JOSÉ BASILEO ACUÑA

San José de Costa Rica, 1897-1992
de Cantigas de recreación, 1958


La Luz del Padre fecundiza las formas,
fecundiza los gérmenes;
los calienta,
los anima con pujanzas indómitas.
Como brazos tendidos ahora se levantan,
como brazos que señalan objetivos sidéreos.
La flecha de la Voluntad, fanática de sí misma,
es lanzada por el arco del Tiempo…

Ego
Soy.
Soy yo.
Yo soy yo.
Centro de mí mismo,
esencia de mí mismo,
el mundo es mi periferia.
Soy el dios esférico cuyo centro está en todas partes
y su circunferencia en ninguna.
Soy el que es y el que fue y el que será.
Nadie se parece a Mí.
Soy el único.
Soy.
Yo

Ahora querrás perpetuarte,
idealizar tu lodo,
grabar tu propia escultura en una obra,
aliviar el dolor del mundo para sentirte grande,
compensar tus crueldades con prédicas de sacrificio,
disfrazar tus odios con máscaras de piedad,
tus secretos rencores con alabanzas fingidas,
tu pobreza de espíritu con malabarismos de palabras,
tu ignorancia con la cínica burla y la ironía.

Adgistis es un monstruo,
un endriago que compendia todos los viles impulsos:
la lujuria insaciable,
la cólera ciega,
la crueldad que se ensaña en el dolor ajeno,
el goce de la flagelación en carne propia,
la perversidad horrible del incesto,
el regusto irrefrenable,
la apetencia de poder y la fruición de mando,
la envidia hipócrita y mendaz.

¡Salve Adgistis!
Soplo de la Hondura,
Soplo del Abismo,
Soplo de la Sombra.
¡Siniestro Hermafrodita de lo Profundo!
Dualidad de todo lo que vive abajo
y se encuentra debajo de las cosas.
El Neuma te formó dentro de Zeus
con el fango y sedimento de los mundos.
Te formó de acuerdo con tu propia Imagen.
Imprimió en ti la dualidad de su Semblante.
Pero el fango del mundo la copió invertida.
Y tú heredaste la imagen siniestra del Supremo Padre
y la imagen siniestra de la Celeste Madre.
Tú eres el Zeus del fango,
La Cibeles del fango.
¡Adgistis!
¡Padre Siniestro!
¡Madre Siniestra!
¡Siniestro Hermafrodita de lo Profundo!

Él quería que tú fueras padre.
Él amó tu masculinidad y avivó tu sexo.
él quiso sorberte el tuétano de juventud,
la savia púbera que molifica tus miembros
con el suave vellón del fruto pérsico;
quiso apagar su sed por la belleza
en los cántaros prohibidos de tu cuerpo

Vuelve, Atis, a la Madre
y consuela su soledad con tu presencia,
para que puedas vivir en Ella
que es vivir en la hondura de ti mismo.
¡Vuelve a la Madre!
¡Vuelve a la Madre!

Somos un canto perenne, un perenne flujo,
un deseo inagotable de existencia,
un ensueño que corre con dulzura
reflejando florestas y luceros,
una oblación continua y jubilosa
que un dios santificó desde el principio.

Prohija nuestro mundo los engaños
de todos los sentidos y produce
mágicas ilusiones de la vista,
prodigiosas creaciones de la mente,
alados sueños, torvas pesadillas,
vaporosos fantasmas de la noche
que hacen palidecer al caminante
y ponen a graznar a los mochuelos.
Somos los alfareros de la vida
que con el limo original fabrican
las formas de las cosas. Nadie sabe
si somos lo esencial o la mentira.

En cada planta nace un dios pequeño,
un delicado dios recién nacido;
en cada rama brota una promesa de fruto,
en cada madriguera una esperanza de vida,
en cada vientre un asomo de prole,
en cada yerba un presagio de nido.
Los dioses de la resurrección han regresado,
La Gran Madre festona sus santuarios
con guirnaldas de núbiles semillas.

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