GREGORIO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ

Antioquia, 1826-Medellin, 1872

LA POMPA DE JABON


Con tus manos y tus labios, hijo mío,
Han formado esa pompa de jabón,
que vuela henchida de ti aliento tibio,
Tornasolada con la luz del sol.
Para ti simboliza el recuerdo para mío,
Con tu aliento pretendes elevarla,
¡ay! Y es tu aliento quien la hará morir.

AURES

De peñón en peñón turbias saltando
Las aguas de Aures descender se ven,
La roca de granito socavando
Con sus bombas haciendo estremecer.
Los helechos y juncos de su orilla
Temblorosos, condenan el vapor, 
Y en sus columpios trémulas vacilan
Las gotas de agua que abrillantan el sol.
Se ve colgando en sus abismos hondos,
entretejido, el verde carrizal,
como de un cofre en el oscuro fondo
los hilos enredados de un collar.
Sus cintillos en arcos de esmeralda
forman grutas do no penetra el sol,
como el toldo de mimbres y de palmas
que Lucina tejió para Endimión.
Reclinado a su sombra ¡cuántas veces
vi mi casa a lo lejos blanquear,
palma oculta entre el ramaje verde,
oveja solitaria en el gramal!
Del techo bronceado se elevaba
el humo tenue en espiral azul...
la dicha que forjaba entonces mi alma
fresca la guarda la memoria aún.
Allí la sombra de esos verdes bosques
correr los años de mi infancia vi;
los poblé de ilusiones cuando joven,
y cerca de ellos aspiré a morir.
Soñé que allí mis hijos y mi Julia-...
Basta! Las penas tienen su pudor,
y nombres hay que nunca se pronuncian
sin que tiemble con lágrimas la voz.
Hoy también de ese techo se levanta
blanco azulado el humo del hogar:
ya ese fuego lo enciende mano extraña,
ya es casa ajena la casa paternal.
La miro cual proscrito que se aleja
ve de la tarea a la rosada luz,
la amarilla vereda que serpea
de su montaña en el, lejano azul.
Son un prisma las lagrimas que prestan
Al pasado su mágico color;
Al través de la lluvia son más bellas
Esas colinas que ilumina el sol.
Infancia, juventud, tiempos tranquilos,
Visiones de placer, sueños de amor,
Heredad de mis padres, hondo río,
Casita blanca... y esperanza ¡adiós!

1864

¿POR QUÉ NO CANTO?
A Domingo Díaz Granados

¿Por qué no canto? ¿Has visto la paloma
que cuando asoma en el Oriente el sol,
con tierno arrullo su canción levanta,
y alegre canta
la dulce aurora de su dulce amor?
Y ¿no has visto cuando el sol avanza
y ardiente lanza rayos del cenit,
que fatigada tiende silenciosa
ala amorosa
sobre su nido, y calla feliz, y es feliz?
Todos cantamos en la edad primera
cuando hechicera nos sonríe la edad,
y publicamos necios, indiscretos,
muchos secretos
que el corazón debiera sepultar.
Cuando al encuentro del placer salimos,
Cuando sentimos el primer amor,
Entusiasmados de placer cantamos
Y evaporamos
Nuestra dicha al compás de una canción.
Pero después... nuestro placer guardamos
Como ocultamos el mayor pesar;
Porque es mejor en soledad el llanto
¡y crece tantonuestra dicha en humilde oscuridad¡
Sólo en oscuro, retirado asilo
puede tranquilo el corazón gozar;
sólo en secreto sus favores presta,
siempre modesta,
la que llamó felicidad.
¿Conoces tú la flor de batatilla, 
la flor sencilla, la modesta flor?
así es la dicha que mi labio nombra;
crece a la sombra
mas se marchita con la luz del sol.
Debe cantar el que en su pecho siente
que brota ardiente su primer amor;
debe cantar el corazón que, herido
llora afligido, 
si ha de ser inmortal su inspiración.
Porque la lira, en cuyo pie grabado
un nombre amado por nosotros fue,
debe a los cielos levantar sus notas
o hacer que rotas
todas sus cuerdas para siempre estén.
Pero cantar cuando insegura y muerta
la voz incierta triste sonará...
pero cantar cuando jamás se eleva
y el aire llevaperdida la canción ¡triste es cantar!
¡Triste es cantar cuando se escucha al lado
de enamorado trovador la voz!
triste es cantar cuando impotente vemos
que no podemos
nuestras voces unir a su canción!
Mas tú debes cantar! Tú con tu acento
al sentimiento más nobleza das;
tus versos pueden fáciles y tiernos
hacer eternos
tu nombre y tu laúd... debes cantar.
Canta y arrulle tu canción sabrosa
Mi silenciosa, humilde oscuridad!
Canta, que es sólo a los aplausos dado
Con eco prolongado
Tu voz interrumpir... debes cantar
Pero no puedes, como yo he podido,
En el olvido sepultarte tú; 
Que sin cesar y por doquier resuena
El aire llena la dulce vibración de tu laúd.
No hay sombras para ti. Como el cocuyo,
El genio tuyo ostenta su fanal;
Y huyendo de la luz, la luz llevando,
Sigue alumbrando
Las mismas sombras que buscando va.

1858

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