FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN

Osuna-España, 1855 - Madrid, 1943

A UN BIEN EFÍMERO

¡Oh inesperado bien que a mí viniste!
¡Cómo en mi corazón te aposentaste,
y en céfiros efluvios lo inundaste,
y en un mar de delicias lo meciste!

Pues en tu fuego el alma me encendiste,
¿por qué, al irte, encendida la dejaste?
Para durar tan poco, ¿a qué llegaste?
Y si llegar te plugo, ¿por qué huiste?

Relámpago fugaz, ¡oh, bien!, has sido,
que aun no del todo el fulgurar se advierte,
cuando ya es apagado y fenecido.

Pero aún así bendeciré mi suerte,
¡oh, bien!, porque perdiéndote he perdido
el receloso miedo de perderte.


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