LU XUN



Shaoxing, China, 1881 - Shanghái, China, 1936

DIARIO DE UN LOCO


Dos hermanos cuyos nombres no mencionaré aquí, buenos amigos del liceo, a quienes perdí de vista después de muchos años. Escuché que uno estaba seriamente enfermo. Así que cuando regresaba a mi ciudad natal, interrumpí mi viaje para visitarlos. Sin embargo, vi a uno de ellos, que me dijo que su hermano menor había enfermado.
“Aprecio tan largo viaje para venirnos a visitar, mi hermano se recuperó hace algún tiempo pero se ha ido, no sé adonde, a asumir un cargo oficial”, dijo. Después, sonriendo me mostró dos volúmenes del diario de su hermano, indicando que a juzgar través de ellos podía comprender la naturaleza de su enfermedad, y que no había nada de malo en mostrarlos a un viejo amigo. Me llevé el diario, al leerlo cuidadosamente descubrí que había sufrido un tipo de “manía persecutoria”. La escritura era bastante confusa e incoherente y con muchas afirmaciones descabelladas. Pero por el color de la tinta y las diferencias en la escritura se evidenciaba que no había sido escrito de una sola vez. Aún así, algunas partes estaban bastante relacionadas y copié una de estas para que sirviera como material de investigación médica. No alteré ni siquiera una nota del diario, simplemente cambié los nombres, aunque las personas citadas son campesinos, desconocidos al mundo y sin importancia. En cuanto al título, fue elegido por el autor del diario después de su recuperación y no lo cambie.
Año 7, mes 4, día 2.


I

Esta noche la luz de la luna es maravillosa. No la veía desde hacia más de treinta años; hoy me siento contento al contemplarla, como nunca antes. Ahora comprendo que en estos treinta años he estado en la oscuridad. Sin embargo, tengo que tener cuidado. De lo contrario, ¿por qué me habría mirado dos veces el perro de los Zhao?
Tengo razones para sentir miedo.

II


Esta noche no hay luna, sé que es de mal augurio. Salí con mucho cuidado esta mañana, la mirada del señor Zhao era extraña; como si temiera o como si quisiera matarme. Había siete u ocho que hablaban de mí, susurraban y temían que los mirara. Todos los que encontré en mi camino se comportaron igual. El más valiente mostró los dientes sonriendo con sarcasmo; temblé de pies a cabeza, porque sabía que sus preparativos estaban a punto.

No obstante, continué mi camino sin miedo. Más adelante, un grupo de niños discutían sobre mí. Sus miradas eran como la del señor Zhao y sus rostros terriblemente pálidos. Me pregunté qué problema pueden tener estos niños conmigo para comportarse de ese modo. No pude contenerme, grité “¡Díganmelo!”. Sin embargo, ellos huyeron.
Me pregunto: ¿qué problema puede tener el señor Zhao y la gente de la calle conmigo?; lo único que recuerdo es que hace veinte años dañé los balances del Señor Tiempos Antiguos1 porque él estaba muy enojado. Aunque el señor Zhao no lo conozca, seguramente habrá oído hablar de ello y ha decidido vengarse. Pero, ¿por qué los niños? En aquella época ni siquiera habían nacido. ¿Por qué me han mirado de modo tan extraño, como si me temieran, como si quisieran matarme? Esto sí me asusta, me intriga y me desconcierta.
Ahora lo sé. ¡Lo deben haber aprehendido de sus padres!

III


No puedo dormir de noche. Es necesario hacer una consideración para comprender a estas personas. Algunas han sido castigadas por el magistrado, otras expuestas al escarnio público, sus mujeres han sido raptadas por los alguaciles o sus padres obligados a suicidarse por los acreedores; pero sus rostros en aquel entonces no estaban tan atemorizados como ayer ni tampoco eran tan valientes.

Ayer fue lo más extraño de todo, una mujer en plena calle le pegó a su hijo diciendo “¡Pequeño demonio! ¡Me gustaría darte varios mordiscos para aplacar mi sentimientos!”. Sus ojos me miraron todo el tiempo. Y la vi sin poder controlarme, y aquellas caras verdosas, esa gente de largos colmillos, comenzó a reír sin sentido. El viejo Chen se me acercó y me llevó rápidamente a casa.
La gente fingía no conocerme; tenían la misma mirada de los otros. Entraron en la biblioteca y cerraron la puerta por fuera como si estuvieran enjaulando a un pollo o a un pato. Este incidente me preocupo aun más.
Hace algunos días, un arrendatario de nuestro pueblo de Lobezno2 vino a notificar la pérdida de sus cosechas y le contó a mi hermano que un personaje conocido de su pueblo hacia muerto a golpes, le sacaron el corazón y el hígado y luego freído en aceite y se lo habían comido para incrementar su coraje. Cuando los interrumpí, el arrendatario y mi hermano me miraron atónitos. Entonces hoy comprendí que sus miradas eran idénticas a la de la gente en la calle.
El hecho de pensarlo me basta para temblar de pies a cabeza.
Comen seres humanos, podrían comerme.
“Te daría varios mordiscos”, fueron las palabras de aquella mujer y, al ver su rostro, las risas envidiosas de la gente, los largos colmillos y la historia del otro día del arrendatario, es evidente que éstas son señales secretas. Por el veneno de sus palabras, sus risas cortantes, sus dientes alineados, blancos, brillantes, deduzco que todos ellos son caníbales.
Aunque yo no sea una mala persona, el hecho de haber echado a perder los balances del Señor Gu3 no puede tomarse a la ligera. Es como si tuvieran secretos que no puedo adivinar y cuando se enojan tildan a los demás de malvados. Recuerdo que mi hermano mayor me enseñó a escribir composiciones, no importaba cuán brillante fuera, si escribía algo en contrario, llenaba la página de círculos; mientras que si excusaba a un malhechor, decía: “¡Qué composición, esto sí es original!”. ¿Cómo poder adivinar sus más recónditos pensamientos, sobre todo cuando estén listos para comer?
Para comprenderlos debemos ser cautelosos. Recuerdo que, en la antigüedad, la gente a menudo comía seres humanos, pero tengo dudas al respecto. Sin embargo, al tratar de analizar la historia, no hay fechas, garabateadas en cada página se encuentran las palabras: “Justicia y Virtud”. Ya que ni siquiera puedo dormir, me quedé toda la noche leyendo hasta que comencé a ver palabras entre las líneas, dos palabras se leían por todo el libro: “¡Comer gente!”.
Las palabras escritas en el libro, las palabras del arrendatario, las miradas extrañas con sonrisa enigmática. Me observan.
Yo también soy un hombre, ¡ellos quieren comerme!

IV

En la mañana me senté tranquilo un momento. El viejo Chen trajo el almuerzo, un tazón de vegetales, uno con pescado al vapor. Los ojos del pescado eran blancos y duros, su boca estaba abierta como la de aquellas personas que querían comer seres humanos. Después de algunos bocados no podía decir si los resbaladizos bocados eran de pescado o de carne humana, por ello lo dejé todo.
Dije: “Anciano Chen, dile a mi hermano que me siento un poco sofocado y que quiero caminar en el jardín”. El Anciano Chen no respondió y se fue, regresó abriendo el portón.
No me moví, sino que observé cómo iban a tratarme, estaba seguro de que no me dejarían salir. ¡Sumamente seguro! Mi hermano mayor avanzaba despacio, acompañaba a un anciano. Sus ojos tenían una luz cruel y temiendo que lo viera, venía cabizbajo, mirándome de reojo detrás de sus espejuelos.
“Te ves muy bien hoy”, dijo mi hermano.
“Sí”, respondí.
“Hoy he invitado al señor He para examinarte”, dijo mi hermano.
“¡Está bien!”, respondí.
¡Sabía perfectamente que ese anciano era el verdugo disfrazado! Simplemente usaba el pretexto de tomarme el pulso para ver cuán gordo estaba; haciendo esto recibiría una parte de mi carne. Aun así no tenía miedo. Aunque no como seres humanos, mi coraje es mayor que el de ellos. Expuse mis dos muñecas, para ver qué iba a hacer. El anciano se sentó, cerró sus ojos, midió los pulsos un momento, permaneció quedo unos instantes y, abriendo sus espectrales ojos, dijo: “No pienses desordenadamente, quédate quieto por algunos días, y te sentirás mejor”.
¡No pienses desordenadamente, quédate quieto por algunos días! Cuandohayas engordado, naturalmente, tendrán más que comer; ¿qué bien me recaerá, cómo es posible que “mejore”? Toda esta gente no sólo quiere carme humana sino que subrepticiamente trata de mantener las apariencias, no se atreven a actuar inmediatamente, realmente me hacen morir de la risa. No puedo dejar de reír a carcajadas, me divierte tanto. Sé que en esta risa residen el coraje y la integridad. Sea el anciano que mi hermano empalidecieron, aplastados por mi coraje y mi integridad.
Es más, desean comerme porque soy valiente, para poder adquirir parte de mi valentía.
El anciano traspasó el portal; sin embargo, antes de que se alejara, dijo quedamente a mi hermano: “¡Comer inmediatamente!”. Mi hermano asintió. ¡Con que tú también estás involucrado! Aunque este increíble descubrimiento llegara como un golpe, tiene sentido: ¡el que va a devorarme junto con el grupo es mi hermano mayor!
¡El caníbal es mi hermano mayor!
¡Soy hermano de un caníbal!
¡Seré devorado por otros, pero sobre todo soy hermano de un caníbal!

V


En estos días he estado pensando más a fondo: supongamos que el anciano no fuera un verdugo disfrazado sino un verdadero médico, de todos modos no es sino un caníbal. En un libro llamado el “Ben Cao no sé que”,4 escrito por su predecesor Li Shi-Zhen, éste afirma claramente que la carne humana puede comerse hervida; ¿aun así, se atreverá a decir que él mismo no come carne humana?

En cuanto a mi hermano mayor, tengo buenas razones para sospechar de él. Cuando me enseñaba, decía con su propia boca que se pueden “intercambiar los hijos para comer” y hablando un día sobre un malhechor, dijo que no sólo merecía que lo mataran, sino que debería “comerse su carne y proseguir con el sueño”.5
En aquel entonces yo era pequeño y el corazón me palpitaba con fuerza. Cuando el otro día nuestro arrendatario del pueblo Lobezno refirió aquel asunto del corazón y del hígado, no se sorprendió absolutamente, es más, asintió.
Evidentemente es tan cruel como antes. Dado que es posible “intercambiar los hijos para comer” todo puede intercambiarse, cualquiera puede ser devorado. En el pasado, simplemente escuchaba sus explicaciones y las tomaba como eran; ahora sé que cuando me da explicaciones, no sólo tiene grasa humana en las comisuras de sus labios, sino que en su mente anida la idea de comer seres humanos.

VI


Está terriblemente oscuro, no sé si es de día o de noche. El perro de la familia Zhao ha comenzado a ladrar otra vez.

La fiereza de un león, la timidez de un conejo, la astucia del zorro...

VII


He comprendido su método, no quieren matar directamente ni siquiera se atreven por miedo a las consecuencias. Es por esa razón que se han unido y han colocado trampas por todas partes para que me suicide. Ahora todo es evidente, la conducta de los hombres y de las mujeres días atrás y la actitud de mi hermano mayor Lo mejor es quitarse el cinturón y colgarse de una rama, dejándose morir; así sus corazones disfrutarán sin que se les culpe de asesinato. Es normal que esto los haga reír con sorna. Si un hombre está aterrorizado o angustiado, si se demacra poco a poco, aprueban todo esto.

¡Solamente son capaces de comer carne descompuesta! Recuerdo haber leído en algún lugar acerca de la hiena6 con un cuerpo y una mirada espantosa que come a menudo carne descompuesta, reduce a pedacitos hasta los huesos más grandes y los traga: el pensar en ello es suficiente para aterrorizar a cualquiera. Las hienas están emparentadas con los lobos y éstos pertenecen a la especie canina. El otro día el perro de los Zhao me miró varias veces; también está en todo esto y es su cómplice. Los ojos del anciano miraban el piso. Sin embargo, ¡no me engaña!
El más patético es mi hermano mayor, es hombre también, ¿por qué no siente miedo, por qué se une a otros para comerme? ¿Acaso cuando alguien se acostumbra, ya no lo considera un crimen? o ¿es que ha endurecido su corazón a tal punto como para perpetrar algo tan abominable?
Al maldecir a los caníbales debo comenzar por él y si debo disuadirlos también debo comenzar por él.

VIII


De hecho, tendrían que haber comprendido tales argumentos desde hace tiempo...

De pronto alguien entró, tenía unos veinte años, no vi su rostro claramente, se deshacía en sonrisas, me saludó inclinando su cabeza, su sonrisa no era sincera. Entonces le pregunté: “¿Es correcto comer seres humanos?”.
Sonriendo respondió: “Si no hay hambruna, ¿cómo es posible comer seres humanos?”.
Me di cuenta inmediatamente de que era uno de ellos; aun así me armé de valor para repetir mi pregunta:
“¿Es justo?”.
“¿Por qué lo preguntas? Tú sí... sabes bromear... hoy es un hermoso día”.
“Es hermoso y la luna está brillante. Pero quiero preguntarte: ¿Es justo?”.
Me miró desconcertado y murmuró: “No...”.
“¿No es justo? ¿Pero, pueden comer a escondidas?”.
“¿Qué dices?”.
“¿Qué es lo que digo? ¡Están comiendo hombres en el pueblo Lobezno y lo puedes ver escrito en todos los libros, con fresca tinta roja!”.
Su expresión cambió, empalideció y mirándome dijo: “Puede ser que así sea... siempre ha sido así...”.
“¿Es justo porque siempre ha sido así?”.
“Me niego a discutir de estas cosas contigo. No deberías hablar de ello, al hablar de ello cometes un error!”.
Di un salto, abrí los ojos, pero el hombre había desaparecido. Estaba bañado en sudor. Era mucho más joven que mi hermano mayor, aun así estaba involucrado en todo eso. Seguramente ha sido entrenado por sus padres; temo que ya lo haya enseñado a su hijo: fue por esa razón que hasta los niños me miraban con tanta fiereza.

IX


Quien piensa comer hombres, al mismo tiempo teme que se lo coman, se miran unos a otros con la más profunda sospecha...

Fuera de esa obsesión hacen cosas, caminan, comen, duermen y prosiguen con serenidad. Solamente tienen que pasar ese umbral, dar ese paso. Y así padres e hijos, maridos y esposas, hermanos mayores y hermanos menores, amigos, maestros y discípulos, enemigos acérrimos y hasta gente desconocida entre sí, todos se han unido en esta conspiración, oponiéndose unos a otros, obstaculizándose antes de dar ese paso.

X


Esta mañana salí temprano a buscar a mi hermano mayor. Estaba parado lejos de la puerta de la sala mirando el cielo, me acerqué por detrás de él, permanecí en la puerta, con compostura y cortesía le dije: “Hermano mayor, tengo algo que decirte”.

“Habla”, dijo volviéndose inmediatamente hacia mí y asintiendo con su cabeza.
“Sólo tengo algunas palabras, mas es difícil pronunciarlas. Hermano mayor, probablemente todos los hombres primitivos comieron un poco de carne humana al inicio. Después, al cambiar sus pensamientos, algunos desistieron y finalmente tratando de ser buenos se convirtieron en hombres, en verdaderos hombres. Sin embargo, aún existen quienes la comen —como los reptiles. Algunos se convirtieron en peces, en aves, en monos y posteriormente en hombres. Existen quienes no desean la bondad y aún hoy permanecen como reptiles. Cuando los caníbales se comparan con los que no lo son, cuán avergonzados se sienten. Probablemente mucho más avergonzados que los reptiles ante los primates.
”En la antigüedad Yi Ya hirvió a su hijo y lo ofreció a Chieh y a Chou, se trata de un antiguo asunto.7Desde la creación del cielo y la tierra por obra de Pan Ku hasta la época del hijo de Yi Ya, los hombres se han estado comiendo; desde tiempos de Yi Ya hasta los tiempos de Hsu Hsi-lin8 han seguido comiéndose; y desde la época de Hsu Hsi-lin hasta la captura del hombre del pueblo Lobezno ha seguido siendo así. El año pasado ejecutaron a un criminal en la ciudad y un tísico mojó un trozo de pan en su sangre y lo deglutió.
”Quieren comerme y uno tan indefenso; no se puede ni siquiera pensar, pero ¿por qué unirte a ellos? Caníbales, incapaces. Si me comen, pueden comerte también a ti; miembros del mismo grupo pueden comerse entre sí. Si tan sólo dieras un paso, cambiaría inmediatamente, todos se aplacarían. Aunque haya sucedido desde tiempos remotos, hoy podemos hacer un esfuerzo para ser bondadosos, ¡decirlo no significa poder! Hermano mayor, confío en que tú puedas hablar. El otro día cuando el arrendatario quería que se le redujera el alquiler, le has dicho que no se podía”.
Al inicio sonrío con cinismo, de pronto trastocó su mirada y cuando me referí a su secreto, su rostro se volvió obsceno. Fuera de la puerta había un grupo, se encontraban el señor Zhao y su perro, torcían sus cuellos tratando de mirar hacia el interior. No pude ver los rostros de algunos, parecían enmascarados; otros con colmillos se veían envidiosos y sonreían con sarcasmo. Sabía que era un grupo, todos caníbales. También sabía que no pensaban lo mismo. Algunos creían que como había sido siempre así debían comer; otros sabían que no debían comer, sin embargo lo deseaban y temían que la gente descubriera su secreto, por ello al oírme se enfurecieron, aunque sonrieran entre dientes.
De pronto mi hermano miró furioso y gritó en voz alta:
“¡Fuera todos! ¡¿Acaso es hermoso observar a un loco?!”.
Así fue que comprendí su ardid. No cambiarían nunca, desde hacía tiempo estaba planeado, me han estigmatizado, loco. Cuando coman en el futuro no sólo se sentirán serenos, sin problemas, sino que temo que la gente les sea grata. Cuando nuestro arrendatario dijo que todos comieron a un malhechor se trataba de lo mismo. ¡Este es su viejo ardid!
El anciano Chen también entró envalentonado, cómo taparme la boca, yo quería decirle a este grupo:
“Pueden cambiar, ¡comiencen a cambiar desde el fondo de sus corazones! Deben saber que en el futuro no habrá lugar para los caníbales en el mundo.
”Si no cambian, se comerán los unos a los otros. Aunque nazcan muchos, serán exterminados por los hombres verdaderos, ¡como los cazadores exterminaron a los lobos! ¡Como los reptiles!”.
El anciano Chen dispersó al grupo. Mi hermano no sé dónde fue. El anciano Chen me pidió que regresara a mi alcoba. La alcoba estaba totalmente oscura. Los rayos de luz y las vigas del techo chocaban sobre mi cabeza. El zumbido creció y se apilaron sobre mi cuerpo.
El peso era enorme, no podía moverme. Esto significaba que debía morir. Sabía que el peso era falso, por ello luché cubriéndome de sudor. Sin embargo tenía que decirlo:
“¡Deben cambiar inmediatamente, cambiar desde el fondo de sus corazones! Deben saber que en el futuro no habrá lugar para los caníbales...”.

XI


El sol no brilla, la puerta no se abre, dos comidas por día.

Tomo mis palillos, pienso en mi hermano mayor; ahora sé cómo murió mi pequeña hermana: toda la culpa es de él. Ella solamente tenía cinco años. Encantadora, patética, aún la recuerdo. Cuánto lloró mi madre, él le suplicó que no lo hiciera, probablemente porque se la había comido y su llanto lo hacía sentirse avergonzado. Si aún pudiera sentirse avergonzado...
Mi hermano mayor se comió a mi hermana, no sé si mi madre lo comprendió.
Creo que mi madre lo haya sabido, sin embargo al llorar no lo expresó claramente, probablemente lo consideraba justo. Recuerdo cuando tenía cuatro, cinco años, sentado al fresco de la sala, mi hermano mayor me dijo que si los padres de una persona se enfermaban, los hijos debían cortarse un poco de su propia carne, hervirla y ofrecérsela, sólo así eran buenos hijos; mi madre no lo contradijo.
Si se puede comer un trozo, se puede comer todo. Sin embargo, al pensar hoy en el llanto de aquel día, aún hace sangrar el corazón, ¡cuán extraño es esto!

XII


No puedo pensar.

Hoy me he dado cuenta de que he estado viviendo todos estos años en un lugar donde durante cuatro mil años han estado comiendo carne humana. Mi hermano mayor se encarga de la casa, mi hermana ha muerto, ha podido dárnosla secretamente en el arroz, en los platos.
Es posible que yo, ignorándolo, haya comido algunos trozos de la carne de mi hermana, y ahora es mi turno...
Un hombre como yo, después de cuatro mil años de historia de canibalismo, ignorando esto al principio, hoy he comprendido, ¡cuán difícil encontrar un hombre!

XIII
¿No existen niños que hayan comido hombres, o acaso sí los hay?
Salvad a los niños...

1918 abril.

Notas

1. Esta es la primera vez que aparece el nombre de este personaje; el autor literalmente escribe Señor Tiempos Antiguos, posteriormente aparecerá simplemente con el nombre Señor Gu.
2. Siendo Lu Xun uno de los abanderados de la lucha contra el feudalismo es lógico que aquí vuelva a jugar con los nombres y elija el de Lobezno para denominar el pequeño poblado donde la familia del protagonista —familia de terratenientes— tasaba con sumas exorbitantes a las familias campesinas.
3. Aquí Lu Xun ha escrito Señor Gu (el ideograma Gu significa Antiguo, Antigüedad) refiriéndose al Señor Tiempos Antiguos.
4. Li Shi-Zhen (1518-1593), ilustre farmacólogo chino, autor del Bencao Gangmu (Materia Médica), obra capital de la farmacopea china.
5. Cita del Zuo Zhuan,obra filosófica de Mo Zi (468-376 a.C.).
6. En el texto original en chino entre comillas hay tres caracteres que fonéticamente reproducen el sonido de la palabra hiena.
7. Según antiguos registros, Yi Ya cocinó a su hijo y lo ofreció al Duque Huan de Qi, que reinó desde el año 685 hasta el año 643 a.C. Jie y Chou eran tiranos en tiempos remotos. El loco aquí ha cometido un error.
8. Revolucionario de finales de la Dinastía Qing (1644-1911). Hu Xilin fue ejecutado en 1907 por haber asesinado a un funcionario Qing. Su hígado y su corazón fueron comidos.

Traducción: Rosario Blanco Facal


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