WHILHELM KLEMM

Leipzig- Alemania, 1881-Wiesbaden, 1968

MADUREZ
(Trad.: JLB, 1920)

Los interminables experimentos de la naturaleza
nos persiguen hasta dejarnos totalmente rendidos.
Estudiamos clínica comparada de los mundos
para determinar la colocación de los anos.
En nosotros trabajan máquinas atléticas.
De noche siento hervir un lago en tu oreja.
Las revoluciones fracasan. Somos tiritantes insectos
que viven en el clima de la demencia.
Esto se titula mecánica evolutiva,
combinación de un tal Aristóteles.
Consecuencias asquerosas ocurren.
Desearíamos ser infinitamente animales.

LA BATALLA DE LA MARNE
(Trad.: JLB: Inicial 3, 1923)

Poco a poco la tierra empieza a hablar y a moverse.
La yerba brilla como un verde metal. Las selvas,
Talanqueras hundidas y frondosas, tragan columnas lejanas.
Lívido secreto, va a estallar todo el cielo.
Dos horas infinitas van desplegando minutos.
[....]4
Mi corazón es amplio como Alemania y Francia reunidas.
Y lo atraviesan todas las balas del mundo.
La batería levanta su voz de león.
Una y seis veces. Silencio.
En los lejos arde la infantería.
Durante días. Durante semanas también.


EXTRACTO
(Trad.: JLB, 1920)

La noche vierte sus viscosas lágrimas negras,
sobre los lechos fabulosos arde nuestra lascivia:
con una vela en el orificio posterio, un mono ilumina
desnudos innumerables y alumbramientos terribles.
Cada perro barbudo sufre su monodrama.
La muerte se presenta como ayudante de barbería,
la luna discute de la inmortalidad con una rata,
ante nosotros pasan copias indescifrablemente chicas.
Progresos ilusorios nos embaucan.



EN EL FRENTE

La tierra está yerma. Los campos están arrasados en lágrimas.
Por una carretera infame circula un coche gris.
La techumbre de una casa se ha desplomado.
Caballos muertos se pudren en charcos.
Se divisan líneas oscuras más allá de las trincheras.
Una granja arde lentamente en el horizonte.
Estallan los disparos; se extinguen – pop, pop, pauuuu.
Los jinetes desaparecen lentamente en el bosque pelado.
Nubes de metralla iluminan el cielo y se apagan. Un camino en hondonada
nos acoge. Allá se detiene la infantería, mojada y llena de barro.
La Muerte es tan indiferente como la lluvia que comienza.
¿A quién le importa el ayer, el hoy o el mañana?


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