MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN



Asunción-Paraguay,1944



AL SUR...


¿Recuerdas la arena? El tiempo era cálido.

Tu cuerpo

blanquísimo buscaba mi cuerpo, Flotaba

una nube. Las
gaviotas negras pasaron de pronto. Mas,
no pude verlas.
Sentí su zumbido, un ruido de alas
perdiéndose lejos...


Miré hacia lo alto. Quise ver la nube.
Quise ver el sol.



Tus ojos oscuros me atraparon, sádicos.
De golpe tiñeron de verde sus luces.
Caminé en silencio hasta las orillas del mar infinito.
Te rocé la piel.



Muriendo las olas besaban mis pasos.
Una golondrina ciega por el sol se clavó en mi pecho.



Y estalló la sangre que empapó la arena con su roja luz.
Llegaste desnuda. Tus pechos se hundían en mi piel exhausta.



Un ceibo, muy cerca, lloraba en silencio.


Y creció la selva sobre tus arenas.
Mientras, recogías naranjas y mangos.



Atrapé tu boca bajo el firmamento, la empapé con uvas,
las de vieja edad.



Dormido tu cuerpo, devoré tu vientre.


Salté hasta la nube. Me estaba esperando.
Fría como el hielo apuntó hacia el norte, al tiempo del sol.



Y desde los cielos pude ver tu cuerpo tendido en la playa,
con tu vientre rojo por mi mordedura, con tu piel muy blanca...



Ahora estoy muy lejos. Te escribo en silencio
desde los abismos, desde las estrellas.



No me esperes nunca, faunesa terrible...


Ya te encontraré cuando vuelva al mar, sediento de perlas.




LIRA DE LA ETERNIDAD


Porque eres la ternura,
terrible oscuridad bajo la nada,
estéril hermosura
por fin ya fecundada
hoy somos otra vez sangre y espada.



Porque eres el presente,
la derramada gota mientras llueve,
la tumba incandescente
que sin querer se mueve,
frutal eternidad de oscura nieve.



Volvamos a la bruma,
al oscuro romance de la vida
y bañada de espuma
princesa atardecida
serás la eternidad amanecida.



Regresarás un día
con el cósmico polvo del vacío
y porque fuiste mía
bajo el débil rocío
florecerá un lapacho junto al río.



Será otra vez el velo
de antigua soledad sobre la tierra.
El corazón del cielo
y un silbido de guerra
estallan de dolor junto a la sierra.



Se nos escapa el vino
mientras el alma oculta su grandeza.
Abierto está el camino
mientras el tiempo reza
la eterna soledad de tu belleza.



Por fin tus labios rojos,
apagada ternura del poniente,
la noche de tus ojos,
la estrella de tu frente
y la futura voz en mi simiente.



CUANDO YA ES COMBRA EL OLVIDO


El tiempo...
Medida de soledad
que es sólo una fantasía.



Segundos de niebla y luz,
minutos de viento y brisa,
siglos de selva perdida.



Mi tiempo,
lejano pétalo gris
que desde el ayer vigila.



La nieve,
constante de eternidad,
el viento sur,
su caricia.



Y el mar,
delirio,
beso y dolor,
deshojada flor de un día.



El viejo fuego
otra vez,
todo el martirio del sol,
la serpiente de los ríos.



Y las arañas de luz
y la explosión del amor
cuando ya es sombra el olvido.


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