LUISA MUÑOZ DEL VALLE


Sancti Spiritus-Las Villas, 1906-La Habana-Cuba, 1987 


AL HOMBRE 


Sin en la encrucijada
te acucian los fieros lobos del pecado,
si en la mar te azota
la tormenta horrible de las tentaciones,
si en la tierra o mar
te asaltan los cuervos de negras pasiones,
vuelve tu mirada
al cuerpo pendiente de ese ENAMORADO,
que por tí se agota,
piensa cuánto sufre y habrás de lograr,
una luz divina que bañe tu alma
de infinita calma.

Pues nada serena cual considerar,
que todo lo puede su "ciencia de amar".

DESENGAÑO

Sale el alma enamorada de la vida y la alegría
a gozar... y va a la fiesta,
vestida de regocijo.

Todo es ruido y algazara
en la fiesta... todo es brillo,
todo fantástico, todo
carcajadas y bullicio.

Se halla estremecida el alma
ante tanta fantasía
y sus ojos expectantes,
de asombro y sorpresa brillan.
Ante la fiesta se queda
arrinconada y remisa
y mientras los otros bailan,
ella, callada medita
en las turbias carcajadas,
en las frases de caricia
y en los simpáticos gestos
de fraternal acogida.

Porque ha visto, tras la máscara, la faz de la hipocresía
¡Y tantos hermanos lobos
vistiendo vellón de armiño!
Mala fe hay en los ojos
de los hombres, que rendidos
fingen amor a las jóvenes
para gozar sus hechizos.

Picardía en sus miradas; en las de ellas, envidia
por las galas de las otras,
por sus gracias y atractivos.
Y crítica, en las de todos
y en los espíritus, frío...
El alma se siente sola
cerca de tantos amigos.

El alma vuelca sus ansias
y se exhala en un suspiro.
Entre tanta escoria humana
¡cuan inmenso es el hastío!

Cuando torna de la fiesta,
también en su faz hay risa,
una risa que es sarcasmo
y de luto va vestida.

El desengaño del mundo,
su maleficio ha cumplido:
¡Nunca olvidará lo amargo
de las heces de ese vino!

San Antonio, 10 de octubre de 1933.

A CRISTO

Si todos los que sufren contemplaran
tu cuerpo destrozado y dolorido;
si te miraran, todos los que lloran,
sufrir sin una queja ni un suspiro;

si los que en la desgracia desesperan;
si todos esos tristes de la vida
sus miradas alzaran a tus ojos
y vieran cuánto amor en ellos brilla,

a tus plantas cayendo avergonzados,
perdón te pedirían,
por no sufrir, Maestro, como sufres;
por esa rebeldía
que ante el dolor el ser humano siente;
por ese cruel olvido
de todo el sufrimiento que pasaste
a fin de redimirnos.

CONTRASTE

En tu boca, en tus ojos, en tus manos,
la vida contemplé
y dije entusiasmada: "Este es el cuerpo
que con vida más rica examiné".

A tu alma volviendo las pupilas,
asombrada quedé,
porque helada e inerte se encontraba...

¡Ni un átomo de vida! –murmuré–
y buscando la causa de su muerte,
que era un jardín, entonces observé;
mas, en este jardín casi desierto,
ni una planta de amor quedaba en pie.


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