ANTONIA GALINDO


San Vicente-El Salvador, 1858 - Santa Tecla, 1893

A DELIA
 


Yo vi la luz de tu pupila hermosa

en la luz rutilante del lucero;
tu color en el tinte de la rosa
y tu blanco en la flor de limonero.

Vi tu flexible talle en la palmera;
tu lágrima en el seno de las flores;
tus bucles, tu dorada cabellera,
del alba entre los vívidos fulgores.

Tu aliento, en el suspiro de la brisa,
deslizó perfumado por mi frente:
yo adiviné tu angélica sonrisa
en las huríes que soñó mi mente.

Oí tu voz en el arpado trino
que entona el ruiseñor enamorado,
y el tinte de tu labio purpurino
vi en la flor encendida del granado.

¡Mas nunca oí la dulce melodía
que exhalas, Delia hermosa, en tus dolores,
ni a la brisa que trémula gemía,
sollozante del prado entre las flores;

ni a la tórtola amante que se queja
lejos del bien amado por quien llora…
ni al ángel de la tarde que se aleja
en las brumas de un sol que se evapora!

Santa Tecla


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