ALBERTO ANGEL MONTOYA

Bogotá-Colombia, 1902- 1970

EL BESO


Un pebetero erótica fragancia

de ámbar y nardo en el salón deslíe,
al par que en bronce un sátiro sonríe
impregnando de mal toda la estancia.
Verde malva es el traje, y tu elegancia,
porque a su encanto mi pasión confíe,
mientras las copas un efebo escancia,
perversamente en el diván se engríe.
Súbito el vino tu fervor desmaya
en un rictus de amor. Mi mano ensaya
buscar el seno repulido y breve.
Y cuando tú revives de la ignota
languidez pasional, mancha una gota
de sangre tibia tu mentón de nieve

PASIÓN TARDÍA

Toma la copa y bebe, que mañana
no habrá vino en tu copa ni en la mía.
Inútilmente prolongué mi fría
indiferencia mentirosa y vana.

Rompe la copa y ríe... Que si un día
te hizo llorar mi juventud liviana,
en el fervor de mi pasión tardía
te llamo mía, y te apellido hermana.

Que importa si en ruidosas bacanales
o en los brazos de todas las rivales
burlé tu lloro y angustié tus días,

si hoy al final de haber reído tanto
preso en la red que me tendió tu llanto
vengo a llorar para que tú sonrías.

RENUNCIAMIENTO

No sabes tú, doncella que a mi dolor te ofreces,
que mi alma está cercada de horóscopos fatales?
¿No sabes que en mi copa sólo quedan las heces
sacrílegas e impuras del vino de los males?

Si ante la sola angustia de un beso te estremeces,
cómo acoger podría tus dones virginales
aquél que a las virtudes prefirió tantas veces
el goce de los siete pecados capitales?

Huye de mi deseo. La divina serpiente
no cabe entre la curva de tu seno incipiente.
Yo que soy un fantasma de lo que fui, no puedo

contagiarte de sombra. No quiero que en tus ojos
brille una sola lágrima. Huye de los despojos
de un corazón en ruinas por donde vaga el miedo.

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