ROBERTO ARMIJO



Chalatenango-El Salvador, 1937-París, 1997



ANGELUS

Incógnitos ángeles 
trizaban el agua insomne del miedo
en mis lentos ojos de niño
y trémulo buscaba la cabellera de mi madre
en el ángelus
cuando las sombras hinchaban el sonido de los árboles
y resbaladas luces muertas caían en la estancia
donde mi abuelo auscultaba el corazón antiguo de la Biblia
La tarde era en mis ojos un inmenso silencio
con pequeños elfos que temblaban en los vidrios
mirándome con desolada tristeza
El temor a la noche me invadía
y solitario buscaba el corazón en los ojos de mi madre
porque yo desde que fui un soplo
tuve miedo al misterio iluminado de la noche
y en mi cuarto temblaba al escuchar el viento en los ramajes
y hundía en la almohada la cabeza en congoja
porque creía que una mano
que unos ojos en las tinieblas me buscaban
y que un roce helante me besaba los labios
y me dejaba la piel húmeda de tristeza.


Le Ven, mis ojos ansian tu silueta:
tus manantiales buscan mis venados
cómo a los vientos ávidas y veleta.

Mis latidos se vierten desolados.
Soy un acongojado peregrino
que se perdió buscando tus vallados.

Camino taciturno en mi camino.
Sediento bebo el agua y no la bebo,
la hallé muy tarde.....lo deseó el destino.

Aunque beberla con ternura debo
porque mi corazón la necesita,
desesperadamente no me atrevo.

En mi sangre la angustia precipita
un torbellino atroz que me enajena
el corazón que enloquecido grita,

cuándo tu piel de cálida azucena
el pulso de mis labios atormenta,
porque despierta la pensante pena,

de que jamás mi mano macilenta
echará en tus mantillos la semilla
de éste amor que en tus besos se sustenta. 

EMBRIAGUEZ

Sólo son los ángeles
del vino que estrujan sus esponjas
y nos llevan a instantáneos laberintos
donde arden las lumbradas del vómito.
Sólo es el vacío,
lo inasible que nos besa los ojos
siluetas de ceniza que nos beben por instantes la tristeza.

Sólo es la sorpresa,
el júbilo;
después la soledad,
el horror que nos besa la piel,
que es latido en los cabellos,
que se nos mete en los trajes,
en la cartera,
en los zapatos.
Nieblas que nos invaden el alba
y nos vuelven tristes,
con una sensación que llega y no se sabe
si es tristeza...



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