CÉSAR GONZÁLEZ RUANO


Madrid-España, 1903-1965

EXPLICACIÓN


Una tarde de mirada infinita
moldeaba entre mis manos un poema, 

que al doblar una esquina como ave fugitiva 
voló para cantar en una rotativa. 

VOCES de todos tiempos a veces me llegaban 
de los cafés lejanos espejos musicales 
y azogados pianos. 

Todas se me enroscaban -voces de todos tiempos- 
en la garganta náufraga en aguas de pianos 
y en músicas de espejos. 

Preciso es confesar que los conejos y ratas como gatos 
para peleterías caza por encargo el hombre-anuncio 
untándose de queso las dos manos. 

Yo he visto blancas manos de novias 
arañar en el fango de las calles oscuras 
donde han perdido algo misterioso. 

Y he visto también adioses melancólicos 
ciñendo el horizonte blanco y rojo 
emigrante hacia América ajitando la lluvia. 

A mi madre la he visto lavando su pañuelo 
en sonrisas sociales poniéndose los árboles 
delante de la cara para ocultar el llanto 

mientras el elefante de la niñez 
sorbía cubos de oxíjeno ávidamente 
con su trompa postiza de goma ortopédica. 

¡Dios mío he visto tantas y tantas cosas 
que me da miedo contarlas con detalle 
sin conocer vuestro corazón que puede ser cardiaco! 

Recuerdo una que me hace temblar 
como a un ahorcado friolero. Figuraos 
que vi a un biplano subirse la media de la bruma 

por debajo de la falda de la tarde. 
Escupió por la hélice tosió de mala gana 
y dejó a su jinete sobre el Mediterráneo. 

Yo me quedé frotando mis zapatos 
para envidia de pájaros cantores 
y el pequeño esquimal de la pantalla 

merendaba un sandwich de auroras boreales. 
Es en el tranvía dorado del Oeste 
donde mejor se aprecia el Polo ardiente. 

Arden los esquimales en su hielo 
mientras nosotros nos helamos en Agosto. 
El lapón barbilindo encierra las estufas 

de su aliento que huele a aceite conjelado 
mientras el pingüino de Sevres de las galerías Lafayette 
sacude de sus alas las etiquetas inaccesibles. 

Y he visto muertos muy activos 
que llevaban sus ataúdes entre nieblas 
sonándose en el sudario sin recato 

y a niñas morenitas del color de las aceitunas 
con flojos calcetines a rayas encarnadas 
bajo el paraguas de un escribano mecer sus muñecas. 

Impermeables de China en New York 
y kimonos de New York en China 
vendían yanquis amarillos y chinos rubios. 

He visto tantas cosas terribles y contrarias 
que me duelen los ojos y las manos 
ante la gesta que os estoy contando. 

A una viuda de opereta vienesa 
la vi pintando atroces símbolos en los severos muros 
del Palacio de justicia mientras chupaba caramelos. 

Todos debéis saber que la morsa adulta 
cónsul en Dinamarca ahora se hospeda 
en Metropolitan-Hotel de Copenhague. 

Con estos mismos ojos que os cuentan 
con palabras de Abril largos poemas 
he visto a Marco polo repartiendo prospectos comu- 
nistas con prólogo de Américo Vespucio en tinta china. 

¡Lo que han visto mis ojos por entonces! 
Datos cuenta que yo era un cojo cínico 

que desnudaba damas recitando mis versos. 
Jamás me he divertido de tal suerte 
como el día que enamoraba a Doña Muerte. 

La desnudé con pericia de cardenal romano 
diciéndole al oído que era González-Ruano 
el poeta cubista de esta vertiente pirenaica. 

Cuando oyó mi nombre me dijo: «Te conozco 
espero a que tu éxito sea mondo y lirondo 
para traerte conmigo. Ya ves que se te aprecia». 

Sonaba sus ligas amarillas y negras 
como a un ataúd le hace sonar la tierra. 
Yo la dije a la Muerte: «Querida 

sin tópico te digo que eres lo que más quiero 
en esta torpe Vida». 
«Lo creo mas no rimes», me contestó graciosa. 

Iba a perderme estúpido en argumento falso 
como un mal escritor cuando el Viaducto todo 
se desplomó en mis ojos. 

Ahora lo que pasa pasa por estos ojos 
y os podré contar estupendas historias. 
La Reina viuda como un solo pendiente 

en las azoteas de París riega la cintura de un poeta 
con el río moreno de su brazo sin cauce. 
Yo lo he visto cuando las estrellas venían dando voces. 

Por volar a la diestra del Señor un ángel de cemento 
se desprendió del muro y fue volando al cielo. 
En nada asombró a los obispos de talla 

que celebraban misa en la sillería anteayer subastada. 
Medio muerto sin voz y sin corbata 
he visto degollada la cuchilla por el cuello del reo 

y he visto cómo San Juan Bautista 
bailaba el fox con la cabeza de Salomé a cuestas 
guiñando un ojo al Tetrarca. 

Aplaudía conmovida la Tierra tocando los platillos 
de los Polos mientras el mundo plegado era un acordeón 
Alemania después de la guerra daba el tono menor. 

Gime el viaducto como un violín en mis ojos perdidos 
cuando Dios sopla con el carrillo izquierdo 
democracias sociales con trajes de mecánico. 

Hombres blancos negros rojos y amarillos. 
Hombres multicolores pasan presurosos 
los hay del color de las turquesas y los hay 

a grandes rayas verdes sobre fondo encarnado. 
Llegan los viandantes continentales perdidos 
y los alegres continentes que no existieron nunca. 

El Bautista baila siempre y cae al fondo del mar 
sacando el corazón de Salomé que es color de plata. 
El vientre del Tetrarca se llena de pasquines cubistas. 

Algo estupendo pasa. Carlo Magno nos dice 
que César tuvo un novio negro y gigante 
que conoció en las Galias y ahora está en la Legión. 

Yo me froto las narices con las truchas del mar Rojo 
que venden las Pescaderías Coruñesas a bajo precio. 
¡Atención! ¡Atención! El Sol cita a la Luna 

en el antepalco de un cinema. 
El amor no respeta ni al Cosmos. 
Cruza rápido un hombre con América a cuestas. 

El caballo de bronce de la plazuela 
dio una coz al barquillero que enterraron los niños 
comían el crepúsculo las criadas echando canela al 

muerto. No se sabe cuándo dejarán su fiesta 
pero le duelen las manos al que canta 
tanto como la voz al que toca el piano. 

Ruiseñores colgados de la tarde 
querían escribir un texto de armonía 
para las ranas jóvenes que sueñan tener alas. 

Me enternece mirar cómo las niñas del cementerio 
mecen a las tumbas en sus bracitos de lana roja 
mientras los cipreses les limpian el moco con ternura. 

La mujer que sube en los ascensores pintándose los 
labios dejará el carmín por la escalera 
al saber que salí hace un minuto. 

Parió un caracol la gata mientras cacareaba. 
Y las balas de máuser ponen camisas rojas 
en los soldados que luchan cantando alegremente al 

morir. He visto calles como piernas 
poniéndose las medias tendidas en el balcón 
donde cosía una camisa la esterera rubia. 

-122-

Una mano gris vuela el invierno tímido 
que pone catedrales blancas en los caminos. 
Así el carro llegó lógicamente hasta el altar de San An- 
tonio. Las estatuas del jardín comían los racimos 
de granizo cuando me subía en aeroplano y la rana im- 
púber me pidió subir para ver los charcos de arriba 

cansada de vivir en los cielos de abajo. 
El destroyer persiguió a una sirena 
y la violó junto a las rocas siguiendo su camino. 

En el circo la hermana San Sulpicio 
subía en el camello amaestrado 
que dirigía un tonto comiéndose los guantes. 

Yo sé que la Gioconda lloraba amargamente 
en cuanto levantaba el pintor la pose de la sonrisa 
y el modelo del Cristo se ponía las botas lavándose las 

llagas. Como no puedo viajar a donde quiero 
y cuando pueda no querré me paso el día 
viajando dulcemente por la guía. 

Compañía de exportación e importación de sueños. 
Bajo el cielo del Trópico refresca el corazón 
la cordial naranjada de la puerta del Sol. 

En el camarote contaremos las etiquetas de los equipajes 
y con las nuevas canas se calcula el gasto. 
Inútil buscar en la química alemana de post-guerra 

el quitamanchas para las aventuras inconfesables. 
Por si esto fuera poco olvidamos el Partenón 
mirando atentamente la punta del zapato de charol. 

Dos tres cuatro o cinco años a lo más 
dice el médico examinando el Debe y el Haber 
de nuestro corazón alfilerado por bocas insaciables. 

Sin embargo necesito vivir yo por mi parte 
para jugar al ajedrez mi amor inmenso 
sobre tu abrigo blanco y negro. 

La prudencia como una perra muerta 
queda al paso del tren en dos partida. 
Para dos o tres años tiene cuerda mi vida. 

El plomo de las nubes derretido aplaude en los cristales. 
Mujeres con collares de churros bien dorados 
se levantan la falda en el Tobogán de mi memoria. 

He de coger la nube más blanca de mañana 
para decir adiós desde el puerto huérfano 
al batallón que salió hace tres días. 

Una ciudad cualquier de la guía 
se me ha roto en el pecho dulcemente. 
Coged amigos esta congoja insólita. 

Cervantes es ese cicerone tuerto con dos brazos 
que en Esquivias nos enseña su casa 
para ahorrar y adquirir una motocicleta. 

En el sleeping las bombillas francesas 
cantan coplas de Mérimée tañendo el filamento. 
En Medina del Campo podéis tomar una cerveza tibia. 

La de todos los años se desmayará este Carnaval 
vestida de Pierrot con percalina. 
Desabrochadla dulcemente con la cartera. 

Yo hice lo del otro en el séptimo día 
pero no pienso decirlo en una antología. 
Buscar el eco de mi voz en la tormenta hijos míos. 

El capitán fumaba en su pipa la rosa de los vientos 
mientras el niño llorón de los naufragios hablaba con 
el loro y la madre reía en el fondo del mar. 

Crispa sus puños el alto Ande de melena cana 
y el Pirineo trae este invierno contrabando de algodón 
que deja caer sobre la Navarra insomne. 

Cuando termine mi carrera de Derecho 
pienso denunciar a las chimeneas que falsifican nubes 
defendiendo el pleito con la toga de la bruma. 

Vinieron los trenes-ambulancias de heridos 
con palomas metidas a enfermeras 
de heroicos loros de pechuga ensangrentada. 

Para conservar un gran amor tened presente 
que no conviene quererse demasiado. 
Por eso tú y yo reñimos gata mía 

en los tranvías del Oeste y en los cinemas 
donde dejo la melena sobre tus ojos 
para que la recortes con tus largas pestañas. 

La comisión de pinos de la Moncloa 
protesta de que orinen en sus faldas. 
Déjame beber cerveza alemana hasta morir de gusto. 

Muñoz tú aunque no entiendes mis poemas 
descerrajas los ataúdes hábilmente y me dejas 
beber crepúsculos en las calaveras. 

El arquero forzaba el nervio curvo 
ahora mejor que nunca cable tendido 
clavándose en el pecho de los puntos cardinales. 

La rotativa se llenaba de pájaros-proclamas 
de la aurora cubista donde cantan los patos. 
La vaca superpuesta en la imagen jocunda 

cuelga de la rama amarilla en un plano anterior. 
Nuestra Señora se deshace en la copa de vermú 
y el incienso se come con almejas. 

Cuando volvía el marinero muerto 
enterraban la barca y arrojaban al náufrago 
al mar que le cocía en su hirviente puchero. 

Los submarinos seguían destripando buques 
mientras el Káiser desterrado ponía el estrambote 
de su puño crispado al soneto del tratado de paz. 

El ama de cría que llega de Asturias 
nota cómo la ordeña el edificio de la Inclusa 
y pide su sueldo a los aristócratas. 

Pío X aplicó una cruz a su palabra 
que fue volando con tan vertiginosa hélice 
al campo de batalla suplicando la paz. 

Hoy no me ha escrito el editor polaco 
pero en los árboles circunscritos los poemas 
maduran cuando cantan las cigarras. 

Al fin de la carrera el galápago ojeroso 
atropelló al camión asmático partiéndole una pierna. 
Los hemisferios se agrietan zozobrando en camisa. 

Encuaderno las hojas del invierno sin brazos 
blancas de azúcar fría congo espaldas de muestras 
amadas en el tren de la frontera el otro año. 

Lloraba su canción el pobre efebo clavándose las es- 
quinas en las axilas de un bosque depilado 
cuando el adulto enternecido se arrancaba los hígados. 

Pavos solemnes arrastran la Nochebuena 
llenando de turrón los ojos de las viudas 
que nos cogen de la solapa en los tranvías. 

El cura protestante comía queso blando 
viendo mecerse los patos de Debussy 
en la hamaca del violoncelo viudo. 

Mi amigo sacaba de sus baúles puestas de Sol 
sorprendidas en El Cairo y Alejandría 
esperando en el café la obrerita color de lila. 

La escalera de caracol echa la baba del Invierno 
y el viento ciñe las praderas soñadas 
cuando el Otoño cae en el bock de cerveza. 

El corazón hiposo que pedían los negros 
dando voces y arrojando agua sucia por la boca 
late por sí mismo en Belgrado. 

Los ataúdes se llenan de novias 
suicidándose el horizonte en el espejo 
que se ahorca en la estancia del Poeta no nacido. 

La sonrisa embalsama los horizontes 
cuando tu vientre suave dice su curva entera 
y el metropolitano se desnuda de estaciones. 

No lo podían decir mis ojos sordomudos 
pero las torres de la catedral gótica 
cosen a las nubes por la cintura sin confín. 

Ayer me trajeron en camilla de lona 
roto para siempre el impermeable azul 
que me compró Ferrer en Barcelona. 

Se cuelga tu palabra morena y verde 
del arco iris bajo el que pasa el tren militar. 
No temas con la misma corbata volveré de la guerra. 

No entendieron mi poema pero siglos desnudos 
se bañan en la Obra llamándome Poeta 
viniendo de puntillas por no turbar mi sueño. 

Cuando ardía el crepúsculo en la sortija 
el viento a mis pies tendido en un rumor 
de yerba se hizo como un cordero. 

Avanza el verano sobre la escarcha patinando 
con un Agosto pueril e insospechado entre los brazos 
que mecen la revolución rusa azul-naranja. 

El proyecto de ley propone con voz clara 
que la Primavera sea en Enero para favorecer 
a los agrícolas andaluces que esperan la cosecha. 

Arrastra al temporal cantábrico el pulpo joven 
que tira con sus patas neumáticas del fleco de las olas 
deshaciendo la cama de los Tritones perezosos. 

Al salir del teatro la niña se subía 
en las chimeneas del Hotel cosmopolita 
llenándose de humo la garganta y los pantaloncitos 

blancos. En el té de las cinco servirán esta tarde 
sonrisas de tanguista pedigüeña 
con mermelada y sangre de Teniente cojo. 

Las barbas del abuelo de la Marcha triunfal 
el nieto sin remilgos las cortaba riendo 
para llenar con ellas el colchón de la boda. 

Desconsolado muere el héroe sin haber podido 
coser el roto que la cruz le hizo en el corazón 
que sale entre sus uñas bien pulidas. 

La taberna de Londres cargada de marinos 
vomita sobre el Sena una baraja 
y arde en la chimenea la nariz del banquero. 

Nadie entendió ayer por la mañana 
el anuncio de guerra pirenaica 
que en la bolera el versolari canta. 

El gallo blanco y filatélico incendia vengativo 
la aldea castellana que arde y chilla 
con el cacarear de estrellas en el Alba. 

La alemana pianista limpió los dientes al piano 
con el estropajo de sus dedos que mojaba en cerveza 
mientras todos leíamos el diario y el menú. 

El batallón que cruza la ciudad dormida 
se vistió con las colgaduras dejando en los balcones 
nubes blancas rojas y azules que gritan Viva Francia. 

Cuando el japonés llegó a Inglaterra lloraba horrible- 
mente viendo que sin sol no haría sus juguetes preciosos 
que hacen dar saltos de colores a los niños. 

Se metió las casas en los bolsillos el cacique 
dejando la comarca en el campo picudo 
que se clava en el pecho de los mozos. 

La cabeza del apuntador en la concha del Coliseo 
resultó una perla que la actriz inglesa 
se montó al aire en un aro de suspiros. 

El Hospital dando ventana con ventana 
tiritando y borracho de cloroformo 
cayó en la esquina como un mendigo de ladrillo. 

Dejó a los árboles pelones la muda de la pluma 
cuando el otoño hizo caer la hoja de las aves 
que corrían piando por la estepa helada. 

Dejaban entre el barro los chapines 
huyendo del incendio de unos ojos 
que quemaron sus cuerpos deseados. 

Mañana cantará la cabeza cortada. 
Atiende y préstame los ojos tranquilos 
mientras el mono bebe su caldo. 

Calamar vierte tu estilográfica 
sobre el poema que no debe entender el tonto. 
Los ventiladores elevan el café en nubes de palabras. 

Pasan los vinos que emborrachan sin beberlos 
y los poetas cantan desde sus árboles 
arrojando la lira a los cerdos hambrientos. 

Voces de todos tiempos a veces me llegaban... 
Aquí el Viaducto sin fin vuelve a pasar entero 
nuevamente por mí y yo por él 

y él por todo y todo por nosotros. 
¡Hasta nunca y siempre objetos! 
Hélas! 

VIADUCTO

Sobre quién era aquel que dijo...

Alguien cuando pase el tiempo 
y encuentre mi calavera, 
el tiro que no me he dado 
buscará en la sien entera. 

Y en las cuencas de mis ojos 
querrá adivinar tal vez 
lo que vi... cuando veía 
y que yo nunca miré. 

A ese piadoso erudito 
que busque el paso borrado 
-¡un débil paso terreno!- 
de la vida de un cansado 
de sí mismo, quiero dar 
esta confesión tardía 
resuelta en un epitafio 
pues que puedo todavía: 

Vino, venció. Fue vencido 
en lo que quiso vencer. 
Escribió, y en el tintero 
dejó lo que quiso hacer 
por hacer lo que quisieron. 
Y se fue. 

AÚN

Noche marrueca

No te contesto porque no sé si he regresado.
Carta del Marqués de Cagigal 

Fue o no fue 
y eso no se sabrá nunca. 

Pasó o se quiso que pasara 
y eso no se sabrá nunca. 

Lo oían 
lo miraban 
lo acompañaban guitarras de otro sitio 
aguas sin dueño lo querían llevar Dios sabe adónde 
los vientos de su sitio lo arrancaban. 

Eso no se sabrá nunca. 

Como yo me iba hiriendo al respirar y no sangraba 
como todo era sorpresa de muerte y de deseo 
como toda tiniebla así brillaba 
eso no se podrá saber. 

Cómo el mar estaba tan tranquilo 
haciendo que no sabía nada 
cómo iba blanqueando alguien las cosas negras 
cómo aquella Luna sabía que era Luna de África 
no se sabrá nunca. 

Que amanecí sin darme cuenta 
que crucé la calle sin pisarla 
que cerré la puerta sin abrirla 
eso no se sabrá. 

Ni que estaban cinco muertos pidiendo limosna 
tocando castañuelas de oro en la escalinata 
ni que eran las cuatro sin que fuera la luna 
no 
eso no se podrá saber. 

Cómo consentían que a esa hora sonase el gramófono 
de donde traían resucitada 
muerta de amor aquella sombra 
a aquel alma desnuda que aún gritaba mi nombre 
eso no se sabrá. 

Por mucho que lo hablen 
eso no se podrá saber. 

Por mucho que lo sepan. 

MISTERIO DE LA POESIA

Andén

(Dalmacia)

Se cargan en vagones teléfonos, balandros, 
mariposas llegadas de las islas de Grecia, 
meses turcos, semanas, 
canciones y camellos; 
obedientes muchachos con ojeras; 
ochenta bailarinas, ochenta; 
amables asesinos, 
campanas de provincia, 
regulares Otoños y Ulises averiados; 
parques que se fracturan con frágiles amores, 
castillos y ruletas, 
y, al fin, sale mi tren. 

Tout est parti, madame. 
¿Para qué consolaros?... 

OTROS POEMAS

Baedeker en inglés

(CASABLANCA)

Lady pulida, rubia y derramada 
por los infames puertos, las pasiones 
desbocadas por ti, que los carbones 
enciendes, llama azul, con la mirada. 




Se te quema el alcohol en la dorada 
maravilla de carne a tropezones 

de alientos negros, manos de ladrones, 

si vestida de lady, desnudada. 

Huellas de la miseria que obediente 
la nieve sucia ya, saliva y brea, 
exalta en el programa convenido, 

muestras rota de noche al impaciente 
nardo con pecas que la luz marea, 
colonial, más que el whisky adormecido. 

(ANGEL EN LLAMAS)


El poeta a su obra



Poesía: ansia de no morir. 
Y honda sospecha 
de que he de morir para que vivas 
sin mi antipática presencia. 

Hija a la que estorba un padre loco, 
lograda ya su plenitud perfecta. 

[Otros poemas]

Compañero de celda

(Dormido en una noche de luna)

Si no de Grecia, de París cansado, 
hijo del acordeón tuberculoso, 
oruga de Montmartre y tenebroso 
Narciso por los puentes bautizado. 

Su corazón por nada preocupado, 
pez inconsciente y nada temeroso, 
latía en la alta mar de aquel hermoso 
pecho que respiraba a mi costado. 

No en monte Larmus sueños pastorea, 
y sí en mi estrecha celda camarada, 
su frente indiferente donde una 

claridad literaria se pasea 
ignorada por él y enamorada, 
nuevo Endimión besado por la Luna. 

[Sonetos de Cherche-Midi, en Poesía]



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