ERICH KÄSTNER

 "Los errores poseen su valor, aunque sólo en alguna ocasión. No todo el mundo que viaja a la India descubre América"

 Eric Kästner

Dresde, Alemania, 1899-Munich,1974


LA OTRA POSIBILIDAD


Si hubiéramos ganado la guerra,

con rumor de olas y rugido de tormenta,

Alemania ya no se podría salvar,

y se parecería a un manicomío.


Se nos domesticaría con notas musicales

como a una tribu salvaje.

Al llegar los sargentos, saltaríamos

de la acera y nos cuadraríamos.


Si hubiéramos ganado la guerra

seríamos un estado orgulloso.

Y hasta en la cama apretaríamos

las manos contra la costura del pantalón.


Las mujeres deberían parir niños

Un niño al año. O a la cárcel.

El estado necesita niños como conservas.

Y la sangre les sabe a zumo de frambuesa.


Si hubiéramos ganado la guerra,

el cielo sería nacional.

Los curas llevarían charreteras

y Dios sería general alemán.


La frontera sería una trinchera.

La luna sería el botón de un soldado raso.

Tendríamos un emperador

y un casco en vez de cabeza.


Si hubiéramos ganado la guerra,

todos seríamos soldados.

Un pueblo de cretinos y afustes.

¡Y por todas partes alambradas!


Se nacería siguiendo órdenes.

Porque los hombres son bastante baratos.

Y porque sólo con cañones

no se ganan las guerras.


La razón estaría encadenada.

Y la llevarían a todas horas ante los jueces.

Y habría guerras como operetas.

Si hubiéramos ganado la guerra -

¡afortunadamente no la hemos ganado!


¿CONOCES EL PAÍS DONDE FLORECEN LOS CAÑONES?


¿Conoces el país donde florecen los cañones?

¿No lo conoces? ¡Lo conocerás!

Allí están los apoderados orgullosos y audaces

En las oficinas, como si fueran cuarteles.


Allí crecen botones de soldados debajo de la corbata.

Y se llevan cascos invisibles.

Allí se tiene cara pero no cabeza.

Y el que va a la cama, ¡se reproduce inmediatamente!


Allí cuando un jefe quiere algo

- y es su profesión querer algo -

la razón primero se cuadra y segundo se pone firmes.

¡Vista a la derecha! ¡Y la cabeza agachada!


Los niños nacen allí con pequeñas espuelas.

Y la raya hecha.

Allí no se nace civil.

Allí se asciende al que se calla.

¿Conoces ese pais? Podría ser feliz.

¡Podría ser feliz y hacer feliz!

Allí hay campos, acero y piedra

y empeño y fuerza y otras cosas bonitas.


¡Incluso espíritu y bondad hay allí a veces!

Y verdadero heroísmo. Pero no en muchos.

En cada segundo hombre hay un niño

que quiere jugar con soldados de plomo.


Allí la libertad no madura. Allí se queda verde.

Cualquier cosa que se quiera construir, acaba saliendo un cuartel.

¿Conoces el país donde florecen los cañones?

¿No lo conoces? ¡Lo conocerás!


FANTASÍA DE PASADO MAÑANA


Y cuando empezó la siguiente guerra,

las mujeres dijeron: ¡No!

y encerraron a su hermano, hijo y marido

en casa bajo llave.


Luego se fueron, en cada país,

probablemente ante la casa del capitán

y tenían palos en las manos

y sacaron a los tipos.


A cada uno le pegaron una azotaina

de los mandaron hacer esta guerra:

a los señores del banco y de la industria,

al ministro y al general.


Algunos palos se rompieron.

Y algunos fanfarrones se callaron.

En todos los países se puso el grito en el cielo,

y en ninguno hubo guerra.


Las mujeres volvieron entonces a casa otra vez,

con el hermano, el hijo, el marido,

¡y les dijeron que la guerra había acabado!

Los hombres miraron por la ventana

y no miraron a las mujeres...


EL ÚLTIMO CAPÍTULO


El 12 de julio del año 2003

el siguiente mensaje de radio recorrió el globo:

que un escuadrón de bombarderos de la policía aérea

iba a exterminar a la humanidad.


El gobierno mundial, así se explicó, descubrió

que el plan para establecer definitivamente la paz

no se podría realizar de otra manera

que envenenando a todos los implicados.


Huir, se declaró, no tendría sentido.

Ni un alma podría quedar viva.

El nuevo gas tóxico entraría en cada escondite.

Ni siquiera sería necesario quitarse la ropa.


El 13 de julio salieron de Boston mil

aviones cargados con gas y bacterias

y llevaron a cabo, corriendo por todo el globo,

el asesinato ordenado por el gobierno mundial.


Las personas se arrastraron gimiendo debajo de las camas.

Se precipitaron hacia el sótano y el bosque.

El veneno flotaba amarillo como las nubes por encima de las ciudades.

Millones de cadáveres se encontraban encima del asfalto.


Cada uno pensaba que podría escapar de la muerte.

Ninguno escapó de la muerte, y el mundo se vació.

El veneno estaba por todas partes. Avanzó a hurtadillas.

Corrió por los desiertos. Y atravesó el mar.


Las personas quedaron tumbadas como gavillas pudriéndose.

Otros colgaban de las ventanas como muñecas,

los animales en el zoológico gritaron horriblemente antes de morir.

Y poco a poco se apagaron los altos hornos.


Barcos de vapor se balanceaban en el mar, cargados de muertos.

Y ni lagrimas ni risas quedaron en el mundo.

Los aviones fallaron, con miles de pilotos muertos,

debajo del cielo y se estrellaron en llamas en los campos.


Ahora la humanidad por fin ha alcanzado lo que quería.

El método no era muy humano.

pero la tierra por fin estaba en silencio y satisfecha y recorría,

totalmente tranquila, su conocido camino elíptico.


VERDÚN, MUCHOS AÑOS MÁS TARDE


En los campos de batalla de Verdún

los muertos no encuentran la paz.

Cada día salen de la tierra

cascos y cráneos, muslos y zapatos.


Sobre los campos de batalla de Verdún

andan cristianos armados con palas,

barren costillas y cabezas

y meten a los héroes en cajas.


Arriba en el monumento de Douaumont

yacen doce mil muertos en la montaña.

Y en las cajas esperan en vano

ocho mil hombres ataúdes de su tamaño.


Y de los campesinos se apodera el horror.

Contra los muertos nada puede hacerse.

En los campos limpiados ayer

habrá mañana diez nuevos cadáveres.


Esta región no es un jardín,

y menos el Jardín del Edén.

En los campos de batalla de Verdún

los muertos se levantan y hablan.


Entre espigas y flores amarillas,

entre arbustos y helechos

sacan las manos de la tierra,

para advertir a los vivos.


En los campos de batalla de Verdún

crecen los cadáveres como herencia.

Cada día dice un coro de muertos:

«¡Mejorad vuestra memoria!»


Poemas extraidos de WAS NICHT IN EUREN LESEBÜCHERN STEHT (Lo que no está en vuestros libros de lectura, 1968), una recopilación de textos del autor.




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