TONKO MAROEVIĆ

Split-Croacia, 1941

LA CANÍCULA EN LA FUENTE 


A la huésped más querida de Živogoš
će


Con los siglos, se fue apartando el agua de la fuente,
desvió el curso de su cauce y trazó un nuevo camino.
Son ahora las nupcias del agua con el mar en las honduras,
bajo la grava borbotea el manantial, que el azul acoge.
De la inscripción en la roca apenas quedan letras ilegibles,
unos versos que el sol y la sal han corrompido.
Salud, no obstante, Ninfa de la fuente, que te ocultas
en la sombra de la peña grisácea, en las tinieblas de su abismo.
Liciniano, el patrón, se empeñó en darte gloria.
Pelagia, como ofrenda de esponsales, te obsequió con un canto.
Mientras recuerdo ahora tu frescura perenne
querría seguir al tiempo, acompañar sus alternancias,
más aún, si cabe, con el frágil rastro del papel,
querría llevármelo allá donde la dura piedra pierde su poder
y así, con este texto que se desliza, que acaso tan mal fluye,
agradecer el privilegio del instante de nuestra existencia.


LECHO SEDIENTO

A Pau Sanchis i Ferrer

Le agradaba al agua fluir entre las casas,
aún más cuando derribaron la muralla
y, como si ya no hubiera obstáculos,
subía vehemente, crecía, se henchía,

anegaba su entorno, arrastraba légamo y cieno.
Jamás se dejó someter por barreras o diques,
despreció el nivel de los puentes que le superpusieron.
Se alzó por encima de todo, hasta que fue anulada.

Se vengaron del Turia desviando su curso,
lo forzaron a rehuir el centro ciudadano
y la vegetación se hizo dueña del lecho.

Pero ya sabemos que los dioses también tienen sed.
Secas, las Náyades nativas buscaron fluidos vitales
entre los valencianos y a ellos se unieron para siempre.

LA TELARAÑA
A Gordan Lederer, cámara y amigo
 


En vanguardia, bajo el azote constante de las balas
entre resueltos combatientes, defensores armados
(todos amenazados a su vez por un peligro compartido)
llevabas una cámara en vez de un fusil

y grababas escenas de tiros y violencia
miradas panorámicas, primerísimos planos.
De repente entra una araña en la mirilla
y con su tela aprietas el gatillo.

En la cinta quedó una red de hilos transparentes,
tejidos radialmente y unidos por el borde
como el blanco de una diana que pareciera
reclamar un tiro certero en su centro.

Caíste herido. No es que el del otro bando
fuera más rápido: la presión de su índice
desencadenó una secuencia de efectos homicidas
cuando tu movimiento sólo quiso ser testigo.

Que digan que el aspecto de la cámara en tu hombro
era el de un arma, un lanzallamas o un lanzagranadas,
pueden incluso añadir la impostura a las mentiras
porque decidieron no atender a un herido de muerte,

pero no pueden desmentir que tú no amenazabas
ni disparabas nada, sólo registrabas imágenes reales,
y desconocías la estrategia de la trampa viscosa,
evidente como la telaraña a contraluz.

Estos poemas, en su versión española, fueron publicados por primera vez el 12 de noviembre de 2011 en IMPEDIMENTA (http://impedimentatransit.blogspot.com/2011/11/la-voz-cercana-de-tonko-maroevic.html).

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