CLAUDIO PEÑARANDA

Sucre- Bolivia, 1883 - 1921

EL ALMA DEL AGUA
 


Cual una cinta de plata, 
Por la grama verdinegra 
Se desliza el arroyuelo, murmurando... 
¡Y que cosas tan extrañas va diciendo el arroyuelo! 

Han herido los guijarros 
y los rayos de los soles han quemado 
muchas perlas de sus gotas, sepultándolas, 
en el seno de la tierra calcinada. 
Es por eso que se queja el arroyuelo, 
Musitando sus querellas sollozantes... 

Canta el rió su cantiga 
Y sus gotas se desgranan 
Como alegres carcajadas de los niños, 
Como risas de mujeres 
Que trajeran fieles ecos... 

Salta el rió entre las piedras, alocado... 
Y sus gotas, que salpican a las flores de la orilla, 
Se columpian en los pétalos 
Y cayendo como perlas se deshacen y se pierden... 


Duerme, duerme el hondo lago... 
Suena el lago a la caricia 
De la Luna. 


Va arreciando la tormenta 
Y las olas que se juntan formidables, 
braman , braman de coraje... 
Luego embisten a la altiva roca enhiesta, 
con afanes destructores, 
y vencidas pronto caen 
en cascadas estruendosas 
al gran piélago bravío. 
Vuelven todos sus rencores 
a la nave que esclaviza su dominio, 
la sepultan en su seno negro, amargo... 

Y se venga el océano 
Del poder armipotente 
De sus débiles señores 
En el trágico spoliarium del naufragio... 


Sufre al Agua, llora, canta. 
Es en veces despiadada, 
Es en veces compasiva. 
¡Tiene un alma! 
Y es un alma misteriosa y poliforme la del Agua... 

ORACIÓN POR LA PAZ

Del seno apocalíptico del rojo mundo en llamas, 
del incendio vesánico, del drama de los dramas 
ha salido la angustia de un clamor, 
de una inmensa congoja hecha grito infinito, 
voz de la entraña rota por el marcial delito, 
loco grito de amor y de dolor. 

Un instante han callado los rotundos obuses, 
y el silencio se ha helado sobre el millón de cruces 
de las tumbas sin flor y sin laurel... 
El alud de los tanques, ya junto a la trinchera, 
ha parado el ciclópeo furor de su carrera. 
La muerte ha refrenado su corcel. 

De la tierra arrasada, de la tierra sufrida, 
De la tierra amasada con la sangre homicida 
-como un canto a la Vida y a la Luz- 
ha brotado la lagrima que se cuajo en plegaria, 
el sollozo que ha roto su cárcel funeraria... 
Ha sido cual si hablase el buen Jesús. 

-¡Piedad para el retoño de la fronda dichosa, 
la sangre del clavel, la carne de la rosa 
y el oro de custodia del trigal! 
Porque son esperanza de serena alegría 
porque son poesía y pan de cada dia, 
bien de salud y flor de madrigal. 

¡Para el bosque propicio que guarda en su espesura 
melodías lunares y férvida ternura 
del trovero señor, el Ruiseñor; 
y en el amparo abierto de sus brazos torcidos, 
el eco de los cantos, al calor de los nidos, 
y el rescoldo de hogar del leñador! 

¡Piedad para los ríos! Porque su viva plata, 
en los remansos claros e idílicos, retrata 
la ventura del huerto familiar: 
el tablón de legumbres, el jardín, los armiños 
de cal de la casita donde juegan los niños 
el sillón del abuelo y el altar... 

¡Piedad para los templos del músculo y del nervio, 
para las arcas santas del impulso soberbio, 
del trabajo que es dicha y es sostén: 
para la ágil usina de afanes de colmena 
para la ruda fabrica de vida y ruido llena, 
para la religión feliz del Bien! 

¡Para la áurea limosna de luz que se reparte 
del tesoro del libro. Para el milagro de arte 
que es rima, lienzo, mármol, Partenón... 

Para el polvo de siglos aventado en el viento 
de la roja tormenta. Para el Rey Pensamiento, 
destronado y sin cetro de ilusión! 

¡Piedad para la madre que en las noches sin sueño, 
junto el pecho a la fiebre del hijo mas pequeño, 
va leyendo cien veces, y otra vez, 
esa carta ya vieja con ultimas noticias 
del ausente llorado, reliquia de caricias 
muertas sin ilusión y sin después! 

¡Piedad para la Vida! Que la tierra sufrida, 
que la tierra amasada con la sangre homicida 
reflorezca por fin a un sol de paz! 
Que la luz de la lagrima que se cuajo de pena 
-!iris de Dios!- anuncie la dulce vida buena 
para siempre jamás. 

Así del seno trágico el rojo mundo en llamas, 
del incendio vesánico, del drama de los dramas 
ha salido la angustia de un clamor, 
de una inmensa congoja hecha grito infinito, 
voz de la entraña rota por el marcial delito, 
loco grito de amor y de dolor. 

DE UNA PESADILLA

Noche fría y silenciosa. 
Yo de pie junto a una fosa. 
Lento tañir de campana 
muy lejana 
da la una. 

La necrópolis desierta, 
sobre el mármol de las tumbas cual mirada de una muerta,
la caricia luminosa de la Luna. 
Y cual aves desoladas procelarias, 
roncos vientos quejumbrosos, 
como un eco agonizante de plegarias 
palpitante de sollozos. 

Salmodiando su siniestro cancionero 
en las ramas de un ciprés estremecido, 
lanza un pájaro agorero 
su graznido. 
Y un can negro, seco, hambriento. 
busca en vano entre las grietas algún mísero sustento. 
En el borde del osario, 
dos esqueletos confunden sus maxilares con besos, 
y crujen, crujen sus huesos 
en un abrazo nefario. 

Y de repente uno de ellos 
del otro se desenlaza. 
(Se me erizan los cabellos.) 
Corre a mi lado y me abraza...; 
y me estruja, me sofoca 
con su vehemencia insensata; 
ansioso muerde mi boca...; 
y, derribándome al suelo, 
el cruel espectro me mata 
con sus ósculos de hielo. 

EN UN IMPULSO LOCO...

En un impulso loco la pagada jauría
profana el templo cívico y arrasa los hogares.
Son balidos las viejas fanfarrias militares
y es baldón de la América la criolla tiranía.

Es un alud rugiente y fatal anarquía
que arrastra la esperanza de los nativos lares.
Y se alejan las musas… Y mueren los cantares
dejando sola, triste, a la reina Armonía.

¡Hermanos en ensueño! Rompamos nuestras liras.
Huyamos del encanto del sonoro sosiego.
Olvidemos las gracias de las bellas mentiras.

Que se queden las novias sin madrigal de ruego…
¡Y un gesto santo y bravo de justicieras iras
torne los plectros de oro en látigos de fuego!

http://fernando-sabido-sanchez.blogspot.com/2012/06/7208-claudio-penaranda.html


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