POETAS DOMINICANOS



POETAS DE REPÚBLICA DOMINICANA

MIGUEL A. PEGUERO - OSVALDO BAZIL - FABIO FIALLO - JOAQUÍN BALAGUER - MARIANO LEBRÓN SAVIÑON - MANUEL DEL CABRAL

MARTHA MARIA LAMARCHE


República Dominicana, 1900-1954

COMO LA ESPIGA

El alma
Se balancea al soplo de la brisa;
Como la espiga.
En busca de luz alza
El tallo de su inquieta y frágil vida,
Como la espiga.
Para que el Sol dibuje
De oro sus granos que el viento abanica,
Como la espiga.
Luego, el raudal de oro
Se desparrama prófugo en la vía,
Como la espiga.

JUNTO A LA CORRIENTE

Dormí en el lecho de arena
Que refresca la corriente,
Y fui en la noche serena
Otra linfa transparente.
Bésame, agua cristalinam
Mientras mi lira se hermana
Con la canción que trina
En la fresca mañana.
Bésame mientras el cortejo
De las cándidas estrellas
Apagándose a lo lejos,
Deja en nuestra alma el reflejo
De sus temblorosas huellas.
Bésame, somos hermanas,
Como tú, mi alma salvaje
Guarda oculto su linaje
Y no le inquieta la mañana.
A las dos, mansas corrientes,
Bástanos ser transparentes
Y dar en una canción
Matinal el corazón…

LA CARGA

Aligérame, Amado,
Pon mi carga a la vera del camino
O espárcela a los vientos,
Para tener el alma
Tan pura y tan sencilla
Como una flor silvestre.
Aligérame, Amado,
Y seré libre corderita
Que en la verde sabana
Corre, retoza, brinca,
Del arroyuelo bebe
Agua límpida y fresca,
Y de la tierra pasta
Hierbas recién nacidas
Húmedas de rocío
Aligérame, Amado,
Quítame de los hombros esta carga
De locas ambiciones,
Que desfallece mi alma…
Aligérame, Amado,
Y otra vez en las noches
Seré la chiquitina
Que en tus brazos se duerme
Soñando como niña.

LLUEVE

Llueve. Las gotas caen acompasadas
Con música monótona y cansada
Y contenta les voy así cantando:
Caigan, caigan, que el cielo
Se despeja llorando.
Como una quimera vana que atrae
Me atrae el gemido del agua que cae
Y contenta les voy así cantando:
Llorad, llorad, que el cielo
Se despeja llorando.
También cayeron gotas de amargura
De mi alma que ahora luce pura,
Y contenta les voy así cantando;
Caigan, caigan, que el cielo
Se despeja llorando…

VAGUEDADES

Qué confusión de pensamientos surgen
En la mente, si a solas, de improviso
Tu recuerdo me asalta, dulce Amado,
No dándole reposo a mis anhelos.
A veces; quién me diera la confianza
Altiva de la estatua inanimada
Que ve a pasar bajo sus ojos muertos
El tropel de la vida sin escrúpulos!
Mas, no; no quiero ser inerte mármol-
Duro mi corazón entonces fuera…
Y entonces este amor no te tendría
Tan lleno de tristeza deleitosa.
Ni quiero ser altiva, sino blanda
Cual era virgen, y tomar las formas
Que tus dedos ociosos quieran darme:
Un ánfora, una flor… ¡Lo que tú mandes!

VIENTO

Viento:
Llegas tan fresco, suave y reposado,
Que adormeciendo vas mi pensamiento;
Viento,
Que las mejillas hazme refrescado,
¿de qué país tan bello
Llegas alborozado?
Mira, como has puesto mis cabellos!
Viento,
Inútil es que ahora al hogar
Entre y hagas crujir el ventanal;
¿piensas tú que tu aullido he de temer?
Me río y digo: ¡déjame ver!
Viento,
Mis manos y mis pies has vuelto fríos;
Pero en mi pensamiento
Voy musitando locos versos míos…

YA EN TUS REDES
Ya en tus redes me hiciste presa, Amado
Ya fui tu pez de tu mar.
Fruición de gozo antes no soñado
Mi sangre hace saltar!
Turbión de dicha que inundó mi ser
Con tierno bienestar.
Rubia espiga de oro, ardiente estrella
Que a mi paso brotó.
Deleite dulce, de quietud me llenas.
Amor de mi Jesús!
Ya en tus redes me hiciste presa, Amado.
Ya fui pez de tu mar…

FEDERICO BERMÚDEZ Y ORTEGA


San Pedro de Macorís - República Dominicana, 1884-1921

ATRIO

El misterio es el alma de la virgen Poesía,
En el lago es silencio y en la estrella temblorosa
Dad al verso el lenguaje de los largos silencios.
Como en un lago y estrella que el misterio nimbó.
Dejad siempre velado bajo el ala del verso,
Para ciertos espíritus, lo más blanco y mejor;
Tal así como bajo de una tímida niebla
El matiz impreciso de una incógnita flor.
Lo que dice el absurdo inarmónico idioma
De los labios que hablan, es salvaje dicción;
En la lengua divina de la Maga Poesía,
El silencio idealiza la palabra mejor;
Así tal, bajo el césped, como en tórpido limbo,
La fragante violácea de su encanto de flor;
Tal así, tras el velo de la bruma flotante
Da una estrella lejana su indeciso fulgor…!

SERENAMENTE GRIS

La lluvia, tornadiza como una polvareda,
Más flota que desciende, serenamente gris…
El viento, adormilado, sobre la tarde queda
Y sobre los ramales la nébula sutil…
Cabalgan por el ether tristezas invernales,
Y en la tranquila estancia, serenamente gris,
Mientras vaga la niebla se asoma a los umbrales
Te duermes en mi pecho como una flor d elis!
Tu joven pecho cándido me brinda sus latidos
Y tus fragantes labios, dulces y sonreídos
Me invitan para el beso romántico sutil,
Y mientras que yo beso tus labios virginales,
Envuelta en sus dolientes crespones invernales
Muriendo va la tarde, serenamente gris…!

ROMÁNTICA

(Para H. Ducoudray)
Y trémulo de amor, convulso y ciego,
caí por fin ante sus pies de hinojos
enloquecido de pasión y luego;
sin que del labio se escapara el ruego
le hablé con la elocuencia de los ojos.

Le hablé con la elocuencia delirante,
del lenguaje del alma que está ansiosa,
y en ese vago y misterioso instante,
la nieve de su pálido semblante
se tornó sonrosada y luminosa.... 

El alma al labio se asomó,
lo mismo que un reclamo de amor,
y en el mutismo de aquel instante vago
de embeleso en que a su alma reclamó la mía:
apuré de su boca la ambrosía,
disuelta en el temblor de un casto beso....

EMILIO MOREL



El Seibo - República Dominicana, 1884-Nueva York, 1958


AQUEL LUCERO BLANCO

I

Aquel blanco lucero,
Al cerrarse los párpados del día,
Era siempre el primero
Que los ojos abría.
Y semejaba un pájaro cautivo
En el azul, imaginando vuelos
Y convirtiendo su mirada en vivo
Juego de claridad sobre los cielos.
Y siempre que el lucero aparecía
En su invariable senda,
Una envidiosa rana le decía
Desde el lúteo rincón de su vivienda:
-¿Por qué te asomas a mis soledades
Furtivamente? Dime lo que quieres
Al deslizar tus tibias claridades
En la quietud de mis anocheceres.
¿No sabes que la sombra es toda mía,
Lo mismo que el azul es todo tuyo,
Y que a veces me hastía
Hasta el fulgor errátil de un cocuyo?
Haciendo florecer en mi laguna
Frágil rosal de perla,
Viene a verme la luna
Sin que yo me moleste para verla.
Y sin embargo, tú, que nunca prendes
Una ilusión de luz en rosa alguna,
Me pides alabanzas, ¡y pretendes
Tener la aristocracia de la luna!
Así el reptil hablaba
Cuando el blanco lucero aparecía;
Y, después de croar, se acurrucaba
En su lúteo rincón, y se dormía…
Era la media noche
Cuando el aristocrático lucero
Fingía descender, en un derroche
De luces blancas, sobre el mundo entero.
Y despertó el reptil. Con hosco ceño
Fijó los ojos turbios en el hondo
Caudal del agua, y vio el perfil risueño
De su rival moviéndose en el fondo.
¡Cuán irónica fue su carcajada
Cuando creyó tenerlo prisionero,
Y figuróse ver, mustia y ahogada,
La argentina belleza del lucero!
-Ya ves, astro infeliz! Estabas ciego
De pueril vanidad. Tanto ufanarte
De unas galas efímeras: y luego
Caer entre mis aguas para ahogarte!
………………………………………………………….
Y ajeno a ese lenguaje rencoroso,
Desde una altura cenital el astro
Bañaba el lomo gris del envidioso
Con un blancor sereno de alabastro…

SAN FRANCISCO DE ASÍS ENTRE LOS PÁJAROS

I

San Francisco de Asís erraba un día
Por remotos parajes, preguntando
A cuanto ser veía
Si lo acosaba el hambre, si quería
Pan del pan que su mano iba dejando
A la miseria cruda y sin abrigo:
Pan de resignación y pan de trigo.
San Francisco de Asís buscaba un día
Vidas atormentadas
Por el dolor, cuando en el seno agreste
Y hojoso de la Umbría
Encontró la piedad de sus miradas
A un ruiseñor que estaba en la agonía.
-Hermano Ruiseñor… -exclamó el Santo,
Con los brazos en cruz, -hermano mío,
Dime si tu quebranto
Lo concibió la voluntad del cielo,
O si fue la del suelo
Para secar las fuentes de tu canto.
El ruiseñor no contestó. La suave
Bondad del Santo se inclinó hacia el ave
Para decirle: -Hermano,
Ven a mi soledad hasta que vuelva
La salud a tus carnes;
Allí no encontrarás florida selva
Ni paraje florido,
Sino el crudo rigor de los veranos:
Mas, para darte la ilusión de un nido
Fresco y amable, te daré mis manos.
Y San Francisco se llevó consigo
Al ruiseñor enfermo. Y fue tan dulce
El amoroso abrigo,
Y tan hijo del cielo
El infinito celo
Que el ave halló en el corazón del Santo,
Que a poco tiempo levantaron, juntos,
Una oración el uno: el otro, un canto.

II

Enfermo y solo… Lejos de la gente,
Que ignoraba su mal, pensaba el Santo
En que ya la Implacable
Rondaba ansiosamente
La tosca celda en que la limpia fuente
De su misericordia inagotable
Cantaba el bien, tan armoniosamente,
Y dijo al ruiseñor: -Mi buen hermano,
Muy pronto a mí me faltará el aliento,
Y a ti la débil mano
Que te busca el sustento;
Vuélvete, pues, al bosque y que te ayude
La mansa diestra del hermano Viento.
Y así dijo a los otros
Pájaros: -Vuestro nido
Os espera, volved a vuestro prado;
Y si encontráis que ha sido destrozado
Vuestro hogar venturoso, como he sido
Yo para con vosotros, sed vosotros
Con el que hubiere roto vuestro nido.
¿No sabéis que se encuentra
La hermana Muerte en el umbral, queriendo
Que mi conformidad le diga: entra?
Y gimió el desconsuelo
Del ruiseñor: -Oh, déjame a tu lado
Para verte cruzar, transfigurado,
Los caminos del cielo!
La turba alada dijo entonces: -¡Falta
Que nos enseñes la virtud más alta,
La de morir sonriendo!
Y cuando hablaron todos de tal suerte,
San Francisco de Asís sonrió, diciendo:
-Entrad, hermana Muerte…

ENRIQUE AGUIAR

De República Dominicana

A SAN FRANCISCO DE ASÍS

Señor de las humildes indulgencias,
Oh, divino Señor,
Tu piedad evangélica perfuma
Lo mismo que una flor.
Asocias a la fiera con el hombre,
Y luchas con afán
Al ver las vanidades en tropeles
Vestidas de oropeles
¡Cómo van!
Perdonas a tu hermano lo que tiene
De mezquino y pueril,
Y conviertes en óleo el virulento
Veneno del reptil.
Ostentas como canon de tu vida
Un nimbo celestial,
Y le ofreces a Dios como a los pájaros
Tu mínimo rosal.
Yo, que no puedo ser como tú eres
En mi vida infeliz,
Le sonrío al placer y a la desgracia,
Al vino alegre y al dolor suicida…
Es otra forma de apreciar la vida,
¡Oh, Francisco de Asís!

ASNO, PACIENTE ASNO

Asno, paciente asno, las nieblas del Olvido
Revelan en tus ojos la dulzura del bien,
La dulzura que tienes por haber conducido
Tu carga de virtudes para Jerusalén.
Sobre la mansedumbre de tu lomo mugriento
Por tierras de Bethania peregrinó Jesús,
Tú ibas con dos alas, ligero como el viento,
Con mucha luz delante, siempre con mucha luz.
Manso como Babieca, noble como Pegaso;
Dijérase que todas las épocas te ven
Andar con la paciencia de tu bíblico paso
Buscando en el misterio la Estrella de Belén.
La cruz de Jesucristo surgió de los vestigios;
¡Y hoy miras los vestigios rodar ante la Cruz
Con la misma mirada con que hace veinte siglos
Miraste los humildes pañales de Jesús!

CANTO A LA FE

I

Eres madre del éxito, la santa
Propulsión de la vida;
El corpúsculo crece y se agiganta
Bajo el palio invisible de tu égida.
Tú soplas en los grandes corazones
Las nobles ambiciones,
Das calor a la idea entelerida
Y exuberas la savia portentosa
Del germen que reposa
En nuestra pobre humanidad vencida.
Das a la ciencia la verdad profunda
Que Newton interpreta;
Preñas la tierra, de sudor se inunda
Y del talle levántase fecunda
La epopeya viril de la piqueta.
Alumbras el camino
Del visionario que la tierra cruz;
Eres una y protea,
Y fiel a tu destino
Movimiento en los astros y en la Musa
Una sublime y sacrosanta idea.
Te vio la Inquisición ahogar la fiera
Del fanatismo torpe, la quimera
De irritadas legiones.
Cuando dueño y señor del pensamiento,
El genio colosal del movimiento
De la Tierra, medita ante la hoguera;
Y en medio de la torva muchedumbre
Que exaltanlas pasiones,
Busca una frase que su fe deslumbre
Que el numen vigorice…
Y en febriles y santas emociones,
Conmoviendo la paz de la naciones
E pur si muove ante la pira dice!
Oh, genio que agitante
El laudo universal, a tu conjuro
Se fructifica con amor la planta
De tu fe sacrosanta
Para las religiones del futuro.

II

Fe que salvas, sublime redentora,
Oh, fuerza propulsora,
En tus sagrados manes
Se realizan y colman los afanes
De quien abriendo los oscuros puertos
De piélagos ignotos y profundos
Descubre el movimiento de los mundos
Para todos los mundos descubiertos.
Palpitan en la paz de las creaciones
Las dulces bendiciones
Que das al pensamiento;
Prendes en el dolor todo el aliento
Celestial de tu esencia,
Y ese dolor, divinamente raro,
Es la savia del génesis preclaro
Que vive aletargada en la conciencia.
Sueño, tal es tu radiación primera,
Ilusión errabunda
Que con amor espera
El hálito genial que si fecunda
Sobre el Estado Universal impera,
Como imperó con Goethe y con el Dante,
Y con César el fuerte.
Que muchas veces desafió a la Muerte
Cada vez más altivo y arrogante!
Sueña Colón y el soñador se lanza
Al piélago inclemente,
Y lleva como norte la esperanza
De encontrar en la oscura lontananza
Un camino, o hallar un Continente.
Y por ti, esos fuertes navegantes
Que van tras tus errantes
Crepúsculos de Gloria,
Soportan el Alcázar de la Historia
Como si fueran d’ella los Atlantes.

III

Oh, Maga omnipotente, en tu divino
Manto de nubes floreció el Destino,
Y al beso natural de la mañana
Dios hizo con amor y con desvelo
Que a la caricia de tu luz arcana
Gravitaran los astros en el cielo;
Y luego siente por la vez primera
Un soplo universal de primavera
Que entretiene su espíritu disperso,
Cuando a la luz de tu corona santa
La cornamusa de la Fama canta
La sonata sin par del Universo!

DELIA WEBER


Santo Domingo República Dominicana,  1900-1982


ENCUENTRO 

Iba por el campo pisando las espigas,
mis pies eran ligeros y mi cuerpo como una
sombra. Me reñiste por no saber lo que hacía.
Oí al viento sollozar; pero no comprendí…
de lo alto del campo venía el río cantando
como un coro de niños… Quise sentir 
el frío del agua y posé mis pies gozosos,
dando la alegría de mi corazón. Me reñiste
por no saber lo que hacía. Se nublaba el
cielo pero no comprendí…
Distraída, jugaba en el olvido de todo.
Me llamaste desde lejos… Corrí a tu en-
cuentro… Cuando llegué estabas pálido, vol-
viste la espalda y , yéndote, me señalabas
atrás. Yo me senté a llorar; pero no comprendí…
Un día me fui espigando flores, inocentemente,
por el campo… Y los regaba por
donde habías pasado tú… Mi cuerpo ligero
velaba sobre tus huellas, escondido; pero no
viniste…
Después (como si la claridad hubiese 
dicho lo que era…) cogí agua, flores y espi-
gas, y fui a ti, que me esperabas, y las regué
sobre tu cuerpo… Sonriendo me diste el
conocimiento: aquel campo era mío.
y besé tu agua, tus espigas y tus flores…

LAS HERMANAS

(A la ora de un crepúsculo ardiente)
Hermana Primera
Mi cesta lleva un milagro…
Hermana Segunda
Yo busco las flores del valle más delicioso…
Hermana Tercera
Y yo el oro de las playas donde muere el sol…
Cuarta Hermana
Mi deseo es como las perlas del océano,
Incomparablemente suave…
Hermana Primera
Aprisa, hermanas, aprisa…
Hermana Segunda
Las nubes del cielo se aprietan sonrosadas,
Como secretos en el alma…
Hermana Tercera
Juntemos las cabezas, hermanas, que en
El cielo estamos dibujadas…
Hermana Segunda
¡Parece un campo de rosas, y de besos,
Y de alas!
Hermana Primera
Cerrad las cestas, hermanas…
Hermana Tercera
Estemos unidas, apretadas…
Hermana Primera
Caminemos aprisa, hermanas…
Cuarta Hermana
El sol baña de oro los espacios…
Hermana Segunda
¡Se dilata una danza de fulgores en tor-
no al esplendente carro del sol!
Hermana Tercera
¡El cielo se incendia!
Cuarta Hermana
¡Y es como el imperio de todo derroche!
Hermana Primera
Cantemos un himno que parezca lejano…
Hermana Tercera
Y juntemos las bocas, y sea uno el canto…
Hermana Primera
Aprisa, hermanas, aprisa. Mi cesta lleva 
Un milagro…
Hermana Tercera
(A la Primera Hermana)
Se apaga tu voz en el canto!
Hermana Primera
(A la Tercera Hermana)
¡Tu risa es la oración errante de las
Nubes rojas del cielo!
Hermana Segunda
Es como la lluvia que esta mañana regó el prado.
Cuarta Hermana
Y como el vuelo de la carrera que dimos
Juntas, de las manos…
Hermana Segunda
Como lloran los niños cuando están soñando…
Hermana Primera
(Dirigiéndose a la Segunda y a la Cuarta Hermana)
Decidlo bajito, no sea que adivine…
(Se juntan la Primera, la Segunda y la Cuarta Hermana)
Tiene en su risa la luz del que espera… (Sus miradas
Sonríen sobre la Tercera Hermana) ¡Aprisa,
Hermanas, aprisa!

REENCARNACIÓN

Yo he estado contigo, sí, estado contigo.
No vas a recordarlo, pero una vez, fuimos
Una vida entera, tú y yo…
Hiriéndome la mirada de dulzura, tus ojos
Hacen oriente de mi senda, y me llenan de

NADA

-Ese hombre que pasa llevó un día mi alma…
Corre, mira si en los ojos tiene la señal;
Si su espalda está aun encorvada, si lleva
En la boca todavía la luz, y sus manos
Están extendidas…
-Veo el camino solo. Va a salir la luna
Entre nubes oscuras.
-Pero ¿alguien pasa?
-Un hombre que no lleva nada.

AMADA NIVAR DE PITTALUGA


Santo Domingo - República Dominicana, 1898- 1987 


EL HIJO

Resplandor de llama,
Esencia de mirra, de lirio y retama.
Extracto costoso
En besos y lágrimas del amor hermoso.
Amado Alfarero:
Prepara la arcilla rosada primero,
Y luego a la tarde
Soplarás el vaso que al perfume guarde
Cántara de losa
Al Dios donaremos que en donar se goza.
El guardará en ella
La esencia brillante de un alma de estrella.
Aquí en mi cintura
Cuélgame la cántara de la ofrenda pura.
Un hijo, oh! Amado;
De mirra, de lirio, de vidrio rosado.

ENGAÑO

Llegué cargada a la Tarde
Con dos costales de lágrimas.
Entré llorando en el río
Para lavarme la cara.
Agua de la tarde era
Y de sal era mi carga.
Salí cantando del río,
Más liviana, más liviana.
La Tarde se llevó al mar
Caudales de agua salada.
Con esponjas me cargaron
Al salir por la mañana;
Iba al igual que la esponja
La cabeza de liviana.
Llegué cantando a la Noche
De la corriente taimada.
Caí cantando en el vado,
Conmigo cayó mi carga;
Salí llorando del río,
En hora de Madrugada.
Las esponjas van ahora
Más pesadas… Más pesadas…

ROJA TINAJA GENEROSA

Roja tinaja que al extremo
Del solitario corredor
Eres cual una fresca boca
Bajo del claro surtidor.
Roja tinaja voluptuosa
Como una virgen campesina
Junto a la fuente de la piedra
Tras la selvática cortina.
Musgo de fresco terciopelo
Y finas plumas del helecho,
Hilo de perlas cantarinas
Que desgranaban en tu pecho.

II

Bajo el derruído tinajero
-remedo de un confesionario-
Las confidencias escuchabas
Como un buen cura solitario.
A los dos novios protegías
Tu fiel alianza les juraste,
Y tu agua clara –tu alma pura-
Como un consejo, les brindaste.
Cuando eludiendo las pupilas
Que maternales vigilaban
Con el pretexto de beberla
Junto a tu linfa, se besaban…

III

Roja tinaja generosa
Igual que un joven corazón
Fresca tu agua y cristalina
Sabrosa a río y a terrón!
Allá en la noche silenciosa
La dulce niña suspiraba,
Mientras su clara perlería
La vieja piedra desgranaba.
Y en blanco eco cariñoso
Repercutía su canción
Cabe tu pecho fresco y hondo
Y en el amante corazón.

IV

Roja tinaja abandonada
-por la flamante innovación
De las costumbres ancestrales-
Al viejo patio, en un rincón.
Con negra tierra el jardinero
Llenó tu pecho generoso;
Y en ti el penacho de una palma
Su esbelta forma alzó graciosa.
Roja tinaja: el agua fresca
No más tu pecho colmará;
Ni ya tu gracia campesina
Junto a la fuente lucirá!
No más tu voz dulce y profunda
Dirá su cándida canción…
Tan sólo tierra y una palma
Como en mi triste corazón!

TENGO UNA BELLA TRISTEZA

En el fondo de mi vaso,
Haz de las uvas amarga,
En el fondo de mi opa
Reflejos de miel dorada…
En el fondo de mi vida
Manantiales de mis lágrimas…
Tengo una bella tristeza
Bajo la luna de plata.
Una tristeza engañosa,
Que si dulce, que si amarga,
En el fondo está del vaso
Para no lograr probarla
Y contemplarla al través
De la talla sonrosada.
La tristeza de los ópalos,
De las perlas, de las albas,
De los versos… de las telas
Tenues de obscuras arañas…
De crisálidas que tejen
Entre ramas ignorada
Melancólica la seda
Del capullo de mi alma
En el silencio saudoso
De la noche milenaria…

YO BENDIGO TUS MANOS

Yo bendigo tus manos que en tarde rumorosa
Tejieron con delicia mi corona de esposa,
Que bordaron, pacientes –blonda, seda y cristal-,
La cuada primorosa de mi saya nupcial.
Yo bendigo tus manos, que, enferma y sin cariño
Enjugaron mi frente y acunaron mi niño.
Que en noche tenebrosa de llanto y de dolor
Me dieron su caricia con tímido temblor.
Yo bendigo tus manos cuando bordan o sanan,
Cuando en notas su bálsamo junto al teclado mañana.
A tu lado escuchando el melodioso canto,
Conocí que hay dulzura y placer en el llanto…
Y que en caja cerrada (ataúd, pecho, piano)
Hay milagros que surgen al calor de tu mano.
Cuando tedio y ausencia ponen frío y distancia
En tu voz cariciosa, en tu tibia fragancia,
Quiero soñar tu rostro, bondadoso y señero…
Mas no logro acertar el tuyo, el verdadero…
Sonriendo, gozoso, por mi dicha risueño?
Extasiado ante el piano en romántico empeño
De hacerlo sollozar? En lágrimas mojado
Como en triste velada lo miraba a mi lado?
Sólo tus manos son unas siempre! Plasmada
En ellas vive tu alma, serena y perfumada.
Un diamante (una lágrima) y tu sangre (un rubí)
Veo temblar en tu dedo bajo la luz amiga,
Cuando a la noche pienso, para pensar en ti,
En tus benditas manos rendidas de fatiga.