MANUEL BERNABÉ



Parañaque, Filipinas 1890 - 1960

BENDITO MI GALLO BLANCO

Gallo blanco. Airón de lidia, 

plumaje tornasolado, 
cuello fino interrogante
de alba asomándose al llano.

Patas recias, patas ágiles 
De mucho andar por el campo. 
No vió ejemplar más soberbio
el corral de Tío Juancho.

Al sol y a la luna un día 
les robó, ladrón, el diablo
sus galas, para que fuera 
luna y sol mi gallo blanco.

¡Ay, que ya en mi jaula duerme!
¡Ay, que ya me está cantando
con el alba, cuando nace,

rival de todos los pájaros!
¡Ay, que ya come el palay, 
en la cuenca de mis manos, 
y son arrullo y caricias 
sus kikirikís y saltos!

--Mozo, ¿por qué le desquicias 
esa cresta sobre el raso 
de su cabeza granate? 
-- ¿No sabe, por Dios, mi amo?

Por que la sangre rubrique 
la frente y vea más claro. 
-- ¿Por qué, le sobas tan duro? 
-- Para ser duro al asalto.

¡Ay, que me bailan los céntimos 
que me ha dado mi trabajo! 
Y pues la fiesta se viene, 
es menester duplicarlos.

Bueno fuera que la vida 
se fiase a piernas y brazos. 
¡A la gallera, el domingo, 
bendito mi gallo blanco!

LA MUERTE DE DON QUIJOTE

¿Qué tienes, buen Quijano? ¿Por qué lloras? 
¿Por qué, a lomos del bravo Rocinante, 
miras la eterna sucesión de auroras 
en el Levante?

Amparo de doncellas, flor de sabios, 
vencedor sin igual en las batallas, 
desfacedor de cuita y agravios, 
di, ¿por qué callas?

¿No soñaste en princesas y dragones, 
molinos y cabreros no venciste? 
Tú no calzaste espuelas de ilusiones?
¿Por qué estás triste?

Si el mundo es tuyo en tus cien mil locuras 
y al blanco Clavileño, lo has atado, 
¿por qué en la hora de morir, abjuras 
de tu pasado?

Di la razón vital de tu enmienda, 
el mal que causan tus extrañas trotes; 
y el mundo, el mundo sin razón que aprenda 
de los quijotes.

...Y el buen Quijano, dando una voz muy fuerte, 
Con Sancho y con el cura entre su vera, 
me respondió, a dos dedos de la muerte
 de esta manera:

--¡Loado sea Dios, que no me pierde 
en la red de mis tristes aventuras: 
si viví loco, he de morirme cuerdo. 
¡Adiós, locuras!

Adiós, ventas, molinos de los vientos, 
la del Toboso, pertinaz simpleza 
que de humo relleno los aposentos 
de mi cabeza!

La ilusión es la luz que apenas arde
y que presto se disipa, en nuestro daño: 
¿Por qué, Dios mío, me mandasteis tarde
el desengaño?

Pues tengo de morir, a Sancho Panza, 
espejo de los fieles escuderos, 
que en mis hambres y sed me dio pitanza 
doy mis dineros.

Salte a los vientos rota mi quimera, 
y, pues, del mundo aún el futuro es ancho, 
¡muera el Quijote, el desatino muera!, 
y ¡viva Sancho!

Sancho es el porvenir, bien que nos llama, 
Quijote es la ilusión que el alma hiere; 
es mariposa que, al tocar la llama, 
se ahoga y se muere.

No se puede vivir cazando estrellas, 
porque el vivir de antaño y el de hogaño, 
está tejido con las cosas bellas 
del desengaño.

Que yo a los hombres escarmiento sea: 
como la tierra mis funestos brotes; 
y se acabe de un soplo la ralea 
de los quijotes...

Esto diciendo, se aquietó un minuto, 
y luego fue doblando la cabeza: 
moría flaco, inane, triste, enjuto, 

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