FERNANDO MARÍA GUERRERO


Manila-Filipinas, 1873- 1929

EL VIOLÍN SILENTE


En parda funda, sobre el rojo marco
que orla el cristal de un deslucido espejo,
hay un violín sin cuerdas,
un violín cuyo arco,
por ser, en su abandono, casi viejo,
ya ha perdido sus equinas cerdas.
Ya quien había de tocarle ha muerto;
la futura canción se hizo pasada
por voluntad del Sino
Las manos de mi Alberto,
al llamar a las puertas de la Nada,
¡han dejado el violín en mi camino!...
Y allí está, polvoriento y silencioso,
como triste reliquia de un naufragio
en la flor de la vida.
Parece, en su reposo,
traerme el alma el único presagio
consolador: mi próxima partida!


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