CARLOS LATORRE


Buenos Aires, 1916-1980

CIENCIA CIERTA

Un poema no se hace,
comparece;
va emergiendo como un islote que el mar pone lentamente en descubierto.
Un poema no dice nada de lo dicho ya,
grita, más bien,
como un apuñalado a quien el arma le revuelve las entrañas ferozmente.
Un poema no canta
ni encanta demasiado,
nos toma de la garganta como Jack,el Destripador en el estertor del consumado crimen de su negra imaginación.
Un poema no explica 
ni justifica,
nos somete como una borrachera desatada a medianoche en el estanco
de un burdel.
Un poema no hace luz
ni oscuridad,
sin embargo enceguece como el sol cuando se lo mira cara a cara.
Un poema es gratuito como un accidente
y comprometedor como un crimen sin coartada.

LA OTRA ERA

El sueño alcanza ya la velocidad de la realidad
Y a su relámpago se entrevee por fin el término 
de la contradicción.
El porvenir es ahora una actitud
En adelante la arqueología registrará sus rostros 
solamente en el corazón
La piedra y la lava apenas un manto piadoso sobre una
fugaz estadía en el espacio-tiempo
El presente-naufragio será justicia

(Los alcances de la realidad)

ARTE POÉTICA

La palabra busca cielo como pájaro que cruza el
atardecer sin dejar canto ni estela,
frágil golondrina fugaz en busca del eterno verano,
que en ocasiones muere sepultada en nieve de invierno
de otro hemisferio.
La palabra se proyecta como alameda que Lanza
remota flecha de horizonte,
desdichadamente desmoronada a tiro de piedra.
En ocasiones cae en surco de vida fértil,
a veces hace pie en tierra árida,
u hondonada envuelta en bandera de niebla de
pantano pestífero.
Mas lo que se pudre no es su intención reveladora
sino su envoltura de mariposa fatalmente letal a
fuerza de libar venenoso concepto,
explorar hermético laberinto ontológico
o habitar falso reino ideario.
La palabra describe paisaje semántico,
pocas veces playa marítima,
vida viva,
follaje azul,
fuente de agua pura
ni otra belleza creada en sol de amanecer,
noche
o tarde de lluvia.
Cuando la palabra habla de amor suele amar sólo
su eco estético,
su canto de Onán obseso o propio ritmo;
más
mucho más que imagen corpórea
o analogía,
más que piel de mujer ya sea adolescente
inocente
o triste ramera.
Sin embargo la palabra es verbo, acción,
para-vida,
meta-lenguaje,
propia meta que algún día terminará por alcanzar
sabia
y desnuda,
de toda estúpida convención
o servilismo.

(Las ideas fijas)

ENTRE TODOS LOS MUEBLES...

Entre todos los muebles que adornan los mundos interiores 
prefiero los carnívoros
Los armarios para las noches de tormenta
Mi lecho de reguero de pólvora
Su lecho para la materia que constantemente se transforma
El amor siempre toma la forma de los cuerpos que lo contienen
La casa se adapta a los hijos que engendra
Por eso entre dos mujeres elijo siempre a la del golpe de gracia
La que ama de arriba abajo
Entre ella y yo ponemos en marcha el largo tren del peligro

(De Otro río que pasa. Un siglo de poesía argentina contemporánea, 
editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010)

AMOR EN PESO NETO

Antes te buscaba reventando caballos
Subiendo las escaleras de dos en dos
Ahora vienen a mí con el rumor que hacen los novios en ciertos aniversarios
Para caer en la trampa por la que asoma una mujer sí y otra no
Las impares siempre más jóvenes
Ahora te amo a mayor densidad por kilómetro cuadrado
Es el amor a precio de costo
La luz se hace con el frotamiento de los cuerpos
Y si te toco provocamos las situaciones extremas
Pero no importa
Ven nos llenaremos los bolsillos de males menores
Y de algunas maneras que hemos heredado

(de El lugar común, Buenos Aires, Letra y línea, 1954)

LA CRÓNICA DEL SUCESO

Artimaña del conocimiento, 
sombra del raciocinio que diluye el rojo siempre peligroso de
la sangre,
canjeando blanco
por negro,
enturbiando los colores primarios
y el nítido contorno tanto del objeto
como de la persona
y la positiva relación entreambas.
Hay algo más entrañable,
todavía más ineluctable, si se quiere,
y es la pregunta y la respuesta,
el Yo y su fluir
y todo aquello que por estar fuera de él
pareciera a simple vista ajeno a él,
ya sea materia
o abstracto pensamiento;
vano intento de hacer luz sobre la zona
o vertiente del misterio.
Pensar es un hueso más en el esqueleto original,
un hueso duro de roer,
pero sólo un órgano más cumpliendo su función;
de ninguna manera el sistema o aparato
o clave que revela y pone en movimiento
el cálculo y el azar,
lo deducido o fabulado mediante la práctica del silogismo
y su teorema provisional.
Todo sucede,
nada se explica.

(De Campo de operaciones, Buenos Aires, Rodolfo Alonso, 1973.)

LA ASCENSION DE LA CARNE

La densa,
la triste,
a si se quiere bella carne
es de la que se abre paso,
indefinidamente,
otra
y otra distinta carne del mismo esplendor
corrupto
y tierno,
jamás un tiempo,
-mito supuestamente eterno-,
un espacio-tiempo sin la voluntad que ella
misma debe generar como existencia
o gratuidad.
La carne que por ser carne
y no cosa anónima,
(no sé cuál ni importa demasiado imaginarlo),
me somete a su extrañeza
o casi siempre azar.
Carne
o mala suerte,
no sea dicho como oprobio
o fatalidad,
que como tal me humillaría con tan solo
mencionarlo
en tanto algo
o alguien,
aún imprescriptible en su origen
y su desenlace consecuente,
logre demostrar hasta dónde es posible ofrecer
el pecho,
en blanco,
el amor,
la insurrección,
y hasta dónde
esa misma carne y su condición hermética
consumarán la tentación
y su naturaleza insobornable,
unión siempre emocionante como el estremecimiento
de insana que propaga otro cuerpo
codiciado,
otro día,
precario asilo cielo
o pensamiento;
otra trampa sexual
digamos de tan temible apego
y pasión en todo su esplendor.
La carne,
la carne que asila un no sé qué
o ánima
o soplo divino,
así llamado.
Eso que siendo carne de hecho
busca encarnarse tristemente
y ser su propia vergüenza,
su juez
su eunuco,
su Isla de los Treinta Sepulcros.
Quizá ella fuera fauna
y flora
y forma para siempre;
fuera floresta
o flor,
simplemente;
fuera perla que no roe el diente abstracto con
su ignominia
si algo
o alguno que fuera yo
o su equivalente,
dijera:
¡a los perros su materia ideal,
ésta es mi carne y su orgullo!

SÓLO ESTO

De toda esta alma en cueros,
desnuda,
no para mostrar lo presumiblemente eterno
sino más bien el sexo,
mi sexo,
su sexo,
el sexo en la piel,
-¡y por qué no!-,
en la entraña, deslumbrante cielo;
y sobre todo,
repito,
el sexo,
el sexo adherido al
SEXO,
obsesivamente
como a las tablas de un naufragio
que es como decir a mi orgullo,
que lo tengo,
que es como decir
el mundo entre las manos
y en parte,
la arena entre los dedos.
De toda esta alma,
decía,
único sésamo,
única cosa que sólo quiere ser cosa propia
como es nuestro un tumor cerebral, por
ejemplo;
como un naufragio al que ya en alguna otra
parte he aludido,
-aclaro para insistir y explicar mejor-,
como un naufragio cuando los niños y Ellas
ha abandonado las cubiertas y se distancian
en los botes de la separación
quizá para vivir toda una vida sin el pasajero
retenido por la muerte
que ronda su obra muerta;
de toda esta alma,
como venía diciendo
y para terminar,
queda la palabra MUJER
como
ESPERANZA
y Nada Más.

(de La vida a muerte, Buenos Aires, Rayuela, 1971.)

TREN DE VIDA

Todo lo que ya agotó mi pasión,
ahora lo explora mi inteligencia.
¿El resultado?
Hasta aquí una artera respuesta tan distante de la
magnitud delo gustado
como puede estarlo la razón de la esencia de lo secreto
y sus dientes ferozmente apretados.
Una montaña no es su ladera visible,
la que si bien es cierto,
denuncia su forma,
no da cuenta del material soterrado
o corazón,
corazón de hombre,
antológicamente considerado.
Lo mismo sucede con el río que,
agua por fin,
es también vena de sangre a su modo;
o con un océano de lágrimas
o con una cuchilla de carnicero
o de tierra,
de tan erizada, erguida punta de hierro.
Inútil poner a cualquiera de espaldas
o volverles la cara;
lo que guarda la entraña, nada ni nadie lo separa,
y lo que la entraña rechaza es lo que deriva entre la mera idea
y la sola palabra.
Debe ser como decía:
consigna o fatalidad,
todo lo que ya agotó mi pasión
-viva todavía-,
ahora lo explora mi inteligencia.
¿Morir?
Morir es vivir otra experiencia.

AMERICANAMENTE HABLANDO

América,
la del Sur,
la que yace aún crucificada bajo la Cruz del Sur,
la estaqueada en cruz cara a la tierra,
en propia tierra.
América, la del Centro
que sólo es centro del blanco invasor,
la que bañada de agua
se ve en sangre derramada,
en viento de tragedia huracanada,
en laa de volcán de furia
y asco vomitada.
América,
pero la Azteca,
pero la Inca,
pero la Maya,
la indígena,
la ibérica,
la nuestra;
esa América constantemente devorada por los siglos
y las siglas que exigiéndolo todo,
no dan nada.
devorada,
devorada por la
CIA
FMI
ITT
OEA
US
URSS
y todavía por ESSO
a Eso
y Aquello
y lo Otro,
y por si fuera poco,
por el hambre
por la fiebre
y la alimaña;
y por Monroe
y por Marshall
y por Nixon
y otras FIERAS.
América,
la del Dictador,
la del Tirano,
la del perro del hortelano
que roba mucho y come poco porque siendo mero alcahuete,
pasa por ser el amo.
Concluyendo:
América, la latina,
la que reclama lo suyo,
tanto el huevo como la gallina;
la que con la conciencia por fin en la palma de la mano,
no quiere seguir obedeciendo
“LA VOZ DEL AMO”.

            Carlos Latorre nació y murió en Buenos Aires, en 1916 y 1980. Fue un activo partícipe de las diversas aventuras editoriales del surrealismo criollo; así formó parte de las revistas A Partir de Cero (1952), Letra y Línea (1953) y Boa (1958), también colaborò en La Rueda y Talismán, entre otras; además de asociarse a figuras como Aldo Pellegrini, Enrique Molina, Francisco Madariaga y Juan Antonio Vasco. Escribió además obras de teatro, guiones cinematográficos y piezas radiofónicas, con las que obtuvo diversos premios nacionales e internacionales.
Entre sus libros se encuentran Puerta de arena (Botella al mar, 1950), La ley de gravedad (Botella al mar, 1952), El lugar común (Letra y línea, 1954), Los alcances de la realidad (Letra y línea, 1955), La línea de flotación (A partir de cero, 1959), Las cuatro paredes (Ancora, 1964), La vida a muerte (Rayuela, 1971), Las ideas fijas(Dintel, 1972), Campos de operaciones (Rodolfo Alonso, 1973), Los puntos de contacto (Rodolfo Alonso, 1974), Los temas del azar (Rodolfo Alonso, 1975),Cabeza o triste páramo (Botella al mar, 1979). Se trató en todos los casos de libros de tiradas de entre 300 y 500 ejemplares, que fueron costeadas por el propio autor. Más de una década después de su muerte la revista Último Reinopublicó una separata con una selección de poemas de Latorre, y más tarde otra revista, La Danza del Ratón (número 8, Buenos Aires, 1993) dio a conocer poemas y aforismos extraídos del libro inédito Adaptarse o vivir.


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