JAMES WELDON JOHNSON


Estados Unidos, 1871-1938


LA CREACIÓN
(SERMÓN NEGRO)

Y Dios salió al espacio,
miró a su alrededor y dijo:
“Estoy solo—
Voy a hacer un mundo.”

Y hasta donde el ojo de Dios podía ver
las tinieblas cubrían todas las cosas,
más negras que cien medias noches
allá abajo en un pantano de cipreses.

Entonces Dios sonrió
y la luz brotó
y las tinieblas se enrollaron por un lado,
y la luz quedó brillando por el otro lado,
y Dios dijo: “Está muy bueno.”

Entonces Dios alargó un brazo y cogió la luz con la mano,
y Dios le dio vueltas a la luz con las dos manos
hasta que hizo el sol,
y puso ese sol lanzando rayos en los cielos.
Y la luz que sobró después de hacer el sol
Dios la amasó en una bola brillante
y la arrojó a las tinieblas,
lentejueleando el cielo con la luna y las estrellas.

Entonces allá abajo
entre las tinieblas y la luz
arrojó el mundo;
y Dios dijo: “Está muy bueno.”

Entonces el propio Dios vino bajando—
Y el sol estaba a su mano derecha,
y la luna estaba a su mano izquierda;
y las estrellas se apiñaban alrededor de su cabeza,
y la tierra estaba debajo de sus pies.

Y Dios caminaba y donde quiera que pisaba
sus pisadas iban hundiendo los valles
y levantando las montañas.

Entonces Él se paró y miró y vio
y la tierra estaba caliente y vacía.

Y Dios caminó hasta el borde de la tierra
y escupió los siete mares;
y parpadeó y relumbró el relámpago;
y palmeó las manos y retumbó el trueno
y las aguas encima de la tierra cayeron,
las refrescantes aguas cayeron.

Entonces la verde hierba brotó,
y las florecitas rojas florecieron,
el pino señaló al cielo con su dedo,
y la ceiba abrió sus brazos,
los lagos se acurrucaron en los huecos de la tierra
y los ríos corrieron hasta el mar;
y Dios sonrió otra vez
y el arcoíris apareció
y se le enrolló en los hombros.

Entonces Dios levantó el brazo y agitó su mano
sobre el mar y sobre la tierra
y dijo: “¡Producid! ¡Producid!”
y antes que Dios bajara la mano,
peces y aves
y bestias y pájaros
nadaron en los ríos y en los mares,
vagaron en las selvas y en los bosques,
y rompieron el aire con sus alas.

Y Dios dijo: “Está muy bueno.”

Entonces Dios caminó alrededor,
y Dios miró alrededor
sobre todo lo que había hecho.
Miró su sol,
y miró su luna,
y miró sus estrellitas;
miró todo su mundo
con todas sus creaturas vivientes
y Dios dijo: “Todavía estoy solo.”

Entonces Dios se sentó
en la falda de un cerro donde podía pensar;
junto a un río ancho, profundo, se sentó;
con su cabeza entre las manos,
Dios pensó y pensó,
hasta que pensó: “¡Me voy a hacer un hombre!

Y del lecho del río
Dios extrajo el barro
y en la orilla del río
Dios se puso de rodillas
y allí el gran Dios Todopoderoso,
el que encendió el sol y lo colgó en el cielo,
el que arrojó las estrellas hasta el último rincón de la
noche,
el que redondeó la tierra en el hueco de sus manos;
este gran Dios,
como una mamá agachada sobre su nene,
se arrodilló en el polvo
sudando sobre una pelota de barro
hasta que la formó a su propia imagen;
entonces le sopló el aliento de la vida,
y el hombre se volvió un alma viviente.

Amén. Amén.

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