GEORGES HENEIN

El Cairo-Egipto, 1914-1973

SONIA ARAQUISTAIN 

Cavad

y encontraréis una sonrisa
una sonrisa funeraria
para los que toman la vida al pie de la letra
cavad
y el polvo os llegará al corazón
y estaréis con el corazón en el polvo
y el amor indolente
inmóvil en la encrucijada del rechazo.

Cavad
y encontraréis el cielo
quizá lleguéis a encontrar el cielo
quizá la dispersión de las especies
o el saber acongojado de la lluvia
cavad
para que esta mujer despliegue el abanico de su caída
para que abofetee de una vez por todas la indiferencia del espacio
para que con su hermoso rostro de cristal hecho añicos
despose la tierra firme.

Cavad
y encontraréis los ojos más solitarios del mundo
y en el suelo helado de la Avenida
una extranjera repentina como una ventana
cavad en esos ojos una mirada imposible
cavad vuestro nombre en nuestra noche
cavad para nosotros.

Extraído de la Antología de la poesia surrealista de Aldo Pellegrini.

Este poema no se entiende bien sin conocer el contexto en el que se escribió. Sonia Araquistain era hija de un republicano español exiliado en Londres y artista gráfica que acabó arrojándose al vacío por un amor no correspondido desde un tercer piso. " Este suicidio dio lugar, " escribió Henein " según la costumbre inglesa, a un proceso contra la difunta, donde el procurador general encontró una ocasión de escupir sobre todo lo que queda de poesía en este mundo. "
LO INCOMPATIBLE
Una mujer está en su plenitud a la hora en que, semejante a la hiedra que devana una casa trepadora, destruye con un ademán circular y armonioso al único ser que le corresponde.

Entonces es el momento en que está permitido y es posible seguirla, en la medida en que todo séquito queda excluido.

Excluido como la viudez de los naufragios, como la mirada solitaria en su corredor terminal, sin frente a frente, sin una imagen de la que tomarse, sin un grito, las manos sueltas.

Espiral expirante en su miriñaque de palabritas vigiladas –por menos se mecería, por menos se nombraría a esa mujer por su nombre tranquilo, por el islote negro de su rechazo, se la nombraría por su talle de río franqueado de un salto, por su deseo de ya no ser.

Recobrad esa ventana, recobrad esa palidez que se ve desde muy lejos –ruta apuñalada entre dos ciudades nefastas–, recobrad la espantosa economía de los rostros y que el equinoccio dicte la última decisión.

Aquí reside lo incompatible:

Aquí uno pronto se cansa de morir.

1949
http://fernando-sabido-sanchez.blogspot.com/search/label/EGIPTO?updated-max=2013-02-01T10%3A10%3A00%2B01%3A00&max-results=20&start=2&by-date=false
Trad. de Aldo Pellegrini

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