JUAN ABEL ECHEVARRÍA


Latacunga-Ecuador, 1853-1939

¡PASÓ... COMO UN LUCERO...!
 


¡Pasó… como un lucero en su carrera,
alumbrando del arte el puro cielo!
¡Pasó… regando flores en el suelo,
como pasa gentil la primavera!

¡Pasó… abrazado a su arpa lastimera
cantando, como el ángel del consuelo,
por temperar el hondo, humano duelo,
en su ascensión a la eternal esfera…

Luz de verdad, de la belleza flores
y armonías del bien fueron su vida,
¡nido que abandonaron ruiseñores!

¡Mas, los cándidos rayos de la Gloria,
que en su tumba se deja ver erguida,
salvan de olvido su inmortal memoria!

MADRE MÍA

Cuando la melancolía
cava más hondo en mi duelo,
torno los ojos al cielo
y en ti pienso madre mía.

Desventurado sería
sin tu recuerdo halagüeño,
que feliz soy cuando sueño
que estas viva madre mía.

En tu seno me dormía
como en regalado nido,
muerta tú, nunca he podido
dormir así madre mía.

Aún siento lo que sentía
cuando me enseñaste a orar,
y jamás podré olvidar
tus plegarias madre mía.


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