ANDRÉS JULIO AYBAR


República Dominicana, 1872


EN DONDE BRILLAS

En busca voy del lirio
El blando césped, donde el pie lo huella,
Pozo es de olor. Y un cirio
Que alumbra mi sendero es cada estrella.
El lirio está en el valle,
No lo he encontrado en donde lo buscaba.
Cuando a su lado me halle
Tendré el contento que el amor recaba.
Con ansia el valle exploro
El lirio es un lucero reflejado.
Su corazón es de oro,
Su manto está de púrpura bordado.
Es ideal bandera
La Luna castamente lo arrebola,
Y la sutil Quimera
Le llena de ilusiones la corola.
-En dónde brillas, lirio?
De tu viviente luz estoy sediento.
Gobierna mi delirio
Con la olorosa mano de tu aliento?
Mi anhelo ardiente vacía!
Tus almos pechos dame por avío!
Dame tu miel de gracia
Y escánciame tu opa de rocío!
Haz, lirio, que mi huerto
Sea jardín. Sé estrella de mi viaje,
Sé faro, y dame puerto,
Que un corazón de amor es mi equipaje!

INTERESADA OFRENDA

A verla voy, de noche,
Por el sendero en flor,
A verla, por la noche
Con mi jornal de amor.
Se ciernen las estrellas
Hasta el celeste azul
Que va cerniendo estrellas
Con su cendal de tul.
La tierra se hace alfombra
Porque no dé un traspié.
La tierra es siempre alfombra
Si va el contento a pie.
La tibia yerba huele
A menta y serpol.
Y hasta la sombra huele, 
Como la tierra, a sol.
El corazón, -a saltos
Primero hacia ella en ir-,
Qué brincos da y qué saltos!
Ay, se me va a partir!
Y él es entero suyo
Y así lo he de entregar,
Para que entero el suyo
Me quiera entonces dar.

CANTEMOS AL SEÑOR

Ah! los niños enclenques que pululan
Por calles y por plazas. Ah! los viejos
Que imploran caridad con tristes dejos,
Que si lacerias tienen más simulan.
Ah! los leprosos, que en fealdad emulan,
Cuyo hedor los anuncia desde lejos
Ah! los que males han –al vicio anejos-
Que a fuer de corrompidos se inoculan.
Ah! tántos cuyo aspecto aflige y llaga,
Yo un ser humano soy, un egoísta,
Repúgname fealdad, miseria y plaga.
Yo adoro la belleza, soy artista,
Y horror me infunde vuestra suerte aciaga,
Quitaos, miserables, de mi vista!

DE PORDIOSERO

Venías cual la luna
Al levantarse.
Ya mi alma te esperaba
Para humillarse
Y ya a la puerta
Del templo alzaba un pobre
Su henchida espuerta.
Prendióse en mis entrañas
Un fuego intenso.
Mi corazón fue brasa
Quemando incienso
Mi fantasía
Tocaba las campanas
De la alegría
A ese otro una moneda
Donaste, oh amada.

Yo quise más, yo quise
Una mirada!
Mas tú volviste
La cara al otro lado,
Y ni me viste!
Después, aunque en mis ojos
Fue nube el llanto,
Quedé, de haberte visto,
Bajo un encanto!
De más fervor
Enriquecido, oh! amada,
Y más amor!


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