JOSÉ RAMÓN BETANCOURT


Puerto Príncipe, Camagüey-Cuba, 1823-La Habana, 1890

LA QUE DEBO AMAR
 


No quiero un ángel, no: que en ilusiones
así miraba a una mujer divina,
mas busqué el alma y la encontré mezquina,
juguete vil de necias impresiones.

No quiero la mujer cuyas pasiones,
ardientes como el sol que me ilumina,
en el lecho de infame Mesalina
me haga olvidar mis castas afecciones.

Quiero un alma sencilla tierna y pura,
que la virtud anime con su llama,
que en su fiel corazón guarde el tesoro

de mi honor, mi consuelo y mi ventura.
Así es la virgen bella que me ama,
así la debo amar, así la adoro.


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