ALFONSO MURRIAGUI


Quito-Ecuador, 1929

YO, EL DESHABITADO
 


Yo el deshabitado,
muro de cal sin tiempo
y piel entumecida;
yo el de abajo,
con humo en las costillas
y el silencio en los ojos
desafiando.

Yo, el asombrado,
estoy atando al hambre
com un cordón muy fino
y temo que se suelte
y se desborde;
suelta no podrán sujetarla,
desbordada
no podrán detenerla
ni con espuma,
ni co golpes
de arena enmudecida.

Yo el que camina abajo,
con pies ausentes
en su propia tierra;
yo el sin cálcio,
el desterrado en sombra,
el “no moleste”;
yo el que corte mi sangre
y me ampute los dedos
uno a uno.

Yo el de abajo;
sexo, nariz y pelo;
yo el que viene,
sin domingo de ramos
y sin viernes.

DESDE EL OJO DEL ÁRBOL 


Agazapado, tenso,
con el huracán en el ojo,
camino sobre el mundo
con la esperanza
de que un hombre nuevo
se levante.

Sabemos que la quietud
no sirve
para sacar las espinas
que mantienen despierto
al intestino,
ni que los dos maderos
que clavan mi otro yo
pueden oscurecer el rayo cenital
que habita en los caminos.

Si estuviera inmaduro,
buscaría un pretexto
para decapitar al pez
que viaja rectilíneo,
o dejaría que se mantenga
quieto el rascacielos
que juega en la sombra
del agua.

Pero sabemos
que vienen otros tiempos,
que la memoria
ya no está deslumbrada
y que los dientes
son piedras preparadas
para romper
el miedo que nos ata.

Por eso poco importan
los minutos de espera,
si sabemos que viene
la innovación secreta,
en el ojo del árbol
o en la raíz del agua

LA HORA DE LOS CONEJOS 


En la noche,
cuando tienes sumergida
la caricia
en un nudo de arena,
cuando de tu presencia
solo habla
la huella de la luciérnaga,
buscas la voz del fuego
para alumbrar tu rostro.

En la noche,
cuando desfilas por la hierba
en busca de tu hermano
y bañas tus recuerdos
en las alas viajeras
de tu ancestro,
desconoces el nombre
que te pusieron
dos veces al revés
para ocultar tu nombre
.
Cuidas tu noche
porque sabes que servirá
para escapar del látigo,
para contar los capulíes
y dar vuelta al mensaje
que danza en la fogata.

Tu vienes por la noche
y tus manos
se van por las veredas
buscando las huellas
de los conejos
o la cascada gris
de la neblina.

Por eso tienes
las rodillas en punta,
la lengua afilada
para beber las sombras
y los brazos atentos
para decapitar los grillos
que te espantan.

DOS VECES VIDA 


Vuelve dos veces
al sitio de tus párpados,
retoma tu intestino
y aléjate del fondo
de tu lagaña ausente
para desconocer lo conocido.
Deja de estar sujeto
al paso absorto
en la mitad del hilo;
escapa de la urgencia
que se pudre
en las puntadas viejas
del mismo amanecer
embrutecido.

Ponte tus dos mitades,
saca tus nuevos dedos
y camina seguro
por las frescas raíces

¿Crees que te darán
los surcos por tus manos?
¿Te comprarán los ojos
por un juego completo
de pan nuevo?
¿Te ofrecerán camisas
transparentes
para cubrir tus siglos?

¡No!
Todo te negarán,
te llamarán perverso
cuando quieran hundirte
y te dirán hermano
cuando quieran pisar,
sin que protestes,
tus mil huesos ausentes.

Tienes que desconfiar,
dejar de lamentarte
por el agua que pasa;
tienes que ir, resuelto,
a rescatar el polvo
que deja tu mejilla.

No tengas miedo al grito
ni al caballo que salta.
Tú puedes, alza el NO
y no te quedes sumiso
sin la vida.
Ha llegado la hora
de dar la media vuelta,
de saltar contra el muro
y arrojar, con tus manos,
el dolor y la afrenta.

DESDE LAS RAICES 


El recorrido siempre fue igual
desde la lengua del caracol
hasta la barba del maíz.
Sus huellas están presentes
en el paisaje que refleja
la luz y el hambre
de todas nuestras gentes.
Ya nos hemos cansado
de andar la misma ruta;
queremos hacer otros caminos,
desenterrar los soles escondidos
y salir con las manos
llenas de nuevos hijos.

LA SANGRE Y SU RECUERDO 


Cae la pestaña y se va,
con un pedazo de ojo,
a descansar
al fondo de la lluvia.

Cae la palabra
y se lleva
la soledad del viento
a navegar de contrabando
al río.

Cae la sangre
y sigue circulando
en la moneda abierta
del recuerdo.

Así,
mientras la lluvia se evapora
y el viento se adormece,
los glóbulos
sedientos de futuro
van llenando los sueños
con su savia.

EN BUSCA DE RESPUESTA 


Busca la luz que te hace falta,
descubre la música
que tienes en tu barro
y tu mañana.

Todo lo que reclamas
está en tu propia sangre,
en la nube espectral
que dejó tu presencia
en la piedra ignorada.

¿Por qué tus ojos limpios
buscan la luz
en playas ignoradas,
si tienes en tus manos
el color de tu misma
indumentaria?

¿Para qué esas preguntas
al forastero
que perdió su carpa,
si no te va dejando
media hora de esperanza?

Sabes cuánto te beneficia
la alborada
y jamás te detienes
a refrescar tus pasos
en la escarcha.

Vas sin buscar respuestas,
sin preparar tus dientes,
ni dar las dos puntadas
que faltan al paladar del agua.

¡Deja de reclamar
el sol,
toma tu voz y canta!

LAS REDES DEL INSOMNIO 


Es fácil dar la vuelta
el calendario,
tachar los días malos
o suprimir, sin prisa,
los domingos.

Pero vivir a fondo
los minutos,
darle el tiempo preciso
a la media hora,
señalar el instante
del retorno,
eso ya no es tan fácil.

Porque se acaba el tiempo
tratando de lograr
un pez redondo,
que caiga
entre las redes
del insomnio.

VIAJANDO EN LA PALABRA 


Somos desde hace tiempo,
venimos del mismo continente
en donde, poco a poco
quieren sacrificar
a las luciérnagas.

No nos han dicho nada,
pero todos los días
la piel se va estirando
para abrazar al río y
besar la montaña.
Ya pasaron los tiempos
de naufragar en sueños;
hoy queremos viajar
al fin de la palabra,
para darle la forma exacta
a la esperanza.

¡HOLA! 


¡ Hola ! río viajero,
pájaro que rompes
la soledad
con tu guitarra.

¡ Hola ! carrizo firme,
voces de rondador
en tu garganta.

¡ Hola ! manos y dientes
progresivos,
que muerden el futuro
y amasan la canción
de los caminos.

Este ¡ Hola ! general,
es para la firmeza
de la gente
y para el duende eterno
que me habita;
para los camaradas
que se fueron
y para los que beben
la luz
en los nuevos senderos.

I

Yo no nací
para quedarme quieto,
clavado como señal
de kilometraje
en el camino.

Necesito viajar
en las manos del aire,
irme por las raíces
hasta encontrar
al hombre nuevo
en la canción del agua.

II

Cuando muera,
los árboles que sembré
se quedarán firmes,
proyectando al viento
mis recuerdos.

III

Desde la ventana
miro el bosque,
el vuelo
de los pájaros;
el enjaulado
soy yo.

IV

Mientras la lluvia cae,
los pájaros
planifican la paz
bajo la acacia.

V

Eucalipto:
árbol de peces iguales
que navegan lentamente
entre las ondas del aire.

Murmullo de mil cristales
que se rompen en la tarde,
manos tenues que dibujan
el paso de las edades.

Manojo de peces secos,
dedos que juegan al aire;
en tus ramas se han quedado
verdes los gritos del aire.

VI

Excéntrico señor,
dueño del bosque,
suspendido en el aire
el colibrí se baña
con la miel del geranio
y la luz de la tarde.

VII

El horizonte
es una línea
imaginaria
que se borra
de las pupilas
cuando la muerte
nos atrapa.

II

El beso
es una pluma
o la dulce expresión
de una manzana;
es la luz detenida
en el instante
en que la vida
canta.

III

Nombre de mar,
sonrisa de ternura,
mi compañera
teje la mañana
mientras los colibríes
chupan la miel
en sus pupilas claras.

IV

Si tus ojos
se detienen a mirarme,
me quemaré, adentro,
con la candela
de la esperanza.

V

Mantente despierta:
si cierras los ojos
se me apaga
el mundo.

VI

Se da la vuelta el tiempo
y nos encuentra
buscando la memoria
de los sueños,
el túnel de los besos,
el fuego que habitó
nuestros silencios.

Y volvemos a estar,
como al comienzo,
en el ojo del agua
y su misterio,
en senderos distintos
que al unirse
recobran la ternura
de los viejos recuerdos.

I

Se que la vida
no se va, se queda
en la mitad
de todos los caminos,
en la mirada azul
de los que pasan,
en la guitarra clara
del recuerdo.

II

Dejamos pasar la vida,
simplemente,
sin comprender que vivir
es robarle
algo a la vida.

III

Para que la derrota
no nos empuje
al lado negro,
debemos darnos cuenta
de que emergemos
desde el suelo,
que las cosas nos marcan
en el ojo
y que la gente
confía en nuestra fuerza
para tomar la luz
y conducir el fuego.

IX

Con la guitarra al hombro
al poeta es un pez
que escala la mañana
y busca en la ciudad
o en la montaña
las palabras precisas
para planificar
la luz y la esperanza.

X

A cada cual su tiempo:
a la abeja,
el tiempo de las flores;
a la luna,
el tiempo de las algas;
el fusil,
el tiempo de los pueblos.

De LOS INSTANTES
DEL AGUA
(fragmentos)

II

La magia del agua:
de su caricia nacen
los caracoles
y las algas.

III

Si buscamos
algo que se iguale
al amor,
encontraremos
que no hay un beso
tan envolvente y tierno
como el beso
del agua.

VI

Abre la boca, pez,
quítale, de sorpresa,
dos segundos de luz
al agua quieta.

VII

El alcatraz
lima con su radar
la piel
del agua.

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