PEYO YAVOROV



Bulgaria, 1878 - 1914



Y ante mí te detendrás,

en las estrellas, resplandecientes, incomprensibles, 
en las flores, serás secreta, aromática… […]

Ante mí, ángel, te presentarás 
¡oh felicidad y alegría! 
¡oh felicidad y eterna alegría,
Como un vampiro sobre mí te detendrás,
¡oh felicidad y tristeza!
¡oh felicidad y tristeza, y desgracia!

Yo no vivo: yo ardo. Inconciliables
dos almas rivalizan en mi pecho: 
un alma de ángel y otra de demonio. En mí 
respiran fuego y su ardor me abrasa. 

Y arden las dos con llamas, donde toco 
aun en la piedra, oigo latir ambos corazones…
Siempre los dos, en todos sitios, obsesivamente 
con rostros enemigos se consumen hasta hacerme brasas. 

Detrás de mí el viento, a donde vaya, 
mis huellas con ceniza cubrirá. ¿Quién podrá conocerlas?
Solitario, yo no vivo, ¡ardo!, y mi rastro 
será ceniza en el sombrío infinito.

MOTIVOS DE OTOÑO IV

Callada noche y tinieblas pavorosas...
En ningún sitio luz ni sonido:
casi toca el suelo,
tan bajo pende, el firmamento.
El espíritu sufre angustiado,
la mente vaga a ciegas...
Oh, Dios, manda una estrella
y una voz, ¡aunque sea de un pájaro nocturno!

De Peiu Yávorov, Viento de medianoche. Prólogo y traducción del búlgaro de Juan Eduardo Zúñiga. Madrid, Endymion, 1983

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