargo adiós.
Te espero entonces, hasta que todo acabe,
como esperó Raquel al prometido amor.

Traducción Gerardo Lewin
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ABRAHAM (AVROM) SUTZKEVER


Smorgón-Bielorrusia, 1913-Tel Aviv-Israel, 2010

Y SERÁ EL FINAL DE LOS DÍAS

Y será al final de los días;
sucederá entonces: el hijo del hombre
no llevará más hasta su boca hambrienta
ni pan ni carne vacuna, ni higo ni miel;
probará apenas una palabra o dos
y quedará saciado.

HIMNO A LAS ROCAS

Trepo a vuestras alturas, rocas marmóreas,
y aunque fuese ciego, con la noche en los ojos, hermanos
les juro, no detendría mis pasos,
porque traigo en equilibrio, siempre conmigo, libertad y amor,
y ninguno pesa más que el otro al borde de los abismos.
Amo vuestro coraje, que mira hacia las resonantes esferas;
amo vuestro aire frío y fuerte,
que lleva en sí vuestro espíritu.
Amo el miedo,
el miedo de trepar sobre vosotras,
miedo de verme a solas, cara a cara,
con el filo de vuestros precipicios.
Antes aún de haberlas rozado con mis labios,
antes aún de haber aspirado vuestro aliento
había soñado con ustedes. Y mientras alrededor de mí
la maldad y la pequeñez humana levantaban polvo,
ustedes brotaban luminosas ante mí, en las sombras del ojo,
descubriendo algo más elevado en la desolada confusión.
Ahora son ustedes rocosa verdad y orgulloso símbolo,
y yo oigo golpear vuestro corazón bajo pieles marmóreas.
¿Qué persigo aquí? Me avergüenza decirles, gigantes,
que persigo el mismo fin que maduró antaño en ustedes,
aún antes de que se alzaran de entre las bajezas terrenas
y penetraran las nubes con vuestras testas.
No me apuñalen, marmóreos dioses, con vuestras miradas,
no me arrojen a las llamas, luminosos monstruos, por mis ambiciones,
no se burlen de mí por la pétrea plegaria que les dirijo.
Sólo pretendo, como ustedes, desplegar las manos entre las nubes
y lavar mi cabeza terrena con fuego cósmico.

DESCALZO

Nos descalzamos
en medio de la ardiente ciudad,
y de veras parecíamos recién nacidos
a merced del desparpajo.
Si con idéntica rapidez fuese posible
descalzar también por un instante
de sus pesadas botas a los pensamientos,
qué fácil sería salvar mil millas
de un salto descalzo
y caer en la propia infancia.

LLANTO DE PIEDRAS

Las piedras de mi vieja ciudad
lloran de noche como niños:
—¿Por qué nos has dejado solas?
¡Oh, avergüénzate por tu desdén!
Una piedra está tan sola como una piedra,
¿por qué nos has dejado solas?
¿Acaso es culpa nuestra
que se haya deshecho tu casa en el polvo?
No tenemos pies ni tenemos alas.
¿Por qué nos has dejado solas?
Una piedra está tan sola como una piedra.
No tenemos pies ni alas.

MILAGRO
(para Dov Sadán)

Algo así puede darse, a pesar de todo,

digan que es milagro o romanticismo acaso:
un joven silencio golpea en la ventana
y en la habitación la noche es cuadrada.
Si esto es un milagro, también es prodigiosa
la realidad a ambos lados de la ventana.
Lo sé, mi realidad supera a los milagros,
lo sé, mi sueño tiene arraigo:
nítidamente vi en sueños
un verdadero árbol cargado de guindas
al alcance de la mano y lejos…
Está claro que el árbol tiene arraigo.
Y por si fuera poco y no alcanzara
al despertar ahora, de mañana,
devoro con lengua y dientes guindas
entre el rojo-guinda de los parques.
Y para convencerme
de que sueño y realidad viven de acuerdo
en la realidad hamaco
ramas brotadas del sueño.

IMPROVISACION

No acumules avariento tus horas;
que el tiempo no se haga más el payaso.
Tiéndelas por sobre todos los abismos
y atrapa en una red al ocaso.

Que se echen a nadar los mares
y salten precipicio abajo
con tal de burlar a la muerte.
No te arrodilles en su teatro.

Arráncale la máscara
y échale rápidamente tus horas encima.
Los ancianos mueren en plena juventud
y los abuelos son sólo niños disfrazados.

LA PRIMERA NOCHE EN EL GHETTO

“La primera noche en el ghetto es la primera noche en el sepulcro,
después uno se acostumbra”, así consuela mi vecino
a los verdes cuerpos entumecidos sobre el suelo.

¿Podrán naufragar barcos en tierra?
Yo siento que bajo mis pies naufragan barcos y sólo el velamen
se arrastra por encima, deshilachado y pisoteado
en forma de verdes cuerpos duros tendidos sobre el suelo.

Llega hasta el cuello.
Sobre mi cabeza pende una larga canaleta
atada con hilos estivales a una ruina.
Nadie habita los cuartos. Sólo aullantes ladrillos
arrancados, con trozos de carne, de sus muros.

En otros tiempos una lluvia solía desgranar su música en la canaleta
leve, blanda, bendiciendo. Madres solían colocar baldes debajo
recogiendo la dulce leche de las nubes
para lavar el pelo de sus hijas y que las trenzas brillen.
Ahora las madres ya no están; tampoco las hijas ni la lluvia,
sólo ladrillos en una ruina; sólo ladrillos aullantes
arrancados con trozos de carne de los muros.

Es de noche. Un negro veneno gotea. Yo soy un rescoldo
traicionado por la última chispa y hondamente apagado.
Sólo la ruina es mi hermana. Y el húmedo viento,
que cayó sin aliento sobre mi boca, con suave piedad
acompaña mi alma, que se separa del trapo de la osamenta
como se separa la mariposa del gusano. Y la canaleta
cuelga todavía sobre mi cabeza en el espacio
y fluye por ella el negro veneno, gota a gota.

Y de pronto, cada gota se hace un ojo. Estoy completamente
empapado de ojos luminosos. Una red de luz recogiendo luz.
Y encima de mí, la canaleta atada a la ruina con hilos de araña,
un telescopio. Penetro a nado por su tubo y las miradas
se unen luminosas. Allí están, como ayer,
las familiares estrellas vivientes de mi ciudad.
Y entre ellas, también aquella estrella tras-sabática
a la que labios de madre elevaban una bendición: Feliz semana.

Y comienzo a sentirme mejor.
No existe quien pueda enturbiarlo, destruirlo,
y yo debo vivir, porque vive la buena estrella de mi madre.

MI SALVADORA
(Ghetto de Vilna, 1943)

Dime qué te une a mí, luminosa abuela,

para esconder a un extraño en tu casa
y traerme, tan familiar y dulcemente, leche,
una piel de oveja para calentar mis pies,
pan tibio, sueño humano, y una sonrisa
como el canto de las arrugas de tu piel.

El viento tejía tiendas de nieve
y yo erraba como el viento entre ellas.
A mis espaldas me perseguía un mundo,
un mundo alzado contra el mundo,
mientras a solas por campos nevados
me calentaba con fulgores lobunos la osamenta.

Otrora hubo madre y hubo cuna;
hoy el hogar se hunde bajo nubes de guerra.
Me conjuré: Que sea lo que Dios quiera.
Intentaré entrar en la séptima choza
en busca de una palabra consoladora.

Golpeo y comienza a rechinar la puerta.

Me recibiste con el halo de una vela
como si mi visita no fuera inesperada.
En un destello instantáneo se descubrió para ti
mi rostro y con él mi voluntad.
No te asustaron mi barba congelada
ni mi puñal al cinto, aguzado para matar.

Me excavaste bajo el umbral una cueva;
trajiste una lámpara de aceite, y cobijas
con blandura de cabellos maternales;
aire e infancia que no tienen hora ni lugar,
y una hoja de papel como un brote de guinda
para que mi canto pudiese brotar.

Y cuando comencé a escupir sangre en el refugio
me cargaste en brazos hasta tu casa,
me acostaste en tu cama, y de noche
llamaste a un médico para que me curara.
Y entre el ardor desmesurado de la fiebre
te vi de rodillas, con un crucifijo, al lado de la cama.

Después tu compasión se me hizo una cadena;
la nieve no cubría las sombras del ghetto.
En sueños me martirizaban pequeñas criaturas:
“Trocaste nuestras lágrimas por pan y descanso”.
Y cierta noche de frío y luna,
camino del ghetto me eché de nuevo al campo.

Pero tú me perdonaste la huida
y me traías pan incluso lejos de tu casa.
Hasta que un día llegaste trayendo
lo que por tanto tiempo había esperado;
el sagrado alimento que cura y sacia:
¡entre la miga de pan, una granada!

Y cuando la granada apuntó al enemigo
resplandeció ante mí tu bondad silenciosa.
Veía cómo me cargabas desde la cueva en brazos
por escaleras y puertas hacia un sol que quema...
¡Y de pronto tu mano se tiende sobre la mía,
y la granada se arranca de nuestras manos y vuela!

MI MADRE
(Ghetto de Vilna, octubre de 1942)
VI

Busco las queridas cuatro paredes
entre las que tú respirabas;
bajo mis pies dan vértigo los escalones
como si fuera un pozo hirviente.

Tomo el picaporte y empujo
la puerta hacia tu vida…
Me parece: un pájaro llora
en la jaula de los dedos.

Entro en la habitación
donde se cubre de sombras tu sueño.
Apenas alienta todavía
la luz que encendiste.

Sobre la mesa el vaso de té
que no alcanzaste a beber.
Aún se mueven tus dedos
sobre los bordes plateados.

En la lamparilla agonizante
la lengüita de luz pide piedad.
Y para que no deje de arder
agrego a la lámpara mi sangre…


VII

En lugar tuyo encuentro tu camisón rasgado;
lo tomo y lo aprieto contra mi corazón avergonzado.
Los agujeros del camisón se hacen mis días
y su puntilla se vuelve la sierra que corta mi corazón.

Rasgo mis ropas y como si penetrara en mí mismo
penetro en tu abierto, desnudo camisón.
No es ya más una camisa, es tu piel luminosa,
es tu fría muerte. Lo que quedó de tu muerte.

LO ETERNO

Dijiste: “Dichosa renunciaría
a todos los años
que me están destinados
con tal de volver a vivir
contigo aquella noche
en la que fuimos
como música incomprendida”.


Y yo, como si agonizara el corazón
entre mis dientes, guardé silencio
y sólo vi: nosotros dos,
tendidos entre pólvora en un campo minado.

http://www.raoulwallenberg.net/wp-content/files_flutter/1288120807Ebooksutskeverok.pdf
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DAVID AVIDAN


Tel-Aviv-Israel, 1934-1995

MANCHA EN EL MURO

Mancha en el muro

Alguien trató de quitar la mancha del muro.
Pero la mancha era demasiado oscura
(o por el contrario, demasiado clara).
De un modo u otro, la mancha aún está en el muro.

Le dije entonces a un pintor que lo pintara de verde
Pero la mancha era demasiado clara.
Contraté a un albañil para que le diera una mano de cal.
Pero la mancha era demasiado oscura.
De un modo u otro, la mancha aún está en el muro.

Tomé en ese momento un cuchillo de cocina
y traté de raspar la mancha del muro.
El cuchillo era dolorosamente agudo
(ayer nomás lo habían afilado)
y sin embargo. (*)
Empuñe un hacha y la descargué contra el muro.
Me detuve al instante.
No sé por qué pensé de pronto
que el muro podría derrumbarse
y aun así la mancha quedaría.
De un modo u otro, la mancha aún está en el muro.

Y cuando me pusieron contra el muro
pedí pararme junto a ella.
Saqué pecho tratando de ocultarla (quizás, quién sabe).
Cuando azotaron mi espalda brotó abundante sangre.

Disparos.

Y yo, que tanto creí que la sangre taparía la mancha.

Nueva carga de disparos.

Y yo, que tanto creí que la sangre taparía la mancha.
De un modo u otro, la mancha aún está en el muro.

Traducción Gerardo Lewin

SÚBITA NOCHE

A un hombre viejo - ¿qué le queda en la vida?
Despierta al día y en él el día no despierta.
Con paso lento va hacia a la cocina
en donde el agua tibia le recuerda
que a su edad... a su edad...

Un hombre viejo - ¿qué encuentra al despertar?
Despierta un día de verano y es otoño,
ya tinto de nocturna luz en su piecita.
No ha vuelto todavía, por el pasillo, de su viaje
y allí quedó pensando... pensando...
¿qué hacer ahora y qué leer?

Un hombre viejo - sus libros, ¿qué dirán?
Los vientos páginas arremolinan señalando
secretos en invisible tinta
acerca del próximo final,
frases que le serán en breve reveladas,
el brillo en su mirar herido
y en su vasta experiencia

a un hombre viejo - ¿qué le queda en los ojos?
Si se concentra asomará el recuerdo de un conflicto
olvidado, sed por la contradicción, talento
y posibilidades escarpadas
hasta que el día del olvido esté cercano.
Y ya por su garganta suben,
exploradores cautos,
sus más seguros carraspeos,
como el rugir de un tigre joven en otoño...

Un hombre viejo - ¿dónde hallará sus tigres?
Saldrá de caza un día de estos
cuando ya el verde se torne verdinegro
con fuerza ingente y menguada experiencia
saldrá a cazar un día de estos
los años que deje por detrás
como una larga ruta, desierta, intransitada
por un loco vehículo
que él mismo conduzca
persiguiendo
al tiempo que ya se le ha acabado...

A un hombre viejo - ¿qué le queda a su edad?
Dormitar, porque teme dormir.
Sus entreabiertos ojos adivinan,
según el devenir de las estrellas,
si acaso esos murmullos le sugieren
que ésta será su última noche.

Un hombre viejo - ¿ qué hay en su ventana?
Una ventana abierta que le permite ver
un rostro extraño, indefinido,
que aparentara nuevamente ser
un tigre joven otoñal...
Siempre, siempre tomar y nunca dar
cabida a un enemigo rostro en la ventana
que lo visite en su postrera noche...

Un hombre viejo - ¿qué tiene al fin del día?
No será rey ni
sobre su espada
caerá.

Traducción Gerardo Lewin
http://fernando-sabido-sanchez.blogspot.com/search/label/ISRAEL?updated-max=2013-01-22T15%3A16%3A00%2B01%3A00&max-results=20&start=21&by-date=false

ZALMAN SCHNEUR


De Israel
Liozna (Rusia Blanca (hoy Bielorrusia), 1887-1959

AÚN ENTONCES...

Aún entonces, en mi postrer momento,
cuando deje ya de circular la sangre por mis venas,
y no puedas llorar, me observarás asustada,
llena de pánico, pero sin sentimiento.

No captarás mi muerte, como no lograste comprender mi corazón 
que se ilusionaba en los sueños, cuando tu besabas mi frente.
No, no entenderás mi muerte, tú, que creías
que mi vida se prolongaría como una llama sin fin.

Lloras por esa flor cultivada enjaula de oro
que se marchitó por falta de sol y rocío,
lloras por esa ave que cayó de lo alto del nido
siendo aún ciega, débil e indefensa.

Mas, no gimas por esa roca, la eterna roca
que de pronto se estremeció, solitaria y libre,
y temblando se desplomó estrepitosamente,
abriendo un abismo lleno de tinieblas y misterio.

LLAMADO A LA ORACIÓN

En una noche invernal
el simplón del pueblo se inclinó sobre el rabino
muerto, que yacía en un charco de sangre;
le meció la barba desgreñada,
le hizo cosquillas en el talón
y de pronto,
enardecido, comenzó asaltarle encima
y darle de patadas en el vientre y la espalda.

¡Arriba! Rabino borrachín, ven a la plegaria!
El vino le ha amodorrado
en medio de una zanja inmunda,
la cabeza en descubierto, a la intemperie,
entre vómitos y basura.
¿Dónde dejó su solideo? ¿y los zapatos?
¡oh! ¡ay, ojos que esto ven!
Igual que Noé, tumbado boca arriba,
sin vergüenza ni pudor.

¡A rezar! ven, no te escapes ¿No puedes?
– apóyate en mi brazo.
Te llevaré a la sinagoga, te guste o no
y te sentaré sobre excremento humano
entre las columnas rotas del púlpito.
Colgaron un perro muerto
en vez de la lámpara que se balancea.

Aunque tengas el gaznate abierto
leerás en el libro profanado de la Torá
y los lamentos serán oídos por tus hijas violadas 
y por tu nieto, que yace destripado en una fosa 
y por el bedel, también muerto, cuyos oídos 
fueron reventados por los cascos de un corcel.

http://www.poeticas.com.ar/Antologias/Poesia_hebrea_moderna/indice.html

AVRAHAM SHLONSKY


Karyokov, actual Ucrania, 1900 – Tel Aviv, Israel, 1973

JURAMENTO

En nombre de los ojos que vieron la tragedia
y llenaron de clamores el corazón abatido.
En nombre de la piedad que enseñó a absolver
hasta los más terribles días que el perdón,
me juramenté: recordar todo,
recordar – y nada olvidar.
Nada olvidar – hasta la décima generación,
hasta que se borre la infamia, toda, por completo,
hasta que desaparezcan las humillaciones.
Mi juramento será vano si después del furor,
y no tendrá ningún valor, si mañana al seguir mi camino
no he llegado a ninguna conclusión.

REVELACIÓN

Alguien llamó: ¡Oye!
Alguien pronunció mi nombre.
¿Qué?
¿Quién?

Elí dijo: ¡Duerme!
Elí dijo: ¡Es en vano!
Elí dijo: No existen las visiones, mi vista se apagó.

Me llaman de nuevo: ¡Escucha!
Pronuncian mi nombre otra vez.
¿Cómo poder responder? ¡Presente!

Media noche. El anciano Elí solloza en su lecho.
"Hijo mío... hijo mío".
El universo cae encima mío, como herido
a la puesta de sol, entre los restos de mis nubes.

Comprendí, el que habla es el Señor.
Vendrá en un torbellino y besará nuestras heridas.
Elí está muy viejo. Sus hijos, unos malvados
y yo, todavía muchacho.

El universo ruge y canta de dolor
y en el rojo horizonte,
un dedo como rayo me llama.

Manda, Señor: ¡Tu siervo escucha!

ORACIÓN DE GRACIAS

Lluvia de Dios – Bendito sea el Señor.
Gracia húmeda de los cielos,
ponderen el pan, que tiene buen gusto, 
cantad las bondades del agua.

Observen al terrón interna y exteriormente, 
caliente es su tierra sembrada.
Tierra, bendice a que se haga según Su voluntad, 
bendice al viento y a la lluvia.

Está húmeda tu huerta, porque quisiste el rocío, 
se bendigan en ti, seno y matriz.
Agradezcan al pan, al buen pan.
Agradezcan al pan.

A LA FAENA

Vísteme santa madre, una linda camisa de colores
y al alba condúceme a la faena.
Envuelta de luz, como con taled, está mi tierra.
Los edificios se yerguen como filacterias
y como sus correas, se desbordan los caminos,
trabajo del hombre.

La población reza la plegaria del amanecer a su Creador
y entre los creadores – tu hijo Abraham,
poeta y cantero
en Israel.

Al anochecer – al crepúsculo, cuando vuelve el padre de su tarea, 
murmura como satisfecho la plegaria:
mi querido hijo Abraham:
Vida, carne y huesos –
Aleluya.

Vísteme, santa madre, una linda camisa de colores
y al alba condúceme
a la faena.

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