GÉRARD LEGRAND



París-Francia, 1927 -1999 

Los pensamientos estelares se deslizan por el río
En el más completo abandono
Uno con cabeza de mujer entre las manos de un hombre
Otro con las manos de un hombre a lo largo de muslos de mujer
El aquietarse nevado del aleteo de un búho
Se incorpora al temblor de las faldas oscuras que se escurren por las ondas de las piedras
El caramillo de los senderos desarrolla su cinta alternada de granza y de luna
Como los nombres de antiquísimos distritos
Los blancos manteles los niños rojos
Donde las damas de yeso que sonríen en la penumbra
Llevan en el cuello un corazón de madera patinada
Más pesado que si hubiera estado latiendo por siglos
Al unísono con el mar

El rumor de las cañas se volverá un día más persistente que nunca
Nunca retendrá la vida en un guante de silencio
Y la fuga del agua que mide el beso de una golondrina
No tendrá más soles que tus ojos
Pero qué quedará de tus ojos
Llena de lágrima llena de gracia
Quedará mi vida sumergida para siempre
Entre el manto de pirata de las selvas
Que tanto quisimos
Y la solemnidad de las arenas donde el rayo
No es sino su reflejo de nácar en mi cerebro
Cómo no tomaré de la mano sino la sombra más clara
Siempre aquella única que vendrá

En esta estación en que las libélulas van en parejas como saetas de luz
Una es el relámpago (toda una vida) de la razón
Finalmente ocupada en los verdaderos problemas
La otra su contrapeso totalmente rubio el amor
Desembocaré en la playa esencial
Conoceré el espacio cedido por el viento al esplendor de las anémonas
Que envuelve mi corazón
Como espuma que rodea los despojos muy lejos en el mar
Un río con el que sueño
Los pensamientos estelares flotan en ese río
Entre mil jaulas de hierba en las que el fuego canta y gira sobre sí mismo
De arena color de humo
A arena color de medias de mujer a arena color de carne
Mi sombra poseerá en conjunto una eternidad roja como el topo de la tempestad
La eternidad
Y esta brisa entre los sauces color de víbora y de espera
Donde la cólera de mis sienes descubrió su nombre

De Des pierres de mouvance

HOSANNAH


Dentro de seiscientos mil años
El venablo como una fiera el caduceo deslumbrado
Por el torbellino de las dos serpientes satinadas que surgen de la caverna de espuma de una enagua con volados
No habrá reconocido la tumba materna
Ni encontrado al Dios que no existe

Dentro de seiscientos mil años cuando esta carne
Que es la mía y que desposa la tuya en este instante
Sólo sea un poco de arena en una playa desierta
Y cuando la playa sólo sea un leve hundimiento
En el Océano confuso de un planeta sin luz
Y cuando el planeta se disperse al soplo de un cometa nunca calculado
Para renacer tal vez
En átomos de un cielo que ya no tendrá nombre

Hosannah por este desastre que no puedo pensar,
Hosannah por esta estrella azul como un cráneo
Por los témpanos y los basaltos que se hundirán
Y por la playa donde ese poco de arena habrá rodado
Hosannah de antemano por esta arena
Que cambia nuestros dos cuerpos por su peso en oro

En el solo reloj de arena de sol desesperación
Hossannah
Por este enceguecedor minuto que ya se devora
Hosannah por la página que está desmoronándose en donde nuestros nombres forman sólo arabescos
Mi amor por tu carne y la nuestra
Hosannah en seiscientos mil años
Nada quedará de esta gloria y de ninguna otra

(Versión: Susana Murguía)

Traducción: Alianza Francesa.
Los arcanos mayores de la poesía surrealista. Buenos Aires. Alianza Francesa, Editorial Argonauta. 1992. Págs. 69-71.
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