JUAN LOZANO Y LOZANO


Ibagué-Colombia, 1902- Bogotá, 1980


AMANECER

Rosa ha tenido un vértigo, un incierto 
malestar, un temblor desconocido, 
y ella, para explicar, se ha referido 
a un hartazgo de frutas en el huerto. 

Pero algo siente en su anterior despierto 
que trece abriles pareció dormido, 
y nebulosamente ha colegido 
que algo nace en su ser, y que algo ha muerto. 

Cierra a llave la alcoba confidente, 
y temerosa y deleitosamente 
delante del espejo se desnuda. 

Luego siente rubor, y, remordida, 
en la noche más bella de su vida, 
rompe a llorar, inconsolable y muda. 

EL SECRETO 

En la tibia quietud de nuestra sala 
sentiré que te acercas a mi lado, 
conteniendo el aliento fatigado 
y en puntillas, como una colegiala. 

Un secreto. Y tu mano, que resbala 
por tus cabellos me tendrá vendado, 
y en tu voz habrá un tono inusitado: 
arrullará como si fuera un ala. 

Luego, en silencio, en la penumbra densa, 
saborearemos la fruición intensa 
de un doble amor que se transmuta en uno. 

Tanta ventura nos infunde miedo. 
Mas, por instinto, lloraremos quedo, 
como temiendo despertar a alguno. 

EMOCIONES

Cuando espiaba su gira vespertina, 
sentí una facultad maravillosa 
para hallar al través de cada cosa 
un asomo de gracia femenina. 

cuando sentí que su pisada fina 
resonaba en la senda silenciosa, 
tembló mi corazón como una rosa 
cuando siente que el viento se avecina. 

Cuando su vista se fijó en la mía 
algo en mi frente se detuvo como 
la luciérnaga azul de la alegría. 

Cuando besé su cuello de gaviota 
el universo parecióme un pomo 
de esencia, y lo aspiré gota por gota. 

ES EL ALBA QUE AVANZA

Ingenua colegiala de ojazos taciturnos 
que a través de la reja de tu alcoba 
indagas el misterio de los astros nocturnos. 

Adivino que sueñas... 
(Los ojos se prolongan 
en las ojeras lánguidas, y los senos turgescen, 
y las manos se afiebran, y los labios florecen...) 

En tu carne virgínea ya la mujer se inicia, 
y en tus horas inquietas 
entrevés el coloquio , presientes la caricia. 

La romántica espera te ha embellecido tanto, 
como jamás lo sospechó mi canto. 

Porque en los pechos núbiles el amor presentido, 
es el Alba, que avanza sobre un campo florido. 

EXHORTACIÓN

Oyes, en medio de la selva, un trino, 
ves en la noche cintilar tu estrella, 
un alma de mujer cándida y bella 
refulge a trechos en tu gris camino. 

Tú sientes la emoción, el repentino 
embrujamiento, la indeleble huella, 
pero el éxtasis lírico te sella 
en los labios el verso peregrino. 

No importa. Tus momentos de Absoluto 
hierven en ti, como la kiel en cubas, 
y a cada germen corresponde un fruto: 

a nubes de pasión, lluvias de llanto, 
a viñedos en flor, cosecha de uvas, 
y a siembras de emoción, siegas de canto. 

IMPOSIBLE

Mientras tu sien se tiñe de amapola 
y enamorada sobre mí se inclina, 
por tu traje de glauca muselina 
cruza un marino fruncimiento de ola. 

Tu austera doncellez, que no se inmola, 
en vano bajo el peplo se adivina; 
en vano ante la sombra que camina 
te miro junto, palpitante y sola. 

Amor, ni tú te das, ni yo te tomo. 
Lejos estamos, mientras miro cómo 
tiembla al vaivén del corazón, tu velo. 

Es a veces así, sobre la playa, 
una raya de mar, solo una raya, 
lo que nos finge separar del cielo. 

LA ENTREGA

Llegará para ti la suspirada 
derrota, y una tarde florecida 
la pasión morderá la pulpa henchida 
de tus senos, como una llamarada. 

Un velo cruzará por tu mirada 
y sin memoria, contra mí ceñida, 
sentirás el misterio de la vida 
revelarse en tu carne desgonzada. 

Ya vuelta al mundo me dirás: ¿Qué has hecho? 
Restregarás los ojos, sobre el pecho 
reanimarás tu deshojada rosa; 

y, para más inenarrable encanto, 
habrá un amago de temblor de llanto 
en tu voz, casi, casi silenciosa. 

MADRE

Todo lo que hay de triste sobre el mundo 
en tu espíritu, madre, resumiste, 
porque no se dijera que lo triste 
no es, además de místico, fecundo. 

A tu inmenso mirar meditabundo 
tal emoción de transparencia diste, 
como para explicar por qué coexiste 
lo diáfano, en el mar, con lo profundo. 

Y hay tal valor en tu actitud sumisa, 
tal decisión en tu palabra lenta, 
Y tanta austeridad en tu sonrisa, 
Porque la humanidad se diera cuenta 
de por qué se estremece ante la brisa 
el bambú que resiste a la tormenta. 

NATURALMENTE

Ciñe mi cuello, pero más ceñido; 
estrecha el nudo, pero más estrecho; 
más cerca. Que el latido de mi pecho 
forme un solo vaivén con tu latido. 

Tu beso, alondra que retorna al nido, 
en mi labio se aduerma satisfecho. 
Y los sueños encuentren como un techo 
protector, en tu párpado caído. 

En nada pienses. Ni tu voz inquiera 
la razón inefable de los lazos 
que a mi ser te mantienen prisionera. 

Cierra los ojos nada más, y siente 
fluir tu juventud entre mis brazos, 
como fluye en el cauce la corriente. 

SONATA

Cuando escucho tu voz, tiene mi oído 
una imposible sensación candente, 
pues que fluyen tus labios sutilmente 
el ritmo sideral, hecho sonido. 

Rayo de sol caído sobre un lago 
de miel, así tu cabellera bruna; 
y cuando miras, tu mirar aúna 
la emoción de lo intenso y de lo vago. 

Y pienso al estrechar tus manos buenas, 
que en mis manos impuras 
se han transfundido todas las blancuras; 
hostias, nieves, armiños y azucenas. 

UN RECUERDO 

El tren paró bajo la noche oscura. 
-¡Viareggio! Diez minutos! gritó alguno. 
Y los dos nos mirábamos, en uno 
como albor repentino de ternura. 

Amistades de viaje... La dulzura 
de una voz que nos dice: ¿Lo importuno? 
Un palique trivial como ninguno. 
Nada más... Y un recuerdo que perdura. 

Descendió la gentil desconocida, 
la despedí con algo de mi vida, 
y porque la emoción fuese más pura, 

sólo besé sus dedos en la yema, 
pues el encaje de la manga crema 
bajaba hasta cubrir la coyuntura. 

Y NUNCA TE CANTÉ...

¡Y nunca te canté! Con graves 
palabras me dirás: «Yo no te inspiro». 
No, no es que falte inspiración, tú sabes, 
es que las cosas que a decirte aspiro 
son de aquellas tan hondamente suaves 
que, menos que una voz, son un suspiro

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