ABGAR RENAULT


Barbacena-Minas Gerais, Brasil, 1901-Río de Janeiro, 1995

CANCIÓN OCULTA

Onda de cielo y mar, redonda,
duró en el aire una sonrisa.
Ninguna fuerza aisló, precisa,
en el aire la débil onda.

Un exhalarse en nada y bruma
del vuelo de ave intercadente.
Música silenciosamente
sumergida, que el tiempo esfuma.

El sueño cóncavo buscando
se sobre el espejo convexo,
que reía incólume, sin sexo,
sin una imagen, mas brillando.

El gesto de nubes y de agua,
la palabra, el aire, la rosa,
la intraducible, la ansiosa
sombra de viento sobre el agua.

NOCTURNO / II

Si yo escribiere que La noche es bruna,
unos dirán: "!Está loco!"; otros: "!Qué pedantería!"
Pero no estoy loco, no soy pedante, La noche es bruna,
y navego en sus aguas como navegaría
en el Bósforo en demanda de no sé que pez o puerto o flor.

Con la suya, densa, confundo mi fluida substancia
y en ella me transformo para dejar de ser.

¿Era en un vapor transatlántico, en un destructor o en un bote que yo navegaba?
¿Dónde los compañeros de viaje? ¿Dónde la amplia cubierta?
¿Dónde los cañones? ¿Dónde los remos? ¿Qué viaje me llevaba para dónde?

Todo olvidé. El fanal se acabó, Constantinopla está con las luces apagadas, todos los mares son el Mar Negro vacío, no hay nadie junto a mi,
y es bruna esta noche vieja suelta en las aguas, en los aires y en los ojos

SOLEDAD

El río se entristece bajo e! puente.
Substancia de hombre en la corriente oscura
fluye, enternecimiento o desventura,
confundida en lo ambiguo del poniente.

Antes que débil lumbre le haga frente,
la sombra, apresurada, desfigura
las casas, les apaga la blancura,
borra la curva esquiva del oriente.

El buey cierra en los ojos los arados,
pastos, horas que caen de los subidas.
El ocaso, pastor, duerme entre ovejas.

Suben nieblas de valles fatigados
y de los ramas ya anochecidas
pende el silencio así como hojas viejas.

IGNOTUS

No sé quien eres Tú. Peto sé que Tú existes,
sé que eres quien enciende Las estrellas en lo Alto
y la lumbre, alguna vez, de la alegría en la pobreza de mis ajas tristes.

No Te veo, no Te hablo, sino en e! silencio secular
de las noches insomnes y profundas, en que mi cuerpo se apaga
y mi alma es una llama de inquieto crepitar ...

Y Te quiero y Te temo, pávido, esquivo, ansioso ... y por la vida entera, 
si Te huyo —ojos sin luz por no verte, oídos sordos por no oír
Te siento Tu resplandor doliendo en mi tórpida ceguera

Y oigo el rumor augural de los remos de Tu barco, lento y lento
hiriendo, con su ritmo de Absoluto,
el agua nocturna de mi pensamiento ...


Poemas extraídos de la obra POETAS PORTUGUESES Y BRASILEÑOS: de los simbolista a los modernistas. Edición bilingüe. Buenos Aires: Instituto Camões; Brasília: Thesaurus, 202. 472 p. Organizado por José Augusto Seabra. 

POEMETO MANTINAL

El aire de la mañana besa mi cara,
y mi alma besa el aire leve de la mañana.
Miro el paisaje lejano de la ciudad
que blanquea alegremente a lo lejos;
que sonríe humanamente,
una sonrisa blanca en el tumulto de sus casas,
que trepan los flancos de las colinas azules y distantes,
y miran por los ojos encarnados de las ventanas.

Las siete. Va a comenzar la función.
El despertador de las sirenas agujerea líricamente
el silencio dorado de la mañana.
Parece que la vida despierta ahora por vez primera
y se restriega los ojos deslumbrada.
Mi “Ford” abejea dentro de la mañana,
y sube la vieja calle de mi barrio,
cabrioleando, bufando, fumando gasolina.
Mi “Ford”, al cabriolear en los agujeros de la calle descalza,
es un cabrito negro y prodigioso.

El aire leve de la mañana besa el radiador
y besa mi cara.

La infantilidad de todo mi ser
asciende en la nubarra dorada de la mañana.

Traducción de Alberto Guillén
(Extraído de la revista POESIA SEMPRE - Ano3 Número 5 Fevereiro 1995 p. 26 ( Rio de Janeiro: Fundação Biblioteca Nacional)

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