ELIZABETH SMART


Ottawa-Canadá, 1913 – 1986


Estoy sobrepasada, enmarañada en mi cama, estoy infestada por una marabunta de deseos. Mi corazón es devorado por una paloma, un gato hurga en la cueva de mi sexo; sabuesos obedecen en mi cabeza a un adiestrador que sólo grita cosas confusas, a medida que las horas ponen a prueba mi resistencia con un cúmulo de torturas.
¿Quién, si lloro, me escucharía entre las órdenes angelicales?
Estoy lejos, más allá de esa isla de los días donde, una vez, según parece, vi crecer una flor y conté los pasos del sol, y alimenté, si mi memoria me es fiel, al animal sonriente en su hora señalada. Recibo heridas, heridas con ojos que ven un mundo triste, que siempre será así, incurable y a la vista, y bocas que cuelgan en el cielo de sangre.
¿Cómo puedo ser amable? ¿Cómo puedo encontrar el alivio del pájaro que construye el nido día a día?. La necesidad no proporciona alas de terciopelo con las que escapar.
Estoy efectiva y mortalmente penetrada por las semillas del amor.
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¡Dejadme yacer sobre las piedras frías! ¡Dejadme alzar pesos demasiado pesados para mí! ¡Dejadme gritar: ¡Más! Bajo el dolor! ¡Que las llamas den forma a mi pálido rostro, que me dejen demostrar mi resistencia al látigo, que me aten con las cuerdas reservadas al asceta invulnerable , que me conviertan en el asceta de la santidad posible!.
Pero mis propios pies perturban el mensaje que el silencio destina a mis oídos, y por la noche el pecho se me cae en la mano como una criatura insoportable e injustamente maltratada.

« En Grand Central Station me senté y lloré »
(Traducción de Rosa Pérez)
(En grand central station me senté y lloré, Lumen, 1997)

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