URSULA CÉSPEDES ORELLANO DE ESCAVERINO


Bayamo-Cuba, 1832-1874

AL CAMPO
 


Yo he nacido en el campo, y fue mi cuna
de verdes ramas y laurel tejida,
y fue mi alma infantil, sin pena alguna,
el canto de las aves adormida.

Un plácido arroyuelo, un verde prado,
donde en las tardes del abril florido,
tranquilo pace el bienhechor ganado,
lanzando de placer recio bramido.

Hallé un mundo, a mis ojos extendido,
de arroyos de frescura y de verdores;
y nací, oyendo el mágico zumbido
de abejas, cañas, céfiros y flores.

A  M I  G U I T A R R A

Dulce encanto del alma, tú eres sola
la compañera de mis tristes penas;
tu acompañas mi voz, tierno bien, 
cuando yo canto.

Tú eres mi amor, mi dicha y mi esperanza;
solo en ti encuentro una ilusión ardiente,
y siempre sueño, cuando estoy dormida,
que estoy cantando. 

Si en otros brazos te contemplo triste,
siento que el alma se desgarra y llorar,
porque conozco dulce lira mía,
que estás gimiendo.

¡Oh! Nunca, nunca permitid amiga
que recorran tus cuerdas otras manos;
yo sola quiero sostener tu mástil
entre mis brazos.

Tu gimes lira, cuando yo suspiro,
melancólicamente entre mis dedos,
y parece que gozas cuando alcanzo
algún contento.

Tú eres alegre y bulliciosa a veces,
otras tú son es lúgubre gemido,
luego parece que entusiasta expresas
dichas de amor.

Ya es tu sonido dulce y melancólico,
ora furioso, irresistible y fuerte,
amargo y triste cuando a mi alma roe
dolor profundo.

¡Ah! Nunca debo permitir, bien mío,
que otros tus tonos deliciosos vibren;
mis dedos sólo tus divinas cuerdas
recorrerán.

Bayamo, 1851 

H O R A S  D E  S O L E D A D.

Bajo un álamo frondoso, salta alegre el corderillo,
en cuyas sonantes hojas canta el pastor dulces trovas,
retoza alegre la brisa repiten himnos los ecos
y se anidan las palomas, y se arrullan las palomas.
mientras proyecta en el prado Es que sale a la campiña 
su desmelenada sombra, con sus trajes y sus joyas,
recostada entre las flores, juguetona y coquetuela,
reflexiva y perezosa, como una linda manola,
soñolientas y pesadas porque ella también se muestra
dejo resbalar las horas. casquivana y caprichosa,
Aquí sin ver divagando y la soledad del hombre
la sociedad caprichosa puebla con diversas formas;
con variados atavíos y visiones ya esplendentes,
y con diferentes formas: ya tristes y gemidoras.
harapienta en el mendigo; 
acongojada y llorosa, Soledad, yo te saludo
risueña y pura en la joven; con expresión afectuosa,
en el viejo, escrutadora; cuando paso en tus dominios
insolente, en la ramera; mis melancólicas horas,
en el niño, candorosa; y de tu dulce tristeza
serena, en el hombre honrado; mi joven alma rebosa.
y estúpida en el idiota. Aquí nada necesito
Aquí, apartada del mundo, porque de todo me sobra;
aquí enteramente sola, que el bien y el mal la natura
con mi corazón ardiente de las sociedades copia.
y mi vista observadora; Aquí no tengo adalides
abismada en reflexiones, que la campaña abandonan
dejo resbalar las horas. y van a ocultar su miedo
entre sayales y tocas.
Con sus diversos paisajes, Aquí no tengo coquetas
la naturaleza toda descaradas y burlonas,
me acompaña en mis deliquios calaveras de cien años
y mi análisis provoca; ni fementidas esposas;
también ella algunas veces, pero tengo negros buitres
es caduca y caprichosa; que arrebatan las palomas
ya salta de peña en peña y reptiles que se esconden
con la cascada sonora, con sus lenguas venenosas
ya se explaya con las aves entre las rosas de mayo,
en acompasadas notas, del geranio y la amapola.
ya gime por los collados, Aquí no tengo familias
ya susurra entre las hojas que por la tarde se postran,
de los céfiros errantes y alzando las manos juntas,
en las alas tenebrosas. sagrados cantos entonan!
Si por entre ramas verdes, Aquí no tengo bellezas
en apresurada tropa, de frentes puras y hermosas,
se precipitan las nubes, generosos caballeros,
las unas tras las otras, castas y nobles matronas;
y a la luz del sol de Oriente, pero tengo tiernas aves
que entre celajes asoma, que cuando el sol se evapora,
como diamantes perdidos con melancólicos trinos
descienden algunas gotas. los hondos valles asorda;
Los nublados se suceden, mientras repliegan las flores
el viento de tierra sopla sus agostadas corolas,
y los árboles inclinan y tengo mansas corderas, 
sus desordenadas copas. sufridas y cariñosas, 
Es porque a la luz del día y generosos bridones 
cuando apenas Febo asoma, que nunca el campo abandonan;
como una niña mimada por eso yo te saludo
oculta la frente y llora; soledad arrobadora;
y si murmuran acordes y de tu dulce tristeza 
entre jazmines y violas mi joven alma rebosa. 
las corrientes cristalinas cuando en tus vastos dominios 
de alguna cascada ignota, dejo resbalar las horas. 
y los campos se engalanan 
con flores blancas y rojas, 

Bayamo, 1860 

A MI MADRE

Madre mía; tu fuiste desgraciada;
en tu pálida sien de blanco lirio,
dulce emblema de amor, jamás ornada,
aún se mira la huella ensangrentada
que imprimió la corona del martirio.

Tú que el pan de los pobres conseguiste
mojado en tu sudor y amargo llanto,
en el mísero hogar donde naciste,
nunca, madre, infeliz, nunca pudiste
alzar de paz y de ventura un canto.

Eras hermosa, como dicen que era
en el lugar de Nazaret, María,
y tu fresca y lozana primavera
cubrió de soledad una ribera
bajo su niebla silenciosa y fría.

Has sido aborrecida y calumniada
por los que vieron mejorar tu suerte,
y tú, dulce, paciente y resignada,
ni contra el débil te volviste airada
ni tu voz levantaste contra el fuerte.

Ya por fin, tu cabeza atormentada
refrescaba la nieve del invierno,
y al descansar la angelical mirada
en tu familia próvida y honrada
latió feliz tu corazón materno.

Mas, no bastaba aún si en otras veces
el cáliz del dolor habías probado
sin que nunca el destino maldijeses;
aún faltaba apurarlo hasta las heces
para arrojarlo al fin despedazado.

¿En donde están tus hijos? ¿A qué puerto
han llevado su mísera barquilla?
Unos viven, tal vez, otros han muerto;
el hogar de mi padre está desierto,
y una lágrima eterna es tu mejilla

Pues bien, mansa mujer, tú a quién impía
estrechó la desgracia entre sus brazos
sin jamás blasfemar en tu agonía,
ven y dame un consuelo, madre mía,
yo tengo el corazón hecho pedazos.

La historia que llorando referiste
a la luz del hogar, y a la memoria
de tus hijos, confiar solo quisiste
temerosa del mundo, no es tan triste
como un solo episodio de mi historia

Yo que sólo del mundo a la grandeza
mi parte de aire y luz he reclamado,
un lugar medio oculto en mi maleza,
un árbol donde apoye mi cabeza
y un pedazo de cielo sonrosado.

¡Ay!, todo lo perdí, no tengo nada;
cenizas por doquier de lo que ha sido
sólo encuentra mi vista fatigada;
la llama de mi pecho derramada
todo en redor de mí lo ha consumido.

Ven y estréchame más, tu blando seno
me da valor para sufrir mi suerte;
yo quisiera dormir! Si el ronco trueno
sigue bramando de furores lleno,
pídele al cielo que jamás despierte.

San Cristóbal, 1868

DESALIENTO

¿Habrá en el lenguaje humano Esas almas tenebrosas
frase bastante elocuente bajo cuya sombra inerte
para expresar eso amargo hay tanta cabeza joven 
que se prueba algunas veces? que se dobla y encanece;
Eso fúnebre que pinta tantos ojos que no lloran,
de negros tintes lo verde; pero en cuyo fondo hierven
eso que en los horizontes tristes reverberaciones
haciendo sombra se cierne. que se apagan o se encienden.
Eso que afloja las carnes Helados labios que nunca
y los nervios entumece, frases violentas profieren,
eso que rueda en el alma pero en cuyos dos extremos
como una gota de nieve; forma el disgusto dos pliegues;
eso que enturbia los ojos, corazones que no osaron
eso que arruga la frente, latir mas o menos fuerte,
y hace brotar en los labios pero que sobre sí mismos
flébiles cantos de muerte? se van replegando y mueren.
¡Desaliento! Sí, yo creo Ojos sin luz que no miran
que ésta es la palabra breve cabezas que no se yerguen,
que en pocas modulaciones brazos sin vigor que cuelgan
decir tantas cosas puede mejillas que palidecen... 
¡Desaliento! ; bien me acuerdo, ¡Desaliento! Eres Verdugo,
éste es el nombre que tiene pero cobarde y aleve;
eso que pasa gimiendo vas extrayendo la sangre
por los confines del éter; lo mas despacio que puedes
esa mano misteriosa Bajo tu presión horrible
que aún en medio del banquete, todo mi ser se desfallece... 
a enterrar sus férreos dedos ¡Desaliento! ¡Si pudieras
en nuestras entrañas viene. matar instantáneamente!

San Cristóbal, 1870

L A  S O M B R A  D E  M I S  R E C U E R D O S.

¿Qué me quieres?, ¿por qué vienes 
a turbar mi pensamiento
que dormitaba tranquilo
bajo una capa de hielo?

¿Por qué vienes con tus huestes 
de alborotadores genios
a interrumpir el reposo
de mi corazón desierto?

¿Por qué vienes con tu rostro 
siempre apacible y risueño,
a comparar la de ahora
con mi vida de otro tiempo?

¿Por qué arrancas con las yemas
de tus sonrosados dedos
los que se han tornado blancos 
entre mis negros cabellos?

¿Quieres renovar latidos
en un corazón ya muerto?
¿Buscas risa en unos labios
descoloridos y secos?

¿Buscas ansias amorosas
y mundanos devaneos
en unos ojos marchitos 
que se fijan en el cielo?

Pues bien, acércate y oye,
aunque rueden por el suelo
tus tiernas flores de mayo
bajo mis soplos de enero;

Aunque tus alas celestes
se plieguen con desaliento
al tocar la dura escarcha
de mi cansado cerebro.

Escucha: todas mis horas
resbalan en el silencio
arrulladas por la triste
monotonía de mis rezos

Ya no hay sonrisa en mis labios
y en mis ojos ya no hay fuego;
pero en aquellos hay quejas
y lágrimas siempre en éstos.

Mi frente yace doblada
bajo el formidable peso
de una amargura infinita
y de un infortunio inmenso....

Mas, ¿dónde está? Ya no existe
se ha ido desvaneciendo
como esas nubes ligeras
que se evaporan al viento;

¿Con que ella también me deja
sin escuchar mis acentos?.....
En verdad era tan triste
lo que le estaba diciendo.

¿Y quién es ella tampoco
para durar mucho tiempo?
La quimera del pasado
la sombra de mis recuerdos.

Regla, 1873 (un año antes de su muerte)

E L  A N G E L  D E  L A  M U E R T E.

Pálido, triste, la sonrisa helada
los labios sin color,
indecisa y opaca la mirada
la palabra sin voz.

El cuerpo lacio, que dirige lento
el vacilante pie,
el cabello terroso, amarillento
y pegado a la sien;

así te veo venit, ángel que allegas
el postrimer adiós;
te paras ante mí, las alas plegas
y miras en redor.

¿Lo ves?, yo no estoy sola, aquí a mi lado
hay tres flores de abril;
son mis hijos; si muero, infortunado
será su porvenir

Los he criado en mi seno; en mis rodillas
aprendieron a hablar,
y del más ternezuelo, en las mejillas
siempre mi labio está

Jamás tuvieron hambre, ni de frío
los han visto temblar,
que aquí estaba su seno junto al mío,
y era suyo mi pan.

Aún no saben sufrir, porque en llorando
les acaricio yo,
y sus labios sonríen semejando
la lluvia con el sol.

Si los dejo, me llaman y no puedo
a su voz contestar;
si me buscan, no me hallan, tendrán miedo,
rompería a llorar.

Un violento pesar el alma siente,
me duele el corazón
y al brotar, se congelan en mi frente
las gotas de sudor.

Nunca me he separado de esos seres
que nacieron de mí;
¿a qué, pues has venido?....¿qué me quieres?
¡yo no me puedo morir!

Regla, 1873


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