JIZCHAK KATZENELSON

Karelits-Minks-Bielorrusia, 1886–Auschwitz-Polonia, 1944


HORROR, AUN CREO EN EL HOMBRE.

"¡Vagones vacíos! Ustedes estaban llenos, y de nuevo vacíos,
¿Dónde fueron a deshacerse de sus judíos? ¿Qué les pasó?
Eran diez mil, contados, registrados, ¿y ustedes están de vuelta?
Cuéntenme, vagones vacíos, ¿a dónde fueron?
Vienen de otro mundo, lo sé, no debe estar lejos...
¿Por qué tanta prisa, vagones? ¿Tan poco tiempo tienen?...
¿Cómo pueden ustedes soportarlo, aunque sean de hierro y madera?
Mudos, cerrados, ustedes vieron.
Díganme, vagones,
¿a dónde llevan a este pueblo, a estos judíos?...
¿A la muerte?...
Vagones hablen...
Mientras yo lloro, hagan hablar sus ruedas..."

I HAD A DREAM

I had a dream,
a terrible dream:
my people was no more, my people 
disappeared.
I rose screaming:
Ah! Ah!
What I have dreamed
is happening now! 
Oh, God in heaven! -- 
Shuddering I shall cry:
what for and why
did my people die?
What for and why 
in vain did it die?
Not in a war,
not in battle . . .
the young, the old,
and women and babies so little -- --
are no more, no more:
wring your hands! 
Thus I'll cry in sorrow
both day and night:
What for, my Lord,
dear God, why?

TUVE UN SUEÑO

Tuve un sueño,
un sueño terrible:
mi pueblo ya no existía, mi pueblo
desaparecido.
Me levanté gritando:
¡Ah! ¡Ah!
Lo que he soñado
que está sucediendo ahora!
Oh, Dios en el cielo! -
Tembloroso me clamará:
para qué y por qué
murieron a mi pueblo?
¿Para qué y por qué
en vano murió?
No de una guerra,
no en la batalla. . .
los jóvenes, los viejos,
y las mujeres y los bebés tan poco ----
no son más, no más:
retuercen las manos!
Así que voy a llorar de pena
el día y la noche:

CANCIÓN DEL PUEBLO JUDÍO ASESINADO
(Fragmento)

¡Canta!

¡Canta! Toma el violín vaciado y hueco 
Y arroja sobre sus delgadas cuerdas tus dedos, 
Pesados como corazones doloridos. Y canta el último canto
Acerca de los últimos judíos en tierra europea.

-¿Cómo cantar? Cómo abrir la boca siquiera
Habiendo quedado completamente solo.
Sin mujer, sin mis dos pequeños. ¡Es un espanto!
El horror me habita… Escucho un llanto a lo lejos…

“¡Canta, Canta! ¡Alza la voz, quebrada y dolorida.
Búscala! Busca el canto allí arriba, si aún está,
Y cántalo… canta el último canto acerca del último judío;
Vivió, murió, quedo insepulto y ya no existe más…”

-¿Cómo cantar? ¿Cómo erguir la cabeza siquiera?
Se llevaron a mi mujer, a mi Ben Zion y a mi pequeño Iome, un niñito
¡Ya no están conmigo y su imagen no me deja!
¡Oh, oscuras sombras de mis más luminosos! ¡Sombras frías, ciegas!

“Canta, canta todavía por última vez aquí en la tierra;
Echa atrás la cabeza, pon los ojos en blanco,
Toma tu violín y canta por última vez:
¡Ya no hay mas judíos! Hasta el último han sido asesinados.

-¿Cómo cantar? ¿Cómo alzar los vidriosos ojos siquiera?
Llevo una lágrima petrificada en la pupila…
Quiere caer, quiere arrancarse el ojo
Pero no puede… ¡Dios , Dios mío!

“Canta, canta… levanta hacia las alturas tu mirada ciega
Como si existiese un Dios allí, en los cielos…
Como si aún pudiésemos esperar de allí alguna dicha.
¡Siéntate sobre las ruinas de tu pueblo asesinado y canta!”

_ ¿cómo cantar si el mundo es para mi un desierto?
¿Cómo hacer música con las manos crispadas?
¿Dónde están mis muertos? Los busco, Dios, entre los desperdicios,
En los montículos de ceniza: ¡Oh, díganme donde están vuestros cuerpos!

¡Griten de entre el polvo, desde bajos las piedras, 
Desde las arenas, desde las llamaradas, desde las columnas de humo;
En vuestra savia y sangre, la médula de vuestro hueso!
Alcen la voz, griten con fuerza!

¡Griten desde las entrañas de las fieras del bosque, desde los peces del río
Que los devoraron! Griten desde los hornos crematorios, hombres, mujeres y niños.
¡Yo quiero un escándalo, yo quiero un clamor dolorido, quiero escuchar vuestra voz!
¡Grita, pueblo judío asesinado! ¡Deja que estalle tu grito!

Y no grites al cielo; te escucha tanto como la tierra, este basural;
Y no clames al sol; es como hablarle a un muro… ¡Ah, si yo pudiese
Apagar el sol como se apaga una lámpara, en esta desolada cueva de asesinos!
¡Tú brillabas más! ¡Tú eras más luminoso que el sol, pueblo mío!

¡Oh, pueblo mío, muéstrate, revélate ante mí, levanta tus manos
Desde las profundas fosas, apretadas, espesas, de kilómetros de largo,
Cubierto de cal e incinerado capa sobre capa!
¡Ponte de pié! ¡Levántate desde el último, desde el más profundo estrato!

¡Vengan todos. De Treblinka, de Sobibor, de Auschwitz;
Vengan de Belzec, de Ponar, de todos lados; vengan
De entre musgos podridos, desde los pantanos, desde las profundas ciénagas;
Vengan con ojos desorbitados, con gritos congelados y sin voz.

Vengan, formen en círculo, cremados. Resecos, triturados;
Hagan una ronda a mi alrededor, una ronda enorme;
Vengan, huesos judíos, desde el polvo, desde los panes de jabón,
Abuelos, abuelas, madres con niños en los brazos.

Déjense ver, muéstrense ante mí, vengan, vengan;


Quiero verlos a todos, quiero mirarlos, quiero
Echar una mirada muda sobre mi pueblo asesinado,
Y voy a cantar… Sí… ¡tomo el violín y canto!
3/5-X-1943

Extraído de Katzenelson, Itsjok. El canto del pueblo judío asesinado, versión en español de Eliahu Toker, Ed. Arte y Papel, Argentina, 1993.

El intento de iniciar una nueva ola de deportaciones desencadenó el 18 de enero de 1943 el primer levantamiento del gueto de Varsovia. En respuesta, el 16 de febrero Himmler ordenó liquidar el gueto. El segundo y verdadero levantamiento comenzó el 19 de abril y duró 27 días. Un día después, Katzenelson y su hijo Zvi pasaron a través de los desagües hacia el así llamado lado “ario” de la ciudad, donde se ocultaron durante varias semanas en una carbonera.

Los jalútzim se ubicaron al lado de la puerta, en el altillo, 
en la escalera; uno junto a la ventana contaba lo que sucedía 
en la calle; yo miraba, pasmado, por el vidrio:
Ya los llevan a la plaza de concentración... Ay de mí,
van mudos, profundamente gachas las cabezas;
oh, mis judíos, últimos míos de mi pueblo; ¿por qué no estaré 
ciego y sordo?

[…]

Calla: Una corrida; dos gendarmes se escapan; llegan más, 
incendian una casa.
Una pequeña casa se alza en llamas ante mi ventana; un bombero
malvado azuza el fuego.
Un alemán se acerca: «¡Aquí se escondieron tres!», le dice en polaco.
Los sacan a la rastra; los cuerpos enrojecen la nieve y entibian la
escarcha.
¡Calla, calla! ¡Ya están aquí! Veo desde atrás al alemán, 
no veo su rostro.
No fue por la espalda; en el pecho recibió el alemán una bala. 
También el otro cae:
«¡Los judíos tiran!», logra exclamar sorprendido. ¡Sí, es cierto! 
Zejaria, tú, y Eliezer.
¡Sí, son ustedes! ¡Jalútzim y shomrim en la calle Nizka! 
¡Sí, son ustedes!
Ellos no lo sabían...

(3 al 5 de enero de 1944)

El 18 de abril de 1944, los 173 judíos polacos fueron trasladados en tres vagones al campamento de transición de Drancy, cerca de París, y poco después fueron deportados a Auschwitz junto con otros judíos, donde llegaron el 1ºde mayo y fueron inmediatamente asesinados. Entre ellos estaban Yitzhak Katzenelson y su hijo Zvi Katzenelson.

Así nos asesinaron, de Grecia a Noruega y hasta las afueras de Moscú, 
a cerca de siete millones
sin contar los niños judíos en los vientres de sus madres. 
Si es que queda algún judío
en la lejana América, en la cercana Eretz Israel, que reclame al mundo
también por estos niños,
que reclame por los no-nacidos, gaseados con sus madres 
en las entrañas maternas.

(15 al 18 de enero de 1944)

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