ADALBERTO ORTIZ


Esmeraldas-Ecuador, 1914 - 2003

ROMANCE DE LA LLAMADA


Voz humana estremecida
vibra en el aire caliente;
cantos negros incompletos,
como el guarapo se vierten.
Monte vivo, cielo rojo,
un tono perdido tienes
y un vuelo de aves te lleva.
Canto amargo, de repente,
se oye en el bronco cununo
y hay un grito como jebe
en el tun de la marimba.

En tu piel, las grietas mudas,
son la herencia del ancestro
y sudan las manos, sudan,
dejando huella en la tierra.
Negro sudor de negruras,
alma de un fondo rebelde
dormida en la selva pura,
como la noche en el día,
como paisaje en la bruma.
Quebranta ya tu silencio
y en tu machete perdura.

Eres hombre y eres negro,
mal descendiente de esclavos,
esclavo para ser libre
en el monte desolado.
Olvida más tu marimba
y arroja al suelo tu vaso.
Cuelga también la guitarra
y empuña tu propia mano.
Desde antes que el alba llegue
tu bandera está esperando.

ROMANCE PROFUNDO

Entre la sombra y la luz,
¡qué sola va el alma mía!

Mi espíritu se quebró
entre una boca indecisa,
y un caballo de cristal
por mal camino me guía,
llevando todo mi ser
bajo una estrella maldita.

¿Qué me haré yo con tu amor?
¿Con tu amor, yo qué me haría?
Si volcará mi pesar
y podrá notar distintas.

Claros de luna sin fin
todas las noches habría,
y densa, densa emoción
de mi estrella con envidia.

¿Pero cuando volverá?
Me pregunto noche y día.
Quién sabe si ha de venir
tan breve como una chispa
o como llega también
el sol, el agua y la brisa.

Entre la sombra y la luz,
¡qué sola va el alma mía!



YO NO SE

¿Por qué será, 
me pregunto yo, 
que casi todo lo negro 
tan pobre son
tan pobre son 
como soy yo?
Yo no lo sé. 
Ni yo ni Uté.
Ma, si juera un gran señó, 
rico, pero bien rico,
me lo gatara todito 
entre negroj como yo.
Ma, rico yo no he de sé, 
esa sí que e' la verdá, 
nunca plata he dé tené. 
Ma, si juera un gran señó, 
siempre negro sería yo. 
¿Po qué será?
Yo no lo sé. 
Ni yo ni Uté.

CONTRIBUCION

Africa, Africa, Africa, 
tierra madre, verde sol, 
en largas filas de mástiles
esclavos negros mandó. 
Qué trágica fue la brújula 
que nuestra ruta guió.
Qué amargos fueron los dátiles 
que nuestra boca encontró. 
Siempre han partido los látigos 
nuestra espalda de cascol
y con nuestras manos ágiles 
tocamos guasá y bongó. 
Sacuden sus sones bárbaros 
a los blancos, los de hoy, 
invade la sangre cálida
de la raza de color,
porque el alma, la del Africa 
que encadenada llegó,
en esta tierra de América 
canela y candela dio.

LA LUZ DEL DESALIENTO

Qué mudo y cansado voy.
Cansado y solo. Despierto
de la tierra, y la humedad,
hoy me atormenta los dedos.
De lo que antes era yo,
no me queda ni recuerdo.
Por eso no he de soñar
en suave claror de espejos,
en voltear la cruz del sur
ni en regresar del invierno.

Aquí murió mi canción,
dando sus caras al viento,
como nadie la iba a ver
emprendió su vuelo lejos.

Ave de rara inquietud,
encontró sólo silencio.

LA MADERA DE ENCOFRADO

Cuando estuvo terminada aquella casa 
trajo en dos carretas sus muebles
y se acomodó graciosamente 
en un buen departamento. 
Colgó su hamaca de mocora
y púsose a descansar a pierna suelta;
pero antes de un minuto despertó en la calle 
Alguien que sabe de estas cosas
hoy me ha dicho que le están ya preparando 
un ataúd con la madera de encofrado.

¿COMO VA LA ZANAHORIA?

¿Cómo irá la zanahoria? Preguntaba.
Siete veces mejor que en el mercado, pobrecita 
mi mujer, que con su libro de dietética me dice: 
-Es muy saludable en jugo helado,
pero se pone tan cara la zanahoria 
cuando hay derrumbes en la línea férrea...
El rudo peón de construcciones de concreto 
con su pesado cajón de mezcla 1, 2 y 4, 
bajaba hasta la misma losa de las fundiciones, 
a concretar sus esperanzas.
¡Qué hermoso va a quedar este edificio! 
¡Primer Premio Nacional de Arquitectura! 
¡Orgullo ornamental de la ciudad!
El duro peón entusiasmado con esta perspectiva 
subía presuroso su cajón de mezcla 3 por 1, 
hasta la misma terraza del octavo piso,
y se ponía a dominar con su mirada alegre 
los trajinados barrios de la urbe.
Pasmaba a todos los curiosos
con su maravilloso equilibrio en los andamios. 
Era feliz en ese rascacielos
construido con sus manos de Aladino.
Es muy raro el color de la zanahoria, 
como la linda cabeza de Chelita 
donde se tortura mi amigo el pintor 
con oscuridades solanescas
y problemas de líneas, colores y estructuras, 
buscando ontológicamente la esencia de las cosas.
Mientras ella canta, baila, 
coquetea y juega hockey, 
él vuelve a la paleta
con sus prostitutas monstruosas, 
sus barrios suburbanos
y su colección de insectos 
en maravilloso technicolor. 
Yo miro, sueño y me pregunto: 
¿Cómo irá la zanahoria? Pobrecita.

EL PELO Y LOS PERIODICOS
A Enrique Gil Gilbert

Mi amigo, el peluquero,
cree, a pie juntillas, en todas las noticias 
de la Prensa Unida y Asociada,
en los partes de guerra de Corea
y en los discursos de Truman y Eisenhower. 
Cuando electrocutaron a los esposos Rosenberg, 
fue a la catedral y oró contritamente
por el perdón de sus culpas de espionaje atómico, 
después de haber gozado en la lectura
de todos los detalles.
Cree en la honestidad, proclamada en los periódicos, 
de todos los contrabandistas,
prevaricadores y coimeros,
convertidos en prohombres de la Patria.
El diario de la mañana es su Evangelio 
y la fuente inagotable de sus temas 
para distraer a sus clientes.
A mí me aburre.
Pero debo subir a su silla pasando una semana 
con un escalofrío, mirarme en el espejo
y acordarme de la inocencia y sacrificio de los Rosenberg, 
porque tengo un pelo muy difícil
y él es un hábil peluquero.


No hay comentarios:

Publicar un comentario