LUIS VIDALES

Calarcá-Quindío, Colombia, 1900-1990

ORACIÓN DE LOS BOSTEZADORES
Dedicado a Leo Le Gris, Bostezador.

Señor,
Estamos cansados de tus días
y tus noches.
Tu luz es demasiado barata
y se va con lamentable frecuencia.
Los mundos nocturnales
producen un pésimo alumbrado
y en nuestros pueblos
nos hemos visto precisados a sembrarle a la noche
un cosmos de globitas eléctricas.
Señor,
Nos aburren tus auroras
y nos tienen fastidiados
tus escandalosos crepúsculos.
¿Por qué un mismo espectáculo todos los días
desde que le diste cuerda al mundo?
Señor,
Deja que ahora
el mundo gire al revés
para que las tardes sean por la mañana
y las mañanas sean por la tarde.
O por lo menos
-Señor-
si no puedes complacernos
entonces
-Señor-
te suplicamos todos los bostezadores
que transfieras tus crepúsculos
para las 12 del día.
Amén.

LA MÚSICA

En el rincón
oscuro del café
la orquesta
es un extraño surtidor.
La música se riega
sobre las cabelleras.
Pasa largamente
por la nuca
de los borrachos dormidos.
Recorre las aristas de los cuadros
ambula por las patas
de los asientos
y de las mesas
y gesticulante
y quebrada
va pasando a rachas
por el aire turbio.
En mi plato
sube por el pastel desamparado
y lo recorre
como lo recorrería
una mosca.
Intonsamente
da vueltas en un botón
de mi d'orsey.
Luego -desbordada-
se expande en el ambiente.
Entonces todo es más amplio
y como sin orillas…
Por fin
desciende la marea
y quedan
cada vez más lejanas
más lejanas
unas islas de temblor
en el aire.

LA LIBERTAD

Párese el río y cesen sus rumores;
no dé el rosal su rosa conversada;
no hable la bandera sus colores,
quédese la estación estacionada.

Muera el árbol. No se alcen los alcores
y el sabio ruiseñor no diga nada;
la luz no rectifique sus fulgores,
desembárquese el agua ya embarcada.

El sol suspenda su divina serie;
endurézcase el viento, y no lo diga
y el ancho cielo deje la intemperie.

No hable la voz sus altas soledades
¡que la patria dejó de ser amiga
y están sin libertad sus libertades!

PAISAJE JUNTO A LAS FÁBRICAS


Estoy en la mañana sangrienta de los pitos
alto de libertad junto a la huelga de los humos,
los árboles en huelga, la huelga de los vientos;
hoy ha nacido el mundo
con el alba bien hecha por las fábricas nuestras.

Puro, sentido amor de la intemperie;
amor de cielo infiel;
mañana de la hoja;
humedad dulce de haber estado con mujer.

Esto dice el cedral,
y tiene el aire frescor de punta de almohada.

Oh! inocencia del tiempo:
¡anoche durmió aquí la Libertad!

ISLAS

Ojos

Sobre la cola del pavo real
se abrieron una mañana
los ojos de las mujeres muertas,
y no se han vuelto a cerrar.

VÍRGENES

Frascos de perfume,
encogidos de hombros
y desnudos
como mujeres que van a darnos algo!

TU RISA

He oído el estruendo
de tu risa.
Torre de cristal
que se derrumba
dentro del alma.

TU VOZ

He oído tu palabra
cantada.
¿Qué pájaro melodioso
se ha parado sobre tu corazón?

ACUARELA

Los pavos reales
que pasean su luz verde
sobre los patios
le abren sus paraguas chinescos
al sol.

LAS PISADAS

La mujer ha pasado
pero sus pasos
se quedaron sonando para siempre dentro de mí.
¿En qué seres ya muertos
repercutiría el ruido de sus pasos
cuando era niña?

LA COSTURERA

Vida y lino lo mismo ata la hebra.
Une noche y aurora el pedal, de tope a tope.
Miseria, son las ocho, grita el reloj a los pobres de la tierra.
Una mujer en el silencio cose, cose, cose,
cumple mil años al volver la rueda.

Por el telégrafo del carrete
los telegramas del cansancio se detienen.
Mujer obrera, hecha de carne y llanto,
hecha de hambre, luz y manos
y de sudor, rocío del hierro.

Corre el trabajo, ferrocarril sin panorama;
hay hambre en el vientre y hay hambre en los ojos;
por el sudor el cuerpo llora en el silencio.

Kilómetros, en bloques y paquetes van las horas,
trenes monótonos y ciegos;
va el pedal al galope;
describe tu existencia la polea de cuero;
la traza el brillo de la vida en la rueda que gira…

La máquina de coser es un vampiro
y de tu corazón toma su fuerza.

Monotonía, monotonía, chirría la polea,
oyendo coser el ruido ya es recuerdo.

Tú tienes el cansancio, tienes la miseria,
el dolor cada día renovado,
el dolor antiguo que es un morado en tu vida.

Mujer obrera, la que aplancha,
la que remienda, la que cose; tres mujeres
y una sola. Remienda, cose, aplancha y canta,
canta la canción:

Mañana nueva del planeta;
la insurrección ya incendia el cielo;
hay una nueva estación…

Cinco son las estaciones de la tierra:
Verano, invierno, otoño, primavera, revolución.

EL HUECO

Mis versos dicen.
Hueco
único sitio habitable.
Casas.
Casas.
Casas.
Huecos interrumpidos por paredes y puertas.
Huecos divididos en cuadros.

Mi vida
mi vida transeúnte
está llena de las troneras
de las horribles cavernas
que las casas les hacen a los huecos.

Y ya no puedo
borrar en mí la sensación
de los huecos de la ciudad
encerrados en los cajones de los cuartos.

EL PASEO

El cielo espejea entre los árboles.
Los árboles se imaginan
que están a orillas de un lago color violeta.
Nosotros advertimos el engaño
y a grandes voces espantamos a los árboles
como si se tratara
de unos altos pájaros verdes
que hubieran escondido
en el plumaje
la otra pierna.

Cuando volvemos a casa
empieza a holgar en mi cabeza
el sombrero de copa de la noche.

EL TELÉFONO

El teléfono es un pulpo que cae sobre la ciudad. Sus tentáculos se
enredan en las casas. Con las ventosas de los tentáculos se chupa las
voces de las gentes. De noche -se alimenta de ruidos.

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