ÉMILE MARTEL



Amos-Quebec-Ca,nadá 1941

MI CUERPO



Mi cuerpo, una red mineral tejida con antiguos árboles quemados en un fuego que anunciaba el infierno.

Mi cuerpo, un sumario de la historia del planeta y todo me deja pensar que algunos recónditos, algunos mecanismos arcaicos y sorprendentes vienen de otra parte.

Mi cuerpo, el acogedor continente de mortales asperezas y de venenos apenas adormecidos.

Mi cuerpo, un arma y mi cuerpo, un escudo; yo soy una paz y todas las guerras y tengo que escoger.

Mi cuerpo, una suite musical y los temas que se repiten son jalones llenos de perfumes pero las cuerdas y los cobres se irán algún día cada uno por su lado y mi cuerpo será todo percusión.

Mi cuerpo, es regresar y es volver, nunca estar de verdad y siempre irse.

Mi cuerpo, un itinerario, una posada y un coto; mi cuerpo, una geografía conocida de memoria donde se pierden el poeta y su sombra, el maestro y su guía, el padre y su hijo huérfano.

Mi cuerpo ante ti y mi cuerpo se ausenta y tiene la opacidad del medio día y le haces alba y reinventas las horas y mi cuerpo es el reloj de tus tiempos.

Mi cuerpo a tus pies y no caminas; mi cuerpo alrededor de los desiertos como una isla y las mareas nos mecen y las arenas nos acarician; mi cuerpo se vacía de todas las distancias.

Mi cuerpo, un trapo y una raíz, una limosna y un oscurecimiento en pleno día de las tenues huellas impresas en tierras movedizas con surcos vacíos.

Mi cuerpo, eco y reflejo; nada franco, nada verdadero, nada más que piezas quebradizas que crujen en la grava o que marchitan la hierba.

Mi cuerpo es ayer; mi cuerpo es por qué; mi cuerpo es sin embargo; y gritar sin encontrar las palabras.

Mi cuerpo, el vaho y la escarcha, la niebla y la llovizna, la brisa y el viento; nada que hiere pero sin sol, sin calor, sin color, sin olor, sin ruido, sin gusto.



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