LI BAI



China, 701-762

BEBIENDO SOLO BAJO LA LUNA



Bebiendo solo bajo la luna
Rodeado de flores, libo solo,
Ante un jarro de vino.
Alzando la copa, convido a la luna
Con mi sombra, somos tres.
Aunque la luna no puede beber,
Y mi sombra en vano me sigue,
Las tomo por compañeras transitorias.
¡Gocemos de la vida antes de que pase la primavera!
Canto, mientras la luna deambula
Bailo, mientras mi sombra duda.
Cuando estoy desvelado, nos solazamos juntos
Cuando estoy ebrio, se deshace nuestra compañía
¡Oh luna! ¡Oh sombra! Seréis mis inmortales amigas.
Y nos reuniremos algún día
En el cristalino mundo de las estrellas.

CONVERSACIÓN EN LA MONTAÑA

¿Me preguntas por qué habito
en estas colinas verdes jade?
Yo sonrío. No hay palabras para expresar
el sosiego de mi corazón.
¡Que fascinante la flor del melocotón
arrastrada por la corriente del agua!
Aquí vivo en otro reino
más allá del mundo de los hombres.

ALABANZA AL VINO


No amara el cielo el generoso vino 
el «astro-vino» en la serena noche 
no diera al hombre el celestial derroche 
de su fulgor lejano purpurino. 
Ni roja fiesta en tibia primavera 
llenara de alegría las campiñas 
si el jugo embriagador no nos lo diera 
el alma tierra con sus dulces viñas. 
Si cielo y tierra el vino te ofreciera 
¿Por qué temer tan santa borrachera? 
Hubo famosos sabios borrachines; 
con tres copas no más el cielo se abre 
y es tuyo el universo y sus confines. 
Es un rapto fugaz a lo ignorado 
que al abstemio infeliz nunca le es dado. 

UN DÍA DE VERANO, EN LA MONTAÑA


Agito suavemente un abanico de plumas blancas,
sentado, la camisa abierta, entre las hojas verdes.
Me quito el sombrero y lo cuelgo de un saliente en la roca;
Desde los pinos la brisa se desliza
sobre mi cabeza desnuda.

LOS CUERVOS QUE GRAZNAN POR LA TARDE


Doradas nubes bañan la muralla.
Los negros cuervos graznan sobre sus nidos,
nidos en los que quisieran descansar.
En tanto, la joven esposa suspira, sola y triste,
sus manos abandonan el telar,
sus ojos están fijos en la azul cortina del cielo,
cortina que parece separarla del mundo,
como la leve niebla oscurece el río.
Está sola: el esposo viaja por países lejanos;
todas las noches está sola en su alcoba.
La soledad le oprime el corazón,
y sus lágrimas, como fina lluvia, caen en tierra.

ESCUCHANDO LA MANDOLINA DE UN SACERDOTE BUDISTA

El sacerdote budista de Chou tiene una mandolina:
baja del Monte de las Cejas hacia el poniente,
y hace sonar sus cuerdas en mi honor.
Sus vibrantes notas se parecen al alboroto
de un bosquecillo de pinos mecidos por el viento.
Mi corazón se siente purificado
como si lo hubiesen lavado las aguas del río.
La dulce melodía se une a los lejanos tañidos de una campana.
Insensiblemente desciende, en torno, el crepúsculo,
y los montes se esfuman en la bruma ligera.



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