JEPPE AAKJAER


Skive, Jutlandia/Dinamarca, 1866 - Jenle, 1930

JENS VEJMAND

Jens Vejmand está sentado en el refugio, 
sus manos se aferran a trapos parcheados 
y a zapatos diurnos encordados. Transforma 
con su propio martillo la dura piedra 
en pan. Si te despiertas una mañana 
cuando el alba comienza a elevarse y 
escuchas un sonido metálico una vez, 
otra vez y una vez más, no es más que 
Jens Vejmand cuyas chispas salvajes 
humedecen el rocío. Y si viajas tras las 
yeguas de los agricultores y pasas al lado 
de un anciano con lágrimas en los ojos, no es 
más que Jens Vejmand que busca en vano un 
refugio que no se congele. Y si viajando 
hacia casa, tiemblan los vendavales del suroeste, y 
escuchas el canto de un martillo en alguna parte, 
no es más que Jens Vejmand que todavía permanece 
allí. Y si el camino de la navidad se alisa ante 
la dificultad, no es más que Jens Vejmand, cuyo 
martillo declina en una fría noche de diciembre. 
Y si dentro de la iglesia hallaras una pintura débil y 
desgastada, sesgada oblicuamente hacia los lados, 
no es más que Jens Vejmand, cuya vida estaba llena 
de piedras y cuya tumba no marcan los huesos. 

LAS AVENAS

Tintineantes y abundantes campanas evocan y bendicen 
el alma honesta de la avena, sembrada en primavera 
mientras los felices pájaros cantan al anillo del 
firmamento, bajo la suave luz del sol. Crece el 
rocío de la soleada mañana en dulce sinfonía 
interior, escuchando el eco humilde. Los corazones 
fríos, insensibles, no pueden ver nada. Soy amigo 
de todo lo que crece con cada suave brisa que sopla, 
de los árboles ondulantes y de las margaritas con 
mariposas. La sonrisa de despedida del sol persiste 
un tiempo que se extiende lentamente, señal de 
paz. 

NOCHE

Todavía se pone el sol en mi corazón, 
mientras que al pacífico páramo regresan 
las cigüeñas que anidan en reposo. El 
silencio cae sobre el sinuoso camino, 
quebrado apenas por un abejorro. La abubilla 
vuela, se ruboriza el estanque, las alas 
se pliegan, el crepúsculo resplandece. 



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