RADKO RADKOV



Veliko Tarnovo-Bulgaria, 1940-2009


ELEGÍA PAGANA
(Siglo IX de la era cristiana)

El sol se apagó y todos los ruidos han cesado,
¡Una brisa fresca se levanta del fondo del valle!
Y basta, para sentirte profundamente feliz,
creer que un bello espíritu
vive en cada cáliz de flor,
que cada escalofrío ligero del viento
es el movimiento aéreo de una ninfa,
que la corona trenzada de iluminadas cimas
es un altar sagrado donde arden
los últimos rayos del crepúsculo.
¡Para ser feliz hace falta que comprendas
que todo tu cuerpo es una parte viva
de la Unidad divina del Ser!

Traducido al español por Janice Montouliu (Uruguay),
a partir de la versión francesa de Athanase Vantchev de Thracy.
EL CASTILLO DE RODAS
Una densa oscuridad venida de los tiempos pasados,
en esta oscuridad que mi alma conoce,
veo los dulces contornos de una mano de cera
llevar un candelabro a las llamas vivas.
Pero ¿qué significa esa puerta abierta en el fondo del pasillo,
esa puerta por la que pronto se precipitarán para siempre
la mano de cera, el candelabro
y las llamas vivas?

Traducido al español por Janice Montouliu (Uruguay),
a partir de la versión francesa de Athanase Vantchev de Thracy.

NO, NO PUEDO CANTAR

No, no puedo cantar como Juan Damasceno,
no soy sabio ni inteligente teólogo como él.
Bebo vino en compañía de mis alegres amigos
y comparto con las bellas esclavas morenas
el pan diario y el amor humano.

No, no adorno el altar de Dios de cirios costosos,
no invoco a una voz conmovida, la más suave, Señor Jesús,
vendo pájaros en los mercados
dejando flotar en el aire más dulce que la miel
mis rizos de joven hombre despreocupado.

Modesto pagano, amo
la fina llovizna de marzo que moja mi frente,
amo correr en el amanecer con los rápidos ríos, hacia el valle,
amo la pelusa amarilla de los sauces
y el claro aguacero primaveral goteando sobre mi rostro.

¡Oh! ¡Que se callen los filósofos sombríos!
¡Que no hablen más de muerte!
Observa las deslumbrantes azucenas de los campos,
admira las criaturas sin nombre,
todas ellas te dirán mejor que estos pensadores
el sentido escondido en el corazón del Universo.

¡No, no tengo la voz de Damasceno,
soy solo un pobre vendedor,
pero yo, mi frágil religiosa, yo
he soltado en el jardín de tu convento austero
mi ruiseñor, con el fin de que él cante en tu ventana,
en la profunda oscuridad de la noche,
sus melodías de amor!

Traducido al español por Janice Montouliu (Uruguay),
a partir de la versión francesa de Athanase Vantchev de Thracy.


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