PABLO ANTONIO CUADRA


Managua, Nicaragüa; 1912 - 2002

LA VACA MUERTA
 


No era el amor, ni la rosa, ni la voz del viento en el deshabitado murmullo de la noche.
Era ella, muerta.
Aislada en las serranías ásperas y desvalidas,
bajo el eterno paréntesis de sus cuernos sin amparo,
entre las cuatro sombras de sus pupilas vacías.

Su maternidad en la esfera de sus urbes
dormidas para el hijo,
para la amistad,
la Tierra.

Y luego la blanca llanura de la muerte.

(Yo seguía en el atento afán de la zozobra
aquel recuerdo de nieblas
entre los árboles).

Y cuando lo dijeron,
el niño inocente derramó sus lágrimas en la cocina
y las ciudades del Sur,
ignorando,
dormían.

Era ella, la que iba
a solazarse con el cedro.
La que partía, como el clavel sin sangre, a donde nadie sabe.

De Poemas nicaragüenses (Editorial Nascimiento, Santiago de Chile, 1934)

EL NACIMIENTO DEL SOL 


He inventado mundos nuevos. He soñado
noches construidas con sustancias inefables.
He fabricado astros radiantes, estrellas sutiles
en la proximidad de unos ojos entrecerrados.
Nunca sin embargo,
repetiré aquel primer día cuando nuestros padres
salieron con sus tribus de la húmeda selva
y miraron al oriente. Escucharon el rugido
del jaguar. El canto de los pájaros. Y vieron
levantarse un hombre cuya faz ardía.
Un mancebo de faz resplandeciente,
cuyas miradas luminosas secaban los pantanos.
Un joven alto y encendido cuyo rostro ardía.
Cuya faz iluminaba el mundo.

De El jaguar y la luna (Editorial Artes Gráficas, Managua, 1959) 
Tomados de Poesía selecta (Biblioteca Ayacucho,Caracas, 1991)

ESCRITO JUNTO A UNA FLOR AZUL 


Temo trazar el ala del gorrión
porque el pincel no dañe
su pequeña libertad.

Anote
el poderoso esta ley del maestro
cuando legisle para el débil.

Escuche
este adagio del alfarero la muchacha
cuando mis labios se acerquen.

EL ÁNGEL
De pie, con su estatura de recuerdo,
limpio, como agua erguida a contraluz,
el enamorado de la mendicidad
construye mi biografía.
Amo este ser incansable que me hiere a silencios.
Mas, día y noche, como un perro macilento,
giro alrededor de mi paraíso
donde dejé mi nostalgia
ahora dulcemente mortal.
¡ Si su espada, incandescente de memoria,
durmiera como mi sangre en sus noches!
Pero aquí estás
como álamo empecinado en tu exactitud,
poniendo tu ala lenta, casi fluvial,
sobre mi hombro,
sobre este lugar de carne deliberante y libertaria,
palpando si hay cruz,
si hay al menos un vago dolor cirineo,
y vuelves tu rostro,
tu faz poderosa, como una dalia con la fuerza
intolerable del roble,
como una estrella, con la ira amotinada y luminosa
del relámpago.

ALBARDA

Soy mi memoria.
Piel errante,
subsistiendo entre mi último balido
Y mi eterna obligación de partir.
Yo
Dona Albarda
Mariposa inválida de mi forma
sobreviviendo al sueño y al tropel.

Toro en mi torso
-con mis cuernos en vacío
como una antigua furia que se cubre de olvido.

Novillo en mi piel
-deseo limítrofe en mis cascos perdidos
como un antiguo cansando que no llega al recuerdo.

Buey en mi cuero
-testículos arrancados a la sucesión
conjugando solteramente mi amor con la carreta
como una vieja madera conyugal quemada por el viento.

Yo
Doña Albarda
Vaca en mi soledad y piel
-con mis fervientes ubres excluidas de la sed
con el candor de mis pupilas hundidas bajo los ríos
con mi antigua maternidad creciendo bajo los árboles.

Yo
con mi linaje
con mi bandera de muertos
repitiendo el deseo de horironte
caminando
eternamente sonando el tambor de mi piel
como la luna.
Caminando sobre la llanura estúpida y fangosa
caminando
sobre la abierta senda pisoteada
caminando
bajo la lluvia torrendal y lacrimosa
caminando
bajo la garúa susurrante
caminando
bajo el sol insolente y fogonero
caminando
entre la música metal de los lecheros
caminando
tras de la tarde herida bajo el ala
caminando
tras de la noche
caminando
tras de la muerte,
de nuevo caminando...

EL CEMENTERIO DE LOS PÁJAROS
Arribé al islote
enfermo
fatigado el remo
buscando
el descanso de un árbol.
No vi tierra
sino huesos.
De orilla a orilla
huesos
y esqueletos de aves,
plumas calcinadas,
hedor
de muerte,
moribundos
pájaros marinos,
graznidos
de agonía,
trinos tristes
y alguna
trémula
osamenta
aún erguida
con el pico
abierto al viento.

Con débil brazo
moví los remos
y di la espalda
al cementerio
del canto.

http://www.poemas-del-alma.com/pablo-antonio-cuadra.htm

PETER ALTENBERG


Viena-Austria, 1859 - 1919


Tienes tus preocupaciones, sea ésta, sea aquella… ¡al café!
Por algún motivo por muy comprensible que sea, ella no puede venir a verte… ¡al café!
Tienes las botas destrozadas… ¡al café!
Tienes un salario de cuatrocientas coronas y gastas quinientas…¡al café!
Eres un hombre correcto y ahorrador y no te permites ningún lujo… ¡al café!
Eres funcionario y te habría gustado ser médico… ¡al café!
No encuentras ninguna que armonice contigo… ¡al café!
Te hallas internamente al borde del suicidio… ¡al café!
Odias y desprecias a los seres humanos y, sin embargo, no puedes prescindir de ellos… ¡al café!
Ya no te fían en ningún sitio… ¡al café!


THOMAS BERNHARD


Heerleen Holanda, 1931- Austria, 1989



LA FLOR DE MI CÓLERA

La flor de mi cólera crece salvaje
Y cada espiga
Perfora el cielo
De modo que la sangre gotea de mi sol
Aumentando la flor de mi amargura
De esta hierba
Se lavan mis pies
Mi pan
Oh caballero
Flor inútil
En la rueda de la noche se estrangula
La flor de mi caballero del trigo
La flor de mi alma
Mi dios me desprecia
Estoy enfermo de esta flor
Que crece roja en mi cerebro
Sobre mi dolor.

Poema I, de In Hora Mortis.

No muchos mueren
por una casa
en el desierto
o por un árbol seco.

No muchos mueren
por cenizas
que fueron fuego,
por el vino
de un rey destronado
o por los incendios
para celebrar
a un caudillo.

No muchos mueren
por otro,
cuando las semillas vuelan
y en la primavera
muerte y aves
ennegrecen cielos claros.

No,
no muchos.


Del poemario Bajo el hierro de la luna.
Traducción de Miguel Sáenz ( DVD ediciones, 2000 ).

EL AÑO ES COMO EL AÑO HACE MIL AÑOS...

escucha,
en el viento flotan
miedos
T.B.

El año es como el año hace mil años,
llevamos el cántaro y golpeamos el lomo de la vaca,
segamos sin querer saber nada del invierno,
sin saber nada bebemos mosto,
pronto habremos sido olvidados
y los versos se desharán como nieve ante la casa.

El año es como el año hace mil años,
miramos al bosque como establo del mundo
mentimos y tejemos cestos para peras y manzanas,
dormimos mientras nuestras botas sucias
se descomponen ante la puerta de la casa.

El año es como el año hace mil años,
no sabemos nada.

(Del libro ‘Bajo el hierro de la luna’, DVD)

Nicolaus Thomas Bernhard, conocido como Thomas Bernhard, fue un novelistadramaturgo y poeta austriaco.

GEORGE TRAKL






































Salzburgo-Austria, 1887-Cracovia-Polonia, 1914




TRISTEZA

La desdicha universal flota como un espectro por la tarde.
Barracas que por incultos jardincillos pardos huyen.
Pabilos fantasmales oscilan en el estiércol quemado,
dos durmientes se bambolean rumbo a la casa, grises y difusos.

Sobre el marchito prado corre un niño
y juega con sus ojos negros y lisos.
El oro gotea de los arbustos borroso y apagado.
Un viejo gira tristemente al viento.

Al atardecer, de nuevo sobre mi cabeza,
Saturno guía mudo un sino desdichado.
Un árbol, los pasos de un perro en retirada,
y negro vacila el cielo de Dios y deshojado.

Un pececillo se desliza veloz en el arroyo
y leve roza apenas la mano del amigo muerto,
y alisa con ternura su frente y su vestido.
Una luz despierta las sombras en los cuartos.

Traducción: Rodolfo Modern

RAOUL HAUSMANN


Viena-Austria, 1886 - Limoges-Francia, 1971 



CORREO DADÁ

En la historia no ha habido más que dos caballos:
el caballo de Troya y el caballo dadá.
El primer caballo ayudó a destruir el feudalismo.
¡Oh, pobres y simpáticos Eneas y Héctor!
El segundo caballo ayudó a destruir la idea de Ciudad.
¡Oh, miserables cabezas serias de la civilización occidental!
Pero mientras que el caballo de Troya era de madera
y por la noche cagaba hombres-héroes,
¡el caballo dadá estaba vivo y eran los hombres
quienes lo habían parido a él!
¡Tremenda Historia la de parir un dadá,
que, además,
se extendió por todo el mundo y sólo dejó tras
su trasero un Mundo completamente DADÁ!
¡Oh, dadá, I dadá, U dadá, Eh dadá, Ah, DADÁ!
Se arrojaba por todas partes como un ferrocarril en un estruendo
que arrastraba
Arp-Pipi, Arp-Popo, Arp-Pipi, Arp-Popo, Arp-Pipi, Arp-Popo
Pipicabia-Popocabia, Pipicabia-Popocabia, Pipicabia-Popocabia
¡Mientras el Dadarp vaya en el blazer
Cualquier obra se declarará una Peste!
¡Viva el dadá blanco!


Raoul Hausmann fue un artista y escritor austríaco. Con el seudónimo Der Dadasophe ejerció un destacado papel como dadaísta creando collages experimentales, poesía sonora y realizando críticas institucionales en Alemania durante los años transcurridos entre las dos guerras mundiales. En 1937 ante la persecución a los intelectuales realizada por el régimen nazi emigró a Ibiza, pero tuvo que abandonarla en 1938 ante la entrada de las tropas alemanas que apoyaban a Franco. Durante la segunda guerra mundial se refugió en Peyrat-le-Château y en 1948 se fue a vivir a Limoges donde estuvo residiendo hasta su muerte en 1971. Durante este tiempo tuvo una producción muy diversa abordando disciplinas como la pintura, el collage, el fotomontaje, la fotografía e incluso la escultura. En 1958 apareció un lbro de memorias titulado Courrier Dada, posteriormente reeditado.

JOSEF WEINHEBER


Viena, 1892 - Kirchstetten, Baja Austria, 1945


NOCTURNO

Senda de grava y luna sobre el árbol:
todo se dice suavemente.
Todo está en el interior del sueño.

Huella en torno de la boca, que se queja,
frente, que arriba con las estrellas,
sufre, llamea e interroga.

Ay, aprender de la expiación:
todo es regalado solamente
para alejarnos de nosotros mismos.

¡Tiempo, donde el frescor se hunde!
Hora, donde el secretamente perturbado
piensa con amargura en el adiós.

¡Si tu corazón lo oyera todavía!
¡Siente cómo asciende el cielo nocturno
que a causa de aquél nos trastornara!

Huella en torno de la boca, que se queja,
senda de grava y luna sobre el árbol.
Vela, extinguiéndose en el cuarto.

Todo se dice suavemente.

A MEDIA VOZ

Toma lo más sombrío del hombre: esto es eterno.
Toma de un pecho doliente lo perdido, exhala
la vergüenza, la nostalgia, murmura el llanto
en la calma del atardecer,

en los pensamientos antes de dormir, todas
las palabras exhaladas de la noche otoñal, todos
los pobres caminos solitarios, la aflicción
y el término del amor.

Como tormenta es el dolor humano y como el remoto
juego de arpas; lo más profundo, empero,
es un río; no fluye desde aquí, corre
en el interior de la tierra.

Toma el dolor y conviértelo en canción. ¿Qué
canción es más dulce, cuál más dignamente delicada?
Igual a la boca herida de la amada, luego;
o a la rara
sonrisa de un moribundo. En los límites siempre
se vuelven más grandes los sentimientos. Pues en
el tránsito están la consagración y el deber y aquella
fuerza mortal del sacrificio.

¡Copa amarga, sé bendecida! Ay, ¿quién
sufre, pues, bastante? ¿Y quién fue
vaciado hasta el fin, para que la rígida y tirante
cuerda lo estremeciera?

SABER EN SILENCIO

Saber en silencio que partes
pronto abajo, hacia los Padres.
Arriba, en el sagrado cielo,
las nubes viajan en el viento.

Inclínate sobre la corriente,
escucha cómo callan las aguas.
¿Alguna vez, anteriormente,
amaste de un modo parecido?

El que todavía tiene tiempo, nada sabe.
¡Vida profunda! Oh, despedida,
amarga debilidad del corazón
bajo la fuerza de las flores.

¡Triste, y no poder tocarlas,
dulces, dulces formas!
¡Ah, con flores no lo aqueja
su viaje postrero!

Pardo otoño, más oscuro,
¡deja que una vez más te abrace!
Caen los frutos, quizás
el corazón se rompe más resignado.

Es difícil partir en primavera.
Pero los muertos vigilan.
Hermosa flor, no debo.
Severa madre, es que me voy...

ÁRBOL EN LA HELADA

De nuevo asciende la luna serena sobre la montaña.
Desde las tumbas sopla en el valle una lamentación.
Pero el ala cristalina tintinea
espantosa arriba en la cumbre: sus siglos

maduraron murmurando en él. 
Hace mucho, mucho antes que la casa y el vado,
se extendió hacia abajo, se convirtió en secreto, fue
grande y colmado en los veranos,
y las generaciones lo mecieron.

¡Oh, el temor solitario! Oh, el extravío,
cuando desde los sentidos y la savia una blanca rigidez se precipita.
De improviso lo ensordece la raíz,
e implacablemente una última tormenta lo doblega.

Desde un plumaje relleno se sobresaltan las dormidas
aves, cerniéndose pesadas, sin consejo,
en el cielo nocturno, en círculos
confusos, arrebatados lejos, hacia la luna.

AL HOMBRE VENIDERO

¿Puedo hablar de aquel que viene? ¿De qué modo
diré su nombre secreto? ¿Yo, un hombre
entre hombres, achacoso, siempre
junto al abismo, solitario e inerme
ante la confusión del mundo, que negro irrumpe en mí,
como en una casa abandonada un tropel de ladrones?
¿Puede hablar acaso quien tropieza, hablar
quien todavía busca? Y quien se equivoca ¿puede ponerse en el lugar
de Dios y decir: Esto quiero yo?

Sí, con el derecho del prisionero, que llora
por su libertad, conjuro la libertad,
con el llamado de la nostalgia, el sueño, y
con la queja del torturado, el lejano
ordenamiento de la bondad.
Con el derecho del que sufre, oh, el único
derecho que resiste a la noche y en otra 
orilla habita, en las aguas de la pureza,
con la divina pretensión del paciente, reclamo
el otoño del tormento, el fruto
viviente y lagar de la amargura, amén.

¿Debemos morirnos de hambre? Y siempre
se le dice al hombre venidero: ¿Hay hambre?
¿Debemos morirnos de frío y estar sin refugio? Y otra vez
el suelo vacila bajo nuestros pies, se parte el techo sobre la cabeza,
y la patria, vista en sueños, ya no está, no,
en los cien nombres con que se la presenta gloriosamente.
¿Debemos morir, siempre
desaparecer y morir? ¿Y nadie
borra de nuestras señas la espantosa inscripción:
“en vano”?

Lo que sufro, lo sufrimos todos. Y por ello
hablo: el que posee el lenguaje
tiene que hablar para todos.
Si peco, entonces todos pecamos. Pero, si con la palabra
acierto, anulo y redimo en consecuencia
la pérdida. Ninguna corona me es necesaria.

Hondamente y en cualquier 
pobreza hemos caído; remitidos
a lo último en nosotros: a estar de pie,
a meditar, a afirmar el resto: la pobre
dignidad del hombre.
Ni la necesidad de la falta ni el acaparamiento
del devenir son nuestro peligro:
las potencias son bondadosas 
para cualquier homenaje.

Nosotros, sin embargo,
nosotros saltamos por encima del orden,
levantamos de nuevo una estatua, propia de nuestra soberbia, dividimos
en vencidos y vencedores. Pero,
aquél que ya viene, ése se inclinará.

Atroz “Señor de la tierra”, ¿quién eres?
Ved, él habla de Dios y aplasta a su prójimo,
así como aplasta la flor, y nada puede
contra la propia invención, contra
toda la maldición de la caída
que lo embriaga y aniquila.
Desvalida su osadía, desvalida
su fuga del horror, espantosa,
empero, su decisión postrera: la fuerza.

¡Que no hable de Dios o de los dioses! Ambos
no están fuera de nosotros. Ay, ¿a quién exaltan
los templos todavía, allí donde las iglesias
no alcanzan a salvar?
Uncido a su ambición, con cánticos y pompa,
a Dios o a los dioses alimenta. Por encima
de sí mismo, los fortifica, pues más
y diferente que la Creación de aquéllos,
toma la propia por divina.

¡Hombre común, a ti te canto!
Entre miseria y esplendor, indignación y sufrimiento,
volverás a ti mismo, imagen de Dios.
Descansando en ti mismo,
descansarán las cosas y te amarán,
y serás dichoso en la fuerza
de lo liberado, y servirás.

¡Ven a nosotros, hombre venidero! Con el derecho del prisionero,
que llora por su libertad, conjuro la libertad,
con el llamado de la nostalgia, el sueño, y
con la queja del torturado, el lejano
ordenamiento de la bondad.

Con el derecho del que sufre, oh, el único
derecho que resiste al poder y en otra
orilla habita, en las aguas de la pureza,
con la divina pretensión del paciente, reclamo
por el término del tormento, el fruto
viviente y lagar de la amargura, amén.

Traducción: Rodolfo E. Modern
La inclusión de Josef Weinheber en Poéticas es una atención de Martín Sosa López
 — 

EGON SCHIELE

Tulln an der Donau, Austria, 1890 – Viena, 1918

Yo lo amaba todo -
quise mirar a los Hombres encolerizados con amor
para obligar a sus ojos a pagarme con la misma moneda;
y a los envidiosos, quise colmarlos de regalos y decirles
que yo no valía nada.

... oía dulces vientos-torbellinos
partir las líneas de los aires.
Y la muchacha
que leía con una voz quejumbrosa,
y los niños
que me miraban con grandes ojos
y respondían con caricias a la mirada que lo yes devolvía,
y las nubes a lo lejos,
posaban sus bellos ojos dóciles en mí.
Las muchachas lívidas y blancas me mostraban
sus piernas negras y sus ligas rojas
y hablaban con dedos negros.
Pero yo pensaba en los mundos lejanos,
en los digitales -
si yo mismo estuve allí,
apenas lo he sabido.

Traducción de Jorge Segovia.

BAJO UN CIELO BLANCO 

Ahora, vuelvo a ver la ciudad negra 
que ha permanecido 
igual, 
como siempre, aquí se desplazan pequeños propietarios
hogareños, 
–los pobres–
tan pobres, 
el follaje otoñal de susurrante–oropimente exhala un olor
parecido al suyo. –
¡Qué bello es el otoño en este paisaje invernoso 
de vientos desatados!

CAMINO DE CAMPO

Los grandes árboles
pasaban todos a lo largo del camino.
Temblorosos pájaros gorjeaban en ellos.
A grandes pasos, con aviesa mirada,
recorrí los caminos mojados.

BOSQUE DE ABETOS

Entro en el corazón
de la catedral negra–roja del denso bosque de abetos
que vive sin ruidos y se contempla en un mímico gesto.
Los troncos–pupilas se enmarañan
y se vacían del húmedo aire visible.
¡Qué belleza! – Todo está muerto vivo.

PAISAJE DE PONIENTE

Yo he visto campos en columpio 
desgarrarse bajo el efecto de minúsculos fragores
perdiendo miles de puntos amarillos sobre fondo amarillo,
estanques–espejos y nubes blandas.
Las montañas se curvaban hacia el suelo
y envolvían los aires en transparencias.
Yo respiré el sol.
Ahora, la tarde azul ha caído,
canta y me muestra primero los campos.
Una montaña azul que bañaba todavía una luz roja.
Yo estaba envuelto por esos perfumes variados como 
dentro de un sueño.

OBSERVACIÓN

Allá arriba, en el 
país susurrante cercado de densos bosques,
camina lentamente el hombre blanco 
exhalando–humo–azul
y respira, y respira todavía los blancos vientos del bosque.
Recorre la tierra con olores de cueva
y lo mismo llora que ríe.

SENSACIÓN

Los grandes vientos de las alturas 
enfriaron mi columna vertebral, 
y ahora mi mirada es estrábica.
Sobre una pared leprosa, vi
el mundo entero
con todos sus valles, y sus montañas, y sus extensiones 
de agua,
con todos sus animales que se desplazaban a lo lejos –
Las sombras de los árboles y las manchas del sol
me recordaron las nubes.
Sobre esa tierra, yo caminaba
y no percibía mis miembros
de tan ligero como me sentía