POETAS CHILENOS


ALBERTO BAEZA FLORES
ALBERTO MAURET CAAMAÑO
ALBERTO MENDEZ BRAVO
ALBERTO ROJAS JIMENÉZ
ALBERTO RUBIO BIESCO
ALDO TORRES PÚA
ALEJANDRO FLORES PINAUD
ALEJANDRO GALAZ JIMENEZ
ALEJANDRO JODOROSWKY 
ALFONSO CALDERÓN
AMALIA SALAS INSIGNIA
ANDRÉS SABELLA GALVEZ
ANGEL CRUCHAGA SANTA MARÍA
ANTONIO BORQUEZ SOLAR
ANTONIO CAMPAÑA
ARMANDO ULLOA
AUGUSTO SANTELICES
AUGUSTO WINTER
BRAULIO ARENAS
CARLOS HERMOSILLA ALVAREZ
CARLOS MONCADA OCHOA
CARLOS MONDACA CORTÉS
CARMEN CASTILLO OYANEDER
CHELA REYES
CLEMENTE ANDRADE MARCHANT
DAMASO OGAZ
DANIEL DE LA VEGA
DAVID ROSENMANN TAUB
DAVID VALJALO
DIEGO DOBLÉ URRUTIA
EDUARDO ANGUITA CUELLAR
ENRIQUE GOMEZ CORREA
ENRIQUE LIHN
EUSEBIO LILLO
FERNANDO BINVIGNAT
FRANCISCA OSSANDÓN
FRANCISCO DONOSO
GABRIELA MISTRAL
GLADYS THEIN
GUILLERMO BLEST GANA
GUILLERMO MATTA Y GOCHENECHEA
HOMERO ARCE
JERÓNIMO LAGOS LISBOA
JORGE GONZÁLEZ BASTÍAS
JORGE HÜBNER BEZANILLA
JORGE TEILLIER
JOSE MIGUEL VICUÑA
JUAN EGAÑA
JULIO VICUÑA CIFUENTES
JUVENCIO VALLE
MANUEL BLANCO CUARTÍN
MANUEL MAGALLANES MOURÉ
MARIA ISABEL PERALTA
MARÍA MONVEL
MARIA SILVA OSSA
MIGUEL ARTECHE
OLGA ACEVEDO
OSCAR CASTRO
PABLO DE ROCKHA
PABLO NERUDA
PASCUAL BRANDI VERA
PATRICIA MORGAN
PEDRO PRADO
PEDRO SIENNA
RAIMUNDO ECHEVARRÍA LARRAZÁBAL
ROMEO MURGA
ROQUE ESTEBAN SCARPA
ROSAMEL DEL VALLE
ROSARIO ORREGO DE URIBE
SANTIAGO POLANCO NUÑO
SARA VIAL 
SERGIO BADILLA CASTILLO
VICENTE HUIDOBRO
VICTOR DOMINGO SILVA
VICTOR JARA
VICTORIANO VICARIO

DOLORES PINCHEIRA OYARZUN


Concepción-Chile, 1914 - 1994


PÉTALOS DE SANGRE

El volcán
con sus ángeles blancos
decora el cielo oscuro.
Es un balcón de luz
que señala las cosas
con una lividez de mundo muerto.
Abajo la pradera solitaria.
La oscuridad y el llanto.
Busco un refugio, una voz
que quiebre el silencio helado.
Estrellas inmóviles
en el firmamento
y en el pecho lloran
pétalos de sangre.

CARLOS RUIZ ZALDIVAR

Pisagua-Chile, 1925 - San Felipe, 2010

XXXII


Hay incendios con llamas hacia afuera
y los hay con el fuego pecho adentro,
hay nieves en cualquiera primavera
y por invierno los soles en su centro.
¡Qué extraña, pues, que sea en esta espera
el casco y la pezuña del encuentro
y sea en la ruleta de la esfera
el segundo fatal del desencuentro!
Me voy con la manzana entre los dientes,
una lata amarrada en el zapato
y un nido de perdiz en las axilas.
Me voy con la leyenda en las corrientes,
este inventario de juglar barato
y esta cojera parda en las pupilas.

BORIS CALDERON

 San Bernardo-Chile, 1934-62

AQUELLA NOCHE


Aquella noche
no eras la misma, de las alas
verdes.
Tu podredumbre tocaba el fondo de mis ojos
envolviéndome en círculos letales.
Descarnadas aves volteaban junto a mí.
La inexperta, la negra, me invitaba al festín,
tocando mis hombros con sus alas de topacio.
¡Oh! ¡Su piel de vidrio
caminando sobre los huesos vacíos!
Yo estaba deshecho;
una piedra azul en mi garganta.
La frente cubierta de ceniza,
transfigurado por la huida.
¡Cómo despertar! ¡Oh, dioses de espanto!
¡Cómo despertar!
Una luna de asfalto caía a pedazos
sobre los flancos viscosos,
Me atisbaba
a través de los ojos del monstruo.
Mis huellas se hundían
al fondo de los planetas.
¡Huye! ¡Huye! Ululaba riendo,
la soledad empequeñece el espacio.
219Vamos al hermoso patíbulo
asediado de orquídeas
tendrás una muralla para tus ojos
y un pantano para que goces con tu amada.
Os daré dos arañas para vuestros dedos.
Eres el elegido, sígueme, sígueme.
Tardamos, lobo triste
mañana es el gran festín.
¡Oh!, lobo lejano, sígueme,
que la novia espera, con su sexo de tumba.

LA LUZ ESTÁ ROTA BAJO MI PIEL

A la sombra de los astros,
bajo los grandes leprosarios del invierno,
Me has esperado siempre
Desde que eres cruz de ébano.
Desorbitado de fantasmas, enloquecido,
Vago por túneles de cristal hacia los acantilados,
Te busco, para disolverme en tí como la música del
vicio
Quiero encontrarte gimiendo,
Antes que precipites el alba en la oquedad de mis fauces;
¿Dudas todavía ser flor de los abismos?
Pienso que seguirás siendo de ébano
Como cuando Dios convulso aulló: ¡Hágase la luz!
Debes ignorar que tras el horizonte
Hay una catástrofe de columnas y planetas enloquecidos,
Y que aún dista la selva de nelumbios.
¡Ay! amada, ¡Isla de Anémonas, Joya de Espanto!
¡Arroja sobre el océano tus cánticos de oro!
¡Desgarra mi corazón en el crepúsculo!
Toca tus ojos con el azufre de mis alas negras
Y verás revolcarse la tragedia del opio.
Allí, desesperados frente a la eternidad,
Solos frente a los mares de amatista,
Cuando se hunda el ocaso como una nave de espanto.
Pálidos y en silencio, enterraremos la belleza.

NO SONIDO DEL DELIRIO FANTASMA


Hacia dónde huimos, arrancándonos las carnes?
Acosados de tinieblas. Perseguidos.
¿Hacia dónde? Gris del ángel.
En el Más Allá tras el llanto de las hienas,
Con un junco de oro entre sus manos descarnadas
Dios sacude y abre para siempre
La eternidad de nuestros ataúdes.
¡Cómo te amo!
¡Cómo un tumulto de moscas afiebradas
Encienden mi delirio!
Más, ¡oh! Bellas esclavas de la noche,
¿Por qué habéis adornado mi frente lacerada
Con guirnaldas de serpiente?
¿Porqué, malditas?
La noche en ella se ha posado verde
Y me muerde su color sin límite,
Me enloquece su color caído,
Su verde devorado por la muerte.
Mientras, alejada, todo cambia, todo muere,
Tu diadema de crótalos,
Tus cristales enlodados y tu llanto.
Todo ha muerto, Deshojada, todo ha verde
Y caído para siempre en el sonido.

* De "El Canto de las Bocas Muertas", 1955 – Exaltación del Suicidio
http://derokha.blogspot.com/2009/07/poemas-de-boris-calderon.html

ALBERTO VALDIVIA


Santiago de Chile, 1894 - 1938

MERCEDES MARIN DEL SOLAR


Chile, 1804 - 1866

A LA HERMOSURA
 

¿Qué eres, dulce hermosura, ante los ojos
del mortal que seduces con tu encanto?
Objeto destinado a verter llanto,
juguete de sus pérfidos antojos.

Raro será el que rinda por despojos
a la pura beldad un amor santo;
el hombre engaña, ríe, y entre tanto
siembra bajo su planta mis abrojos.

Tal es tu vida. La mujer hermosa
cual delicada flor, busqué abrigo
de la excelsa virtud, y cautelosa

el prudente temor lleve consigo
y guarde el amor la pura rosa
al esposo feliz, al digno amigo.

http://cienpoemaschilenosclaves.blogspot.com/2009/04/la-hermosura-mercedes-marin-del-solar.html


MAX JARA


Yerbas Buenas, 1886 - Santiago de Chile, 1965

EL AMOR
 


El amor es grave y el amor hastía. 
El ansia del beso mató mi alegría. 
El beso que espero y el beso que evoco, 
ambos son dos pasos hacia la agonía; 
el amor es triste, desmayado y loco.

Sólo las mujeres pueden con su carga. 
Si tras la dudosa bondad de su gesto, 
el hastío insomne los dedos alarga, 
¿qué más que mitigue nuestra sed amarga 
el amor vendido o el amor honesto?

Deseo es paloma toda ensangrentada, 
de dolor gozoso vive estremecida. 
Carne que al espasmo nació condenada, 
la lujuria es triste, y en la boca amada 
quién sabe si espera la muerte o la vida.

VOZ EN EL DESIERTO 


Musa de juventud, que a la eterna distancia 
del olvido dilatas tu perenne armonía, 
el último vestigio de una ideal fragancia 
hoy sube del jardín de mi melancolía.

Verdor de las praderas cuajadas de rocíos, 
tu recuerdo minora la fatiga doliente 
con que los corazones de ilusiones vacíos 
se pierden en la noche pacífica y doliente.

Hoy que, mudas las voces de todas las virtudes, 
me devora el supremo dolor del egoísmo, 
purísima visión de muertas juventudes, 
cómo pensar que un día naciste de mí mismo.

Cuando, tras horas crueles de fiebre y desaliño, 
un minuto de paz me concede la suerte, 
la visión melancólica de mis ojos de niño 
me agobia con la enorme tristeza de la muerte.

ESTRELLA

Yo sé de una estrella que luce remota. 
Su rayo en mi noche desmayado flota. 
Su rayo que finge la expresión tranquila
de una soñadora virginal pupila.
Su rayo que anima temblor de sollozo,
su rayo que es prenda de amor doloroso.

Los vientos que traen rumor de follaje
de lejanos bosques con denso ramaje,
los vientos que llevan en un grito amargo
condensado el tedio del camino largo,
también se han llevado, con rumbo a la noche,
musical y tibio, este primer broche
de mi amor al astro que, desde muy lejos,
me envía recuerdos en vez de reflejos.

El lago la ha visto cruzar pensativa.
La ve, tembloroso, velar desde arriba.
El lago la mima. Sedoso la arrulla
cual si fuese el sueño de las ansias suyas.
Tal vez el reflejo con que el astro vibra
hiriendo las aguas con mágica fibra,
hace que la espuma que en la margen deje,
como mujer virgen de amores se queje.

Vientos cuya lengua, viril y sonora,
dejan una estela de cantos de aurora
vientos de esperanzabeso y primavera, 
alegran en vano mi lóbrega espera. 
Bien sé que la estrella se abisma en la noche
como flor efímera que cierra su broche. 
Y yo la lamento morir en la altura 
con grave tristeza, con vana amargura.

Deseara darle la llama sincera 
de todos los sueños de mi vida entera, 
le ofrendara todos los trémulos bríos 
de todas las chispas de los sueños míos; 
que si ella me mira, que si ella me besa 
qué importa que sólo me quede tristeza.

HABLA LA NIEVE 


Mi vida cristalina 
es azahar y mortaja. 
Yo soy la inaccesible peregrina 
que muere cuando baja. 
Soy un silencio grave, 
soy ala en agonía. 
No hay quién la hiel de mi pureza lave. 
Soy la melancolía.

Soy la única, la sola, 
condenada a posar sobre la cumbre 
cuya serenidad augusta viola, 
con sutil pesadumbre, 
mi beso que su flanco desmorona 
y su línea pervierte, 
mi beso que corona 
con sudario de muerte.

De la línea dormida 
de pasiones que fueron, 
en la ondulante y secular caída 
del mago ventisquero, 
resbala con isócrona armonía, 
en la trémula gota, 
el ansia de los días 
que del silencio de mi forma brota.

Tiembla y vacila su virtud serena, 
suspensa ante el horror del precipicio, 
cual una casta pena 
en la noche del vicio. 
Música de mujer hay en la fuente 
y va cantante hacia el dolor futuro, 
envuelto por la bruma del poniente, 
insaciable y oscuro.

Poemas de Max Jara http://www.poemas-del-alma.com/max-jara-habla-la-nieve.htm#ixzz2lIMopZLa

GONZALO ROJAS

Lebu, 1916 – Santiago de Chile, 2011

EL FORNICIO
 


Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones,
te turbulentamente besaré, mi vergonzosa,
en esos muslos de individua blanca,
tocara esos pies para otro vuelo más aire
que ese aire felino de tu fragancia,
te dijera española mía, francesa mía,
inglesa, ragazza, nórdica boreal,
espuma de la diáspora del Génesis
¿Qué más te dijera por dentro?
¿Griega, mi egipcia, romana por el mármol?
¿Fenicia, cartaginesa, o loca,
Locamente andaluza en el arco de morir
con todos los pétalos abiertos,
tensa la cítara de Dios, en la danza del fornicio?
Te oyera aullar, te fuera mordiendo
hasta las últimas amapolas, mi posesa,
te todavía enloqueciera allí, en el frescor ciego,
te nadara en la inmensidad insaciable de la lascivia,
riera frenético el frenesí con tus dientes,
me arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo de otra pureza,
oyera cantar las esferas estallantes como Pitágoras,
te lamiera, te olfateara como el león a su leona,
para el sol, fálicamente mía, ¡te amara!.

¿QUE SE AMA CUANDO SE AMA?
 


¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¨¿Quién es? ¨¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus
volcanes
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raices?
¨O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en particular de fugaces
de eternidad visible
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso

EDUARDO AGUIRRE ORTIZ


Chile, 1918

EL CACTUS
 


De vez en cuando, en los valles transversales,
o en los lindes del desierto rojo
como puntual, hito, límite,
naces, cactus, de despiadada gracia.
Alzas los brazos sarmentosos
suplicantes de justicia, obrero sin destino,
solo, desdeñado, pordiosero,
atalaya de los cerros, faro herido.
Nacido entre las peñas,
azotado por el frío de la tarde,
el cielo con su garganta seca
te da el rocío por tus lágrimas nocturnas.
Y nunca está contigo nadie
ni almohada de peregrino,
ni leña de hortelano, refugio de chincol,
ni palo de honda ni amigo del niño.
Huraño naces, aislado creces
y la muerte que a todos espanta
huye de tu lado para no ser herida.
Mas cuando en la tierra todo florece,
cuando en el árbol el fruto cuaja,
tu cuerpo de horrorosa gracia,
se abre en silencio para el alumbramiento.
Y nace la flor blanca, preciosa,
diamante engastado, joyero del cerro,
la hija del misántropo ignorado
decora el alma con su mejor estrella.
Mas la flor, cumplido su destino,
tan pronto como nace, muere.
Y cuando el sol le ciega los ojos,
pliega los pétalos de pureza nacarina,
cae el cactus de bruces, muerto,
asesinado por sus propias dagas.
Nadie le llora,
nadie un saludo.
En el mundo sin explicárselo siquiera
hay quienes se mueren sin producir ruido.

http://antologiaabsoluta.blogspot.com/2012/12/eduardo-aguirre-ortiz-cactus.html

JUAN GUZMÁN CRUCHAGA


Santiago de Chile,1895-Viña del Mar, 1979

PRESENCIA

Estás presente en todo lo que miro
y en todo lo que canto y lo que cuento,
en la vertiente de mi pensamiento
y en la raíz amarga del suspiro.
En el aire de otoño que respiro,
en la luna de plata y en el viento,
en la fuga del río, en el aliento
del jazmín y en la estrella de zafiro.
Hace mil años que nos encontramos,
obedecimos a los mismos amos.
Dijo la misma estrella nuestra suerte.
Nos impuso el amor la misma pena,
la misma claridad, igual cadena,
y nos dio muerte de la misma muerte 

CLARO DE LUNA

La luna entre los árboles
ennobleció el silencio de la noche armoniosa
y tomaron las fuentes vaguedad de pupilas,
y hubo meditaciones albm en las magnolias.

El misterio nocturno se aromó de azucenas,
conmovidas palabras vinieron de la sombra
Los amores antiguos, -seda triste, oro turbio,-
vivían en la voz helada de las hojas.

COMPAÑERA

Tu voz, viajera de muchos siglos,
llegó apoyándose en un sueño.
En ningún país la reconocían.
No cabía en ningún recuerdo.
No sigas. Quédate. Eres mía.
Lo sé desde el alba del tiempo.

Tus ojos perseguidos
todavía tiemblan de miedo.
Oscuras jaurías de angustia
los acosaban.
Cierra. Hay viento.
Descansa. Es la dicha tranquila.
El reposo. El silencio y el fuego.

Iban tus manos entre mis libros,
entre mis flores y mis versos
naturalmente, sin asombro.
Tampoco había asombro en ellos.

Las rosas que ahora te miran
son nietas de las que te vieron.
Descansa. Quédate. Eres mía.
Lo sé desde el alba del tiempo.

¡NUNCA MÁS!
¿Qué largo silencio de nieve
te ha adormecido el corazón
y qué estrella lejana llueve
su frío en tu desolación?

¿Qué claro arroyo de agua pura
se ha llevado tus pensamientos
y en qué jardines de locura
se inmovilizan tus momentos?

Tal vez un sueño mío hubiera
sido el más leve cabezal
de tu doliente primavera
lírica, turbia y musical.
Mi soledad t e ampararía…
(En tu dolor no comprendiste
la virtud de mi compañía
ni la VOZ de mi parque triste).

¿Qué luna torva se levanta
en tu senda? Me llamarás.. .
(¿No escuchas al reloj que canta?
¡Nunca más!??)

http://www.poemasde.net/poemas-de-juan-guzman-cruchaga/

JUAN MARIN

Talca-Chile, 1900-1963

SUPERAVION


Sobre el trampolín de los vientos vírgenes
la mariposa férrea ha brincado
un corazón piloto sale a caza
de constelaciones
anteojos tetraédricos chaquetas
impermeables para el desconcierto
rrrrrrrrrrrrr...
¡cómo zumba el moscardón de la muerte
en la frentes graníticas de las cordilleras!
El espacio es la negación de sí mismo
y el tiempo va caminando hacia atrás
rrrrrrrrrrr...
la hélice va trizando
los espejos de niebla del silencio
¿cuántos faroles de la Broadway aérea
puso un alcalde loco en la Vía Láctea?
Una mirada de hombre apagó
4 aerolitos apaches
con la linterna de sus alas pobres
el hombre entra en el pozo de la mina
y encuentra filones de oro errante
en los cordeles de las nebulosas
como un pañuelo recién lavado
una luna de lienzo está colgando
rrrrrrrrrrr r...
tirabuzón de hierro
¡adelante adelante!
40Destapa todos los frascos del éter
10, 000 metros
olas que acarician la médula
el alma sale a columpiarse en Dios
allá abajo
la tierra se disfraza en el día de naranja
y luego se torna diminuta cabeza
de Jack Johnson
bajo las claraboyas del abismo
la placa micro-cósmica hace el cielo
de su vida
infinita escalera del espacio
mientras bajan las luces siderales
un Diógenes con alas va trepando
el hombre va embriagado de azul y de electrones
ya tiene en sus aurículas
la oscilación eterna
su advenimiento es fruto de una pasión de soles
muy lejos se ha apagado el último recuerdo
el beso de la novia y el adiós con lágrimas
cayeron al franquear los 5, 000 metros
el último terror la sugerencia
final de la muerte
quedó en los 10, 000
después
¡Oh! Borrachera de cósmicos brebajes!
¡Oh! Epilepsias de amores en el vértigo!
¡Succiones en los senos lactecentes
de la Venus de ámbar!
30, 000 metros
40, 000
50, 000...
por la película
de sus tálamos ópticos
Perla White va rodando disfrazada de estrella
41en el carrousel de fuego de su elíptica
con las tijeras de sus alas
el hombre ha cortado una guedeja al sol
¡vuela el superavión!
Lo atraen las lunas de arrabal de los Oriones
en los negros carnavales del silencio
100, 000 metros
hay una cruz vagabunda
donde murió de asfixia Julio Verne
y tuvo el primer síncope el enorme Einstein
el motor...
rrrrrrrrrrr...
se ha perdido en las fuerzas múltiples
el corazón del hombre sigue
sigue
ascendiendo en los vórtices infinitos
en el telón del universo
se proyectan los signos
gritos astrales
nacen se rompen y mueren en sí mismos
más allá de las líneas en la danza
de horizontes enanos y de siglos microscópicos
más allá de los astros sobre el polvo
de oro atómico de las constelaciones
sobre el galope de las ideologías
en medio de las sombras del Cosmos
el hombre afirma su existencia milenaria
con el superavión de su pensamiento

MECÁNICA

Oh poema de acero que abrazas el mundo nuevo
grito de los bronquios de la usina
tus rimas son los ejes biselados
fulgurantes de voluntad dinámica
como bíceps de gigantes caídos
desde un planeta Marte humanizado
a golpes de siglos
fierros luces poleas
leit-motiv de las hondas hertzianas
canto de los dinamos delirantes
las chispas son los besos pasionales
el moscardón azul de aquellas hélices
picotea los muros blancos
sierras tornos platinos
que eliminan esperanzas
dulce canción de los dientes
hieden los blancos metales
himno de la mecánica de ojos grises
fragancia de humos y carburantes
puertos angulares y ciudades geométricas
plástica libre de una nueva estética
linea armónica de los puentes de acero
fermentación metálica de las materias primas
virutas enrolladas válvulas
usina cúbica
duermen los hombres en tu seno
arrollados
por tus ritornelos de duraluminio
trituradora de romanticismo
madre de los sueños nuevos
tu aliento de benzol y gasolina
estremece las bielas
de los nuevos corazones del mundo
oh diosa recién nacida
convulsiones de jazz-band de hierro
despertaron las calles de América
y ventilan la Europa decadente
nuevo sentido del Universo
nuestro
poema de acero
canción mecánica
esperas un instrumento y una lengua
que exprese tu alma henchida
de alaridos inmensos
esperas al poeta titán
super-producto de una época
que recoja en su verso magnífico
gluglú de submarinos y zumbido de aviones
rechinar de calderas
sutil vibración de dinamómetros
caricias radiotelegráficas
nadie ha escrito el más divino verso
aquel que gira en la correa de un dinamo
el que teclea en un motor
el que como un monstruo eléctrico
en las noches silentes
corre su escalofrío lírico
por los alambres impertérritos
mecánica canción y sistema
filosofía oculta de una incógnita alquimia
ha de surgir el HOMBRE
que te muestre desnuda
que viole tus secretos
vuelque tu corazón en tus retortas
lo queme en tus hornazas
y escriba
la nueva lírica
la de las líneas rectas
la de los fuselajes
de las altas antenas
y de las ruedas infinitamente veloces
que te empujan
que te arrastran
suelta en el viento tu melena eléctrica
por los invisibles planos cósmicos.