IVAN TZANEV


Ostritza, Bulgaria, 1941

EPITAFIO DE LA ABEJA

Tu zumbido llena el oído, pelirrojo peón negritrabajador.
¿Acaso tu nombre frágil no es el polen pegado a la boca?
Unes las partículas e infundes dulzura a las cosas,
y te veo entre las ramas, revoloteas como un rayo ensimismado.
Anudada con un hilo tierno a mi mirada cautiva,
subes cada vez más alto y cada flor se hace tu peldaño.
Cima de la caricia sin provecho, te despides del árbol blanco,
y por un pequeño sendero sonoro recorres el día apaciguado.
Qué riquezas ocultas tan avizoramente en tu colmena sencilla,
pero este ávido ensañamiento de atesorar no se puede saciar jamás.
Yo llamo un festín amargo tu día laborioso en los parrales,
parda gota de sudor, que te has colado por el racimo ambarino.
Fragancia de miel y de dolor chorrea de los aguijones que me pican,
hermana de mi celo, te alcanzo cada vez más difícilmente.
Si tiendo la mano para acariciarte, clavas tu aguijón en un instante.
Y es la pequeña raíz de una canción por ti, abeja que pereces.

(traducción de Rada Panchovska y Raúl Herrero)

UN ÁRBOL EN LA CIMA

No olvidar jamás: existe
un árbol, árbol en la cima,
un árbol lejos,
donde sea, sin nombre árbol,
el amigo de toda noche venidera.
Un árbol.
Me recordará
cómo los ojos desvelados entre las hierbas locas yerran
y en el pozo de la noche
brotan las voces de los grillos.
Un árbol.
Quiero que me quiera,
que nunca me olvide, nunca.
Sin nombre árbol, yo le nombro
Silencio, Estoicismo.
Un árbol.¡Tan esbelta, tan atenta
materia de mi reflexión!
En la colina, con las nubes uno,
a la escucha de las turbias leyendas
que el viento le susurra.

Traducción: Zhivka Baltadzhieva, 2012

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS

En medio de la ciudad, en la plazoleta frente a la mezquita,
levantó sus picos un instante insultante,
destripó la eternidad, desarraigó de sus entrañas
las tribunas de piedra y los peldaños de un estadio romano
(¿o de un anfiteatro?). De la sorpresa nos quedamos boquiabiertos,
nos turbó el recuerdo de la sangre de gladiadores
derramada aquí, sobre estas mismas piedras, hace centurias.
Y nos quedamos contemplando toda la tarde, muy pensativos.
Pero qué aprisa nuestra curiosidad se sació
y se apoderó de nosotros la costumbre, vuelve a ser arena la plazoleta
de la chillona existencia provinciana
que nunca logran trastornar los espectros de la historia.
Así pasa la gloria, diría con ironía
aquella diosa disfrazada, la arqueóloga rubia.
Estallan en color rosa las dulces fuentes de algodón de azúcar,
la muchedumbre zumba alegremente, retumban tarabillas
con infantil irreverencia hacia los antiguos.
Parece que solamente lo de hoy es eterno (¿Es culpa del vivo
que respirar le embriaga?)
A lo largo de las ruinas augustas del estadio
una procesión de cochecitos de bebés reitera su marcha,
el día tiene ojos azules, y cuántos gorjeantes soldaditos
vinieron, quizás vieron, y, con toda probabilidad, vencieron.

Traducción: Zhivka Baltadzhieva, 2012

AGUA PRIMAVERAL


Flor de cerezos el AGUA trae.
... fue NUBE un día, fue NIEVE
y HIELO muerto, hasta ayer,
de orilla a orilla colmando
lo inmenso.
Pero no recuerda la NEVADA,
por completo el HIELO ha olvidado.
Hoy sólo sabe
que es joven,
el más joven agua
que haya habido.

/a español Zhivka Baltadzhieva, 2012
Poemas de Iván Tzanev
traducidos por la poeta Zhivka Baltadzhieva


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