KIM CHUN-SU


Corea del Sur, 1922-2004


CON TODO MI RESPETO A MI MAESTRO STAVROGIN

Con una planchuela enrojecida al fuego
puebo achicharrarme el costado.
Con un cuchillo me levanto las uñas de la mano
y también las uñas de los pies.
¿Cuánto podré aguantar?,
mido la altura de mi imaginación.
Demasiadas palabras y demasiados problemas,
es la metafísica de la torre de babel
que yo sacudo.
Digo derrúmbate, derrúmbate
hasta que se derrumbe.
Sin embargo, como le sucedió a un poeta,
una espina verde de la primavera tardía
se me clava. Finalmente me mata.

Esta es la realidad.
Un corpezuelo físico compuesto de siete partes de agua,
¿qué haré con esta vergüenza,
maestro?

A punto de suicidarse,
su estúpido discípulo Kirilov.

A NATASHA

Natasha,
el crimen
es un escabeche
que se hace poniendo carne y sangre en sal.
El setenta por ciento es sal.
Petersburgo, como un poema de Baudelaire,
huele a sodio por todas partes.
Después de lanzarme a las ruedas de un coche de caballos,
yo también pude saberlo:
aún en el dolor de muelas hay placer.
¿Por qué Sonia, pese a que vendió su cuerpo,
se convirtió en un ángel?
Añorando la luz,
esperamos ahora la noche.

El príncipe Valkovski,
un holgazán que no hizo nada en esta vida.

El Pintor Lee Jung Sup que yo conocí.

Encontré a Lee Jung Sup en el barrio Kwang Bok Dong.
Llevaba el mar sobre la cabeza.
Decía que volvía su mujer de Tokyo
y se perdía
en el azul más intenso que el mar.
No pude verle nunca
por más esfuerzos que hice:
no había ninguna huella en las calles.
Tras algún tiempo
le encontré una vez más
en un salón de té en el barrio Nam Po Dong.
Estaba sentado junto a la ventana des de donde se veía el mar
que aparecía cubierto por una espesa sombra,
y él borraba el mar palmo a palmo.
Dice que no vuelve su mujer de Tokyo.

Poesía coreana actual. Adonais. Ed. Rialp. Madrid 1983 (selección, traducción 
e introducción de Yong Tae Min)

FLOR

Antes de pronunciar su nombre
no era más que un gesto.
Cuando lo pronuncié
vino a mí,
se convirtió en flor.
Ahora dame un nombre.
Uno apropiado a mi color y aroma,
así como yo le nombré,
de modo que vaya
y me convierta en tu flor.
Todos anhelamos
convertirnos en algo.
Tu para mí y yo para ti
ansiamos convertirnos
en un gesto inolvidable.

Trad. Ada Pantoja.

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