BEN ZION TOMER


Lublín-Polonia, 1928-Israel, 1998


DON QUIJOTE



Cansado de sueños y guerras
se levantó un día Don Quijote
y se observó al espejo:
su cabeza se cambió con la de Sancho Panza.
Un jumento gris está parado a la puerta. Lo montó.
Sus largas y magras piernas se arrastran sobre la tierra.
Cabalgó. Cabalgó. Toda la distancia al reino del gran silencio y 
/el sol. 
En su carne como garras de águila. Espinas clavan sus ojos. Él 
/los cierra 
lentamente hacia el sueño. Por primera vez después de muchos 
/años le viene 
un sueño vacío. Sin eco, mudo. En entresueño cabalga.
A la luz de una ventana abierta descubre a Dulcinea
y se cubre el rostro. El sol se pone. Cae la noche.
Las sombras se le abalanzan con filo de bayonetas.
Una vieja llama le enciende el corazón, pide acometer los 
/molinos de viento, 
la cabeza de Sancho lo inmoviliza con presteza:
¡Calma, querido, tranquilo!
El aroma del pesebre apresura al burro. Su brazo abandona
/la fusta. 
Cabalgaron sin decir palabra:
la cabeza de Sancho y el corazón de Don Quijote.

FÓRMULA

Mi padre grabó su vida en piedra,
yo en el aire.
Mi padre amobló su casa con un cálido y sólido color marrón, 
yo, con un color helado, con muebles de pluma más livianos 
/que el aire.

Mi padre respiraba con Dios,
yo con el águila.
Mi padre surgió de las calles,
yo ni siquiera de un hogar.

Mi padre callaba. Su corazón sentía.
Yo siento. Mi corazón calla.

Mi padre ya murió. Pequeño es su templo: la piedra,
yo todavía vivo y mi templo es el aire.
¿Qué quedará de mí cuando me abalance como la paja?
Mi hijo no grabará mi nombre en una placa.



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