POETAS PERUANOS


POETAS DE PERÚ

CÉSAR VALLEJO - ENRIQUE LÓPEZ ALBÚJAR - MANUEL GONZÁLEZ PRADA - JOSÉ SANTOS CHOCANO - LEONIDAS YEROVÍ DOUAT - MARTÍN ADÁN - JUAN DEL VALLE Y CAVIEDES - ALBERTO J. VARELA - BLANCA VARELA - MARIO FLORIÁN DÍAZ - ALBERTO HIDALGO LOBATO - ABRAHAM VALDELOMAR - RICARDO PALMA - ANTONIO ALFONSO CISNEROS CAMPOY - JOSÉ EUFEMIO LORA Y LORA - CARLOS AUGUSTO SALAVERRY - FELIPE SASSONE - ALBERTO CARRILLO RAMÍREZ - FEDERICO BARRETO - ALCIDES SPELUCIN - CARLOS GERMÁN BELLI - MARIANO MELGAR - JUAN PARRA DEL RIEGO - CÉSAR MORO


CÉSAR MORO ( ALFREDO QUÍSPEZ ASÍN)























Lima-Perú, 1903-1948


PRESTIGIO DEL AMOR

El amor consagra al amor
Los días sin lluvia
Y como conviene los días bellos
Para el amor y sus preferencias
Al prestigio del más viejo amor
A la lluvia de la palabra amor
Al único amor sin pena sin dicha sin retorno
Al porvenir de los dementes
A los sepultureros a los alegres compañeros de presidio
Al punzante al ardiente recuerdo del tatuaje
A mi amada muerte
A quienes dudan todavía
A los tesoros de los ciegos
A las lágrimas
Al agua al viento al fuego al amor
A la esperanza de quien destroza su amor
Al tormento del fuego y del hielo
A los primeros sucesos que han de señalar la rebelión y la
sangre
A las sábanas de los crímenes pasionales
A las bellas sábanas de los suicidas
A la más tierna culata razón del revólver
A las partidas que hasta el aire soplan
Al plomo de las balas
Para que hasta los no alcanzados
Mueren como perros envenenados
A la congoja de quienes despiertan
A las noches vacías
A mi vida perdida
A la pérdida sin dolor sin retorno sin dicha de la vida
Para que quienes aman y se envilecen en su dicha
Se levanten y lancen las primeras maldiciones
Al huracán
A las mañanas más tristes que todo
Para mejor borrar mi nombre
Para sacudir el polvo y volver al polvo
Para maldecir los instantes al parecer felices
Para el despertador cargado de pólvora
A las estatuas desnudas de la noche
Al mármol perdido
Para carecer de sepulcro
A las señales ígneas del puñal
A los solos a los únicos recuerdos sexuales
A la boca de piedra del amor
Al frío del agua la noche
Para ya nunca volver a comenzar
Al más tierno amor

De "Poemas" 1932-1937

CLEMENTE ALTHAUS


Lima-Perú, 1835 - París, 1881



A UN TIRANO

Tú que marcas con sangre tu camino,

beato tigre, loco sanguinario,

Nerón cristiano, místico asesino,

que envuelves el puñal con el rosario:

tú que, el pan recibiendo que convierte
en el cuerpo de Dios el sacerdote,
a dar horrible dilatada muerte
sales, armado del sonante azote:
tú que, después del celestial sustento
que la muerte te da, si a otros la vida,
comes del hombre el corazón sangriento,
siendo la humana sangre tu bebida:
de América del Sur nuevo Luis Once,
mas de su ingenio y su prudencia ajeno,
que un pedazo de mármol o de bronce
tienes por corazón dentro del seno:
tú que eclipsas las famas espantosas
de los monstruos más fieras y crüeles,
tu a quien envidia el execrable Rosas
los infames satánicos laureles:
¿Cuándo será que de tu horrendo yugo
respiren nuestros míseros hermanos,
y mueras bajo el hacha del verdugo,
para eterno escarmiento de tiranos?
Que, aunque anhelara de uno al otro polo
ver abolida tan justa pena,
yo la dejara para ti tan sólo,
porque tú no eres hombre sino hiena.
Mas no: más vale que el atroz convite
que te envidiaran las más crudas fieras,
tu famélico vientre al fin ahíte,
y por humana sangre ahogado mueras.

(1865)


EL DESAHUCIADO

Alaban del universo
todos la armonía suma
y su orden maravilloso
y su inefable hermosura,
Mas tal orden y belleza
no sólo a poner en duda,
sino hasta a negar se atreve
mi desvergonzada Musa.
Dadme un Mapa que la tierra,
Patria del hombre, dibuja:
ved que de ella el océano
tres cuartas partes ocupa:
los continentes son islas;
que el mar inmenso circunda,
cuando debieran los mares
ser, cuando mucho, lagunas.
Si el mundo es mansión del hombre,
¿ha sido medida justa
que casi todo agua sea
para la escamosa turba?
Patria del hombre a la tierra
llaman sin razón ninguna,
y patria de los pescados
se puede llamar con mucha.
Nadie de alabar se cansa
la hermosa luz de la luna:
yo confieso que es hermosa
y que mis penas endulza;
mas mi Musa cabalmente
en eso mismo se funda
para quejarse de que haya
mil y mil noches oscuras;
y si en el mar cada tarde
halla el sol su sepultura,
todas las noches debiera
arder la antorcha nocturna;
o, en vez de una luna sola,
debiera haber dos o muchas
cual las que a Saturno o Júpiter
magníficamente alumbran:
aunque lo mejor sería
que el sol no se hundiera nunca
y que hubiera un día eterno
sin tarde ni noche oscura.
Si bien en esta materia
habrá quien diga y arguya,
que para que el dulce Sueño
en el reposo nos hunda,
es útil, es necesario
que el universo se cubra
con las espesas tinieblas
de la noche taciturna:
pero ¿dormir era fuerza?
mi curiosidad pregunta;
¿qué necesidad había
de aquella muerte nocturna?
¿Es tan grande la distancia
que hay de la cuna a la tumba,
que así en pasajera muerte
media vida se nos huya?
Es blanda la primavera:
pues ¿por qué eterna no dura?
Y el verano y el invierno
sin cesar con ella turnan,
en alternativa inicua
condenándonos su furia
a que el calor nos derrita
y a que el frío nos entuma.
Aún al Otoño pudiera
admitirle por sus frutas
y por los ricos racimos
de la dulcísima uva,
con cuya caliente sangre,
ya dorada y ya purpúrea,
se consuelan los pesares
y alivian las desventuras.
Pero al invierno y verano
hallar no puedo disculpa,
ni compensación discurro
a su venida importuna.
Y ¿qué disculpa hallar pueden
zancudos, moscas y pulgas,
y mil molestos insectos
que en el aire y tierra abundan,
que nuestro pellejo horadan
y que nuestra sangre chupan,
que asordan nuestros oídos
y nuestra paciencia apuran?
¿Para qué son las montañas
y las áridas llanuras
e inhabitables desiertos
que tanta extensión ocupan?
Anchas páginas en blanco
del gran libro de Natura,
donde parece que nada
escribir supo su pluma...

(1866)

CARLOS OQUENDO DE AMAT


Puno- Perú, 1905 - Guadarrama, España, 1936


POEMA DEL MANICOMIO


Tuve miedo 

Y me regresè de la locura



Tuve miedo de ser
Una rueda
Un color
Un paso


PORQUE MIS OJOS ERAN NIÑOS

Y mi corazón
Un botón
Más
De
Mi camisa de fuerza

Pero hoy que mis ojos visten pantalones largos
Veo a la calle que està mendiga de pasos

POEMA

Para tí
tengo impresa una sonrisa en papel japón

mírame
que haces crecer la yerba de los prados

mujer
mapa de música claro de río fiesta de fruta

en tu ventana
cuelgan enredaderas de los volantes de los automóviles
y los expendedores disminuyen el precio de sus mercancías
déjame que bese tu voz

tu voz
que canta en todas las ramas de la mañana.


MADRE

Tu nombre viene lento como las músicas humildes
y de tus manos vuelan palomas blancas

mi recuerdo te viste siempre de blanco
como un recreo de niños que los hombres miran desde
aquí distante

un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura

a tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso

entre ti y el horizonte
mi palabra está primitiva como la lluvia o como los
himnos

porque ante ti callan las rosas y la canción

POEMA AL LADO DEL SUEÑO

Parque salido de un sabor admirable
Cantos colgados expresamente de un árbol
Arboles plantados en los lagos cuyo fruto es una estrella
Lagos de tela restaurada que se abren como sombrillas
Tu estás aquí como la brisa o como un pájaro
En tu sueño pastan elefantes con ojos de flor
Y un ángel rodará los ríos como aros
Eres casi de verdad
Pues para ti la lluvia es un íntimo aparato para medir cambio
moú Abel tel ven Abel en el té
Distribuyes signos astronómicos entre tus tarjetas de visita

JUAN PARRA DEL RIEGO


Huancayo-Perú, 1894-Montevideo, 1925


AL MOTOR MARAVILLOSO

Yo que canté un día

la belleza violenta y la alegría

de las locomotoras y de los aeroplanos,

qué serpentina loca le lanzaré hoy al mundo
para cantar tu arcano,
tus vivos cilindros sonámbulos, tu fuego profundo.
¡Oh, tú, el motor oculto de mi alma y de mis manos!
¡Qué llama enloquecida se enreda en tus fogones
y hace girar la rueda líquida de la sangre
y atiranta las poleas de los músculos
para mecer los columpios súbitos de las sensaciones,
cuando corro, beso, anhelo, callo, sufro, espero, miro,
salta mi alma en una loca carcajada,
floto en sedas de suspiro
o en el charco solitario de la sombra en que me estiro
se me copia el corazón como una estrella desolada!
Y qué electricidades
se me van por los alambres calientes de los nervios
hasta el cerebro, caja de las velocidades,
azules y negras y rejas de todos los sueños...
Zumba la turbina sutil de hondos dolores
y saltan imágenes,
y hacia donde ya no alcanza el ojo triste
con sus sedientas ruedas de colores
corre el tren de las imágenes...
Y qué émbolos oscuros se agitan sin cesar,
y que carbón jadeante de soles escondidos
a todo vapor, a todo vapor,
te hace andar
cuando se me hincha el corazón de una salvaje alegría
o se me quiere romper el dolor
y de melancolía.
Motor humano: tú eres
la única maravilla de este mundo doloroso,
por tu inmortal prodigio: el beso de las mujeres,
el pensamiento firme y armonioso,
la palabra que salta rotunda, patética y viva
por la célula furtiva
que trabaja en sus telares nuestro ritmo misterioso;
teje un día la Esperanza,
otro día el sufrimiento,
otro día la alegría.
Yo siento
cuando queda tensa y viva sobre mi alma la Energía,
¡Motor de la explosión de toda la vida mía!
Hondo motor que haces de mi cólera y mi llanto
mi callada pasión y mi fuerza y mi canto,
más ligero,
más ligero,
con la carga de esperanza que es mi única conquista:
tú, la máquina del único sendero sin sendero;
yo, tu alado y sangriento maquinista.


POLIRITMO DINÁMICO

A Gradin, jugador de fútbol

Palpitante y jubiloso
como el grito que se lanza de repente a un aviador,
todo así claro y nervioso,
yo te canto, ¡oh jugador maravilloso!
que hoy has puesto el pecho mío como un trémulo tambor.

Agil,
fino,
alado,
eléctrico,
repentino,
delicado,
fulminante,
yo te vi en la tarde olímpica jugar.
Mi alma estaba oscura y torpe de un secreto sollozante,
pero cuando rasgó el pito emocionante
y te vi correr...saltar...

Y fue el ¡hurra! Y la explosión de camisetas,
tras el loco volatín de la pelota,
y las oes y las zetas
del primer fugaz encaje
de la aguja de colores de tu cuerpo en el paisaje,
otro nuevo corazón de proa ardiente,
cada vez menos despacio
se me puso a dar mil vueltas en el pecho de repente.

Y te vi, Gradín
bronce vivo de la múltiple actitud,
zigzagueante espadachín
del golkeeper cazador,
de ese pájaro violento
que le silba a la pelota por el viento
y se va, regresa y cruza con su eléctrico temblor.
¡Flecha, víbora, campana, banderola!
¡Gradín, bala azul y verde! ¡Gradín, globo que se va!
Billarista de esa súbita y vibrante carambola
que se rompe en las cabezas y se enfila más allá...

Y discóbolo volante,
pasas uno...
dos...
tres...cuatro...
siete jugadores...

La pelota hierve en ruido seco y sordo de metralla,
se revuelca una epilepsia de colores
y ya estás frente a la valla
con el pecho...el alma...el pie...
y es el tiro que en la tarde azul estalla
como un cálido balazo que se lleva la pelota hasta la red.
¡Palomares! ¡Palomares!
de los clásicos aplausos populares...
¡Gradín, trompo, émbolo, música, bisturí, tirabuzón!
(¡Yo vi tres mujeres de esas con caderas como altares
palpitar estremecidas de emoción!)
¡Gradín! róbale al relámpago de tu cuerpo incandescente,
que hoy me ha roto en mil cometas de una loca elevación,
otra azul velocidad para mi frente
y otra mecha de colores que me vuele el corazón

Tú que cuando vas llevando la pelota
nadie cree que así juegas:
todos creen que patinas,
y en tu baile vas haciendo líneas griegas
que te siguen dando vueltas con sus vagas serpentinas.

¡Pez acróbata que al ímpetu del ataque más violento
se escabulle, arquea, flota
no lo ve nadie un momento,
pero como un submarino sale allá con la pelota...!
Y es entonces cuando suena la tribuna como el mar:
todos grítanle: ¡Gradín! ¡Gradín! ¡Gradín!

Y en el ronco oleaje negro que se quiere desbordar,
saltan pechos, vuelan brazos y hasta el fin
todos se hacen los coheteros
de una salva luminosa de sombreros
que se van hasta la luna a gritarle allá:
¡Gradín! ¡Gradín! ¡Gradín! 

MARIANO MELGAR


Arequipa, Virreinato del Perú, 1790 - Puno, 1815



¡AY AMOR! DULCE VENENO

¡Ay, amor!, dulce veneno,

ay, tema de mi delirio,

solicitado martirio

y de todos males lleno.


¡Ay, amor! lleno de insultos,
centro de angustias mortales,
donde los bienes son males
y los placeres tumultos.

¡Ay, amor! ladrón casero
de la quietud más estable.
¡Ay, amor, falso y mudable!
¡Ay, que por causa muero!

¡Ay, amor! glorioso infierno
y de infernales injurias,
león de celosas furias,
disfrazado de cordero.

¡Ay, amor!, pero ¿qué digo,
que conociendo quién eres,
abandonando placeres.
soy yo quien a ti te sigo?

YA QUE PARA MÍ NO VIVES

Ya que para mi no vives
Y no te han de ver mis ojos,
Pues te he perdido;
Daré lugar a mis penas
En la triste soledad
En que hoy me miro.

Tú me miras el precepto
De que olvide para siempre
Tus atractivos,
Cuando solo con la muerte
Sepultara esta memoria
En el olvido.
Te llorare eternamente
Como prenda inseparable
Del pecho mío;
Iras impresa en el alma
Dejando mi triste cuerpo


Cadáver frío.