ANDRÉ FRENAUD



Montceau-les-Mines , Francia, 1907-París, 1993




AQUEL RESPLANDOR


Aquel resplandor no anunciaba la luz.
Lo sabía, y siempre es nada.
El fulgor de una vieja mirada perdida
Impedirá que el mundo brille.

Ligeramente azorada, de sonrisa clara, desierta.
De las virtudes, me avergüenzo.
Si soy buena, es por diversión.
Árida, impenetrable.

Para reunir pequeñas esperanzas,
Hacerme un nido que no fuera frío,
Que parezca un bien, o como.

Partir a la aventura y perseguida.
A recorrer al azar el vacío,
Me agradará de tanto en tanto una sonrisa.

Sin despojarme del desastre el milagro
De un rostro entre los árboles, desgarrador.

Llamas vivas para mi muertas,
Todas iguales, yo muerta.

Más que a usted que quiere colmarme,
Me refiero al desierto inagotable.

PRESENCIA REAL

Excepto tu mirada donde odio mi encuentro,
Excepto tus manos vacías donde quedó mi frente,
Excepto tu espera acosando mi desierto,
Excepto nuestras noches, nuestros soles de igual aburrimiento,
Excepto tu garganta, excepto tu risa,
Excepto tú, excepto yo,
Te encontré, confío, eres mía.

NO HAY TAL PARAÍSO

A Dylan Thomas


No puedo oír la música del ser.
No me fue dado el don de imaginarla.
Mi amor se alimenta de un no-amor.
Solo avanzo atizado por su rechazo.
Me conduce a grandes brazos de nada.
Su silencio me separa de mi vida.

Ser serenamente ardiente que yo asedio.
Cuando al fin voy a alcanzarla con los ojos,
Su llama ya ha perforado los míos, me ha hecho cenizas.
Qué importa luego, el murmuro miserable del poema.
Es la nada eso, no el paraíso.

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