VICTOR JARA


San Ignacio-Chile, 1932-1083

EL ULTIMO POEMA DE VICTOR JARA

POEMA 

Somos cinco mil 
en esta pequeña parte de la ciudad. 
Somos cinco mil. 
¿Cuántos seremos en total 
en las ciudades y en todo el país? 
Solo aquí, 
diez mil manos siembran 
y hacen andar las fábricas. 
¡Cuánta humanidad 
con hambre, frío, pánico, dolor, 
presión moral, terror y locura! 
Seis de los nuestros se perdieron 
en el espacio de las estrellas. 
Un muerto, un golpeado como jamás creí 
se podría golpear a un ser humano. 
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores, 
uno saltó al vacío, 
otro golpeándose la cabeza contra el muro, 
pero todos con la mirada fija de la muerte. 
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo! 
Llevan a cabo sus planes con precisión artera 
Sin importarles nada. 
La sangre para ellos son medallas. 
La matanza es acto de heroísmo 
¿Es este el mundo que creaste, dios mío? 
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo? 
En estas cuatro murallas solo existe un número 
que no progresa, 
que lentamente querrá más muerte. 
Pero de pronto me golpea la conciencia 
y veo esta marea sin latido, 
pero con el pulso de las máquinas 
y los militares mostrando su rostro de matrona 
llena de dulzura. 
¿Y México, Cuba y el mundo? 
¡Que griten esta ignominia! 
Somos diez mil manos menos 
que no producen. 
¿Cuántos somos en toda la Patria? 
La sangre del compañero Presidente 
golpea más fuerte que bombas y metrallas 
Así golpeará nuestro puño nuevamente 
¡Canto que mal me sales 
cuando tengo que cantar espanto! 
Espanto como el que vivo 
como el que muero, espanto. 
De verme entre tanto y tantos 
momentos del infinito 
en que el silencio y el grito 
son las metas de este canto. 
Lo que veo nunca vi, 
lo que he sentido y que siento 
hará brotar el momento... 

(Víctor Jara, Estadio Chile, Septiembre 1973) 
Adital: Noticias de Chile,12.12.06 - CHILE

El día 11 de septiembre de 1973, cuando el golpe militar comandado por el dictador Augusto Pinochet derrumbó del poder de Salvador Allende, el compositor y cantor Víctor Jara fue detenido con otros 600 estudiantes en la Universidad donde trabajaba. Llevado al Estadio Nacional en Santiago, ese mismo día fue torturado y asesinado por militares. Días después, su mujer, Joan Jara, identificó el cuerpo del poeta, fusilado y con las manos amputadas. En el estadio, escribió su último poema. 

VIENTOS DEL PUEBLO

Vientos del pueblo me llaman,
vientos del pueblo me llevan,
Victor Jara.
Vientos del pueblo te llaman
pero cómo ovillar este hilo insomne,
esta ramazón civil de altos principios,
y la ignominia quede sin justicia?
Cómo salvar la rosa de tus cantos
y la guitarra se instale febril
en nuestros versos
capitaneados por tu “Plegaria a un Labrador”
en ese crucial momento de setiembre
donde un solo segundo de tu tiempo
bastó para dejarte sin voz
ni gestos, ni mirada?

Vientos del pueblo te llevan
pero cómo cultivar la nueva rosa
si en el estuario de tu guitarra
quedó colgada para siempre
una mañana fría, una mañana
de alucinantes mariposas
azules para “Amanda”

Vientos del pueblo te llaman y te llevan
pero de qué manera, finalmente,
estrechar tus manos verticales,
quebradas dedo a dedo
a vivo golpe de culatas
sin que las notas de alguna guitarra
perdida entre las calles
asome en sus cuerdas “La marcha
de los pobladores” querido amigo..

Miami, Julio, 2008 

CON TU PONCHO NEGRO

Te vi con tu poncho negro,
tu guitarra y tus sandalias
Te ví desandar 
tu tierra hasta mi tierra
tu voz recién se asentaba
en la piel de nuestra Patria
Vi en tus ojos la tristeza
vi los manojos de dalias
las rosas, las margaritas
todo ví,
luego escuché tu voz
respaldada por el coro
del pueblo que acompañabas.
Vi todo eso,
mas vi tu rostro maravillado
ante la ola popular
que te aclamaba, te oía
y cantaba tus canciones
de pueblo entero, de pie
ante su hermano chileno.

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