MARRA PATRICIA LANOT


Filipinas

CÓMO QUISIERA


Cómo quisiera abrazarte
pero no lo hago, 
cómo quisiera besarte
pero no me atrevo,
cómo quisiera sentir
el fuego de tu
cuerpo desnudo,
pero no puedo
porque eres la musa 
de la poesía,
eres un dueño de mi fantasía 
eres un sueño. 

(de Witch’s Dance, Manila, Anvil, 2000, p. 169)

HAY MUCHAS MANERAS DE RECORDAR

La cara de las revolucionarias de 1898
es solamente una cara de la mujer 
–Tangdang Sora como una madre y enfermera,
Gabriela Silang en su caballo,
Teresa Magbanua en su uniforme – 
una guerrillera furiosa en humo.
Pero había también mujeres de silencio
que día tras día cocinaron, limpiaron,
dieron a luz a infantes,
sufrieron en la noche 
como la lluvia cae en la puesta del sol
invisibles en la historia,
soldados de la vida y no de la muerte.
Las filipinas de hoy
son más o menos
las revolucionarias de ayer. 

ESPAÑA

España, como no te conozco
quiero conocer tus sierras,
tus montañas, tus colinas.
Quiero saber las raíces de los árboles
que rezan en las cumbres.
Quiero conocer el otro país
de nuestros héroes como Rizal y Luna,
la Mamá del pasado,
la Reina de Filipinas
que nunca nos abandonó.
Quiero entender los gritos de alegría
sobre la sangre de los pobrecitos toros.
Quiero oír las canciones de los gitanos,
comprender el fuego del flamenco.
Quiero ver las olas que abrazan las piedras
y escuchar el silencio de las estrellas.
Quiero saber el sello en el escudo
de los siglos después del perdido
de las armadas
Quiero comprender por qué los colonizados
sueñan viajar a tu tierra
a pesar de la espada y de la cruz,
a pesar de todo. 

REZO

¿Y tú también? Nadie te comprende.
Dicen que no entendiste la lucha de tu hijo,
que te quejaste y no le soportaste.
Dicen que no eres virgen
porque es imposible
ser embarazada
y quedar virgen,
que la Asunción es una mentira,
que no existes, no existes, no existes.

Dicen que no tienes derecho
a sentarte al lado de tu Esposo,
que no eres la madre verdadera
de Dios ni de Cristo, 
que hablas sólo para Jesús,
que tu palabra es su palabra,
tu acción es su acción,
tu lugar es el más bajo del trono,
sin poder de salvar a nadie ni a nada,
sin voz propia.

Ah, Virgen, Nuestra Señora,
ayúdanos, por favor,
como ayudas a tu hijo. 
Te pedimos perdón, 
concédenos salvación. 
Como eres mujer,
nadie te conoce
pero, sí, te conocemos,
y como estás
en nuestra mente
y en nuestro corazón,
madre de Dios,
madre de todos 
y de todo el mundo,
mujer de las mujeres,
existes, existes, existes.

http://www.revista.carayanpress.com/mlanot.html

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