JEAN DE LA FONTAINE


Château-Thierry, Aisne-Francia, 1621 - París, 1695

EL LOBO Y EL CORDERO


Que la razón que triunfa es del potente
en esta historia quedará patente.
Bebía un corderito
en las límpidas aguas de una fuente,
cuando se hace presente
un lobo que corría aquel distrito.
-¿Cómo osas enturbiarme la corriente?
-gruñe el lobo, furente-.
No ha de quedar inulto tu delito.
-Ruego a su señoría no se altere;
antes bien considere
que bebo en el regajo
más de cuarenta pasos por debajo,
y, así, es cosa clara
no poder ser que yo se la enturbiara.
-Tú me la enturbias –díjole el mal bicho-.
Y, además, se me ha dicho
que las pasadas yerbas
diciendo ibas de mí cosas acerbas.
-¿Cómo puedo haber sido
si yo aún no había nacido?
Yo mamo aún –dijo el corderito.
-Si tú no fuiste, las diría tu hermano.
-Aún no tiene mi madre otro hijo
-repuso el inocente al tirano.
-Pues alguno será de tus parientes.
Vosotros, los pastores y los perros
nunca cesáis de cometerme yerros.
Tomaré la venganza con mis dientes.
Al punto al bosque se lo lleva preso,
y allí lo traga, sin mediar proceso.

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