JORGE CHARPENTIER

Alajuela-Costa Rica, 1933-1997

No te darán la miel. Te darán la abeja que hace la miel.
No te darán a Dios,
si no lo que hay que sufrir para pensar en Dios.
No te darán. Debes dar.
¡tienes que dar tanto
para que al menos crean que has nacido!

¡cansa tanto estar niño 
en el seno dormido del dolor!
¡Cansa tanto ser niño!
No se sabe qué hacer con el alma.
No se sabe.

pero te debo a ti, ángel de la guarda,
las noches más solas.

Ayer te vi.
Estabas otra vez triste y en el vientre de tu madre,
sólido y fatal como las hadas.
No regreses.
No hay angeles de la guarda.

Ya ves, 
yo tuve uno y lo dormi en el papel.

QUÉ DIOS TUVO ENTONCES

Qué Dios estuvo entonces
mirando las hendijas
de todas las palabras que no pude decir?
Lo llamé desde el cromo de mi libro de misa,
desde oraciones anchas 
donde cabían mi perro, mi soldado de plomo
mi barro en los zapatos, mi miedo a mi castigo.

¿Qué Dios estuvo entonces confirmando su ira?
Invoqué al ángel necio de los cuentos de nieve,
pero dejó la espada, sus alas demolidas, la sonrisa,
y se fue.

Pregunté si podría devolverles la cuna,
pagarles el retorno,
deshacerme los huesos y los ojos 
y amasar cualquier flor.

Los adultos dijeon:
no hay que llorar, 
si te vemos las lágrimas te daremos dolor.
¿Cómo enseñar al llanto que se quede quedito
fingiendo que no es ?
¿Cómo poner los ojos
donde no avergonzaron con su río,
indómito de piedra, dejado de la mar?

Tuve tantos caminos licuados en el cuerpo 
que aveces no sabía por donde caminar.
Naufragaba sin islas,
me refugianba en barcas pintadas torpemente en la pared.

¿Qué Dios estuvo ausente mirandome crecer?

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