AURELIO ESPINOSA POLIT, SACERDOTE



Quito-Ecuador, 1894 – 1961



PRELUDIO


Los negros flancos de la peña rota

al interior destilan gota a gota el agua, que latente
callada se acumula, y por fin brota en límpida vertiente.
Y de mi duro corazón partido gota a gota ha surtido
la salobre vertiente de mi llanto, que luego con melódico gemido
fluye trocada en canto.
Y canto es asimismo la dulzura del hilo de agua pura
que en tomo riega la sedienta grama, cuando la íntima paz que me satura
del pecho se derrama.
Así alternando el himno y la elegía, ya llore, ya sonría,
sólo te canto a Ti, mi único Dueño, en quien puse mi ensueño
desde que supo amar el alma mía

¡EN MARCHA!

¡Viaje divino del alma hacia Dios! La meta, Jesús;

y Jesús, el guía;
y el camino asimismo Jesús, que un día le dijo: ¡Ven, Yo soy la vía!
Jornada difícil, viaje doloroso, ascensión abrumante-a una cumbre;
esperanza inquieta que escruta las cimas, sin que el término ansiado
columbre...
Pero viaje emprendido en radiante visión inicial:¡y ésa fuiste Tú, mi Sol matutino, Belleza esencial!
Y allí en la retina del alma perdura, sonrisa de cielo, lenta, obsesionante,
y es como aguijón, que en ella clavado de continuo le grita:
¡adelante!
Y es esa visión amorosa, que al alma la ciega a toda otra
luz;
¡y ese amor es el tuyo, tu amor perdurable, tu amor absorbente, OH Jesús

LA VOZ QUE LLAMA

¡Fue mi alma tu conquista!
-hazaña inexplicable de tu amor- ¿cómo Te abriste paso? ni yo mismo puedo recordar hoy.
Con táctica divina
consumaste en silencio la invasión, y antes de que ni yo supiera cómo,
ya era tuyo, mi Dios.
Mas no entrabas del todo; querías que sellase la oblación, que el amor que
llamaba respondiese
con espontáneo amor.
Y Te oía, cautivo
del insinuante hechizo de tu voz, aunque sentía la existencia rígida
de un amor de exclusión:
“Si has de venir conmigo, el todo de tu vida he de ser Yo...”-y, callado, soñaba yo en mi dicha, aurora en arre bol...Urgías amoroso:
“Ven, hijo mío, que de paso voy... mira cuánto pagué lo que te pido, 
¡dame tu corazón!

-Y el corazón lloraba del hogar al recuerdo seductor... mas al fin a tus pies
caí rendido
con divina ilusión;
y el viviente holocausto consumé en aquel día por tu amor, y llorando Te
dije: “Voy ahora,
ya todo tuyo soy...”

EL ADIÓS

Cuando dejé partida en dos pedazos en el paterno umbral
mi juventud, Señor, y entre tus brazos, con ansias vivas de abreviar los
plazos,
busqué mi alto ideal,
iba sangrando el corte de la herida que por llegar a Ti,
en cruel congojosa despedida,-por Ti, mi único amor, por Ti, mi vida- en el pecho me abrí.
Mas tu primer encuentro fié dulzura de increíble fruición,
anestesia divina que perdura
cuando ya del adiós y su amargura se olvidó el corazón.
Y aunque tomase a recordarlo un día, ya no hay volver atrás:
a todo amor el tuyo desafía
;pude dejar mis padres... ¡no podría dejarte a Ti jamás!



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